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Cuatro minutos de felicidad

Hay artistas que crean música y gente que hace ruido.
Yo no soy crítico musical, ni crítico profesional de ningún palo artístico. Una cosa es tener espíritu crítico y otra muy diferente, vivir de criticar lo que hacen otros. Supongo que los críticos son esos entendidos que comprenden una obra, mejor incluso, que su propio autor…
A mí me pasa lo que a ustedes, cuando escucho música, o me gusta o no me gusta.
Será por eso que cuentan en mi familia, que cuando me puse a berrear en la pila bautismal, mi padrino, el cantaor Juan Jiménez “Macareno” me cantó bajito una soleá y yo, me la tomé como una nana y me dejé bautizar.
Ese fue mi primer y temprano encuentro con la música y desde entonces hasta hoy, he tenido el privilegio de conocer a grandes músicos. Algunos de ellos, como Pascual Saura, que fue bajista de M-Clan o el gran Hilario Camacho, hace tiempo que se marcharon a hacer bolos a esa sala donde van los que han pasado por esta vida con las manos limpias y el corazón generoso.
Hoy les hablaré de la música que me gusta. Mal escrito. Lo intentaré de nuevo.
Hoy les hablaré de dos artistas que hacen música de la que a mí me gusta.
Vicky Larraz y Carlos Vaso (Azul y Negro).
Pero saltándome esa caballerosidad mítica y anacrónica por la que se me conoce, empezaré hablando de él para terminar hablando de ella.
Les voy a chivar un secreto. No lo puedo demostrar, pero estoy convencido de que Carlos Vaso es marciano. Es inexplicable que un músico lleve tantos años en los escenarios, valga la paradoja, sin dar la nota. Es decir, sin caer en las actuaciones repetitivas, sin descuidar la calidad de las interpretaciones (es uno de los mejores guitarristas que tenemos en España) y sobre todo, sin perderle el pulso a la calle. Un tipo que canta lo que la gente vive, siempre mantiene vigente su música. Este capo del rock progresivo ha lanzado hace unos meses un álbum en inglés, Crystalline World, menos popero y comercial, que tiene todas las trazas de convertirse en un disco de culto. Insisto, oído a las guitarras sobre todo en el corte de Prophecies. Por su calidad, es difícil entresacar un tema de las ocho pistas, pero destacaría Spanish Revolution, donde Carlos se pega al terreno que pisamos en nuestros días y se posiciona valiente ya en las primeras líneas…

No job. No home. No days. No way.
With faith. With hope. With love. With sit-ins
.

(Sin trabajo. Sin hogar. Sin días. Sin rumbo.
Con fe. Con esperanza. Con amor. Con sentadas)

Un trabajo acústico honesto y solvente el de Carlos Vaso. Bravo por él.
Y mi enhorabuena a Carlos López y a su hermana Nuria, que junto a un fenomenal equipo técnico y artístico (imposible citarlos a todos aquí) han sabido capturar en el video musical de este tema, el espíritu de la letra. Habrá que seguir de cerca los futuros trabajos de los hermanos López. Prometen calidad.

Para hablarles de Vicky Larraz no voy a caer en el recurso fácil de sintetizarles la trayectoria de esta artista que no se deja descifrar. Pero si la puedo definir con una palabra: clase.
Su último trabajo Earthquake transmite buenas sensaciones. Es un chute de energía positiva y una invitación a la vida con uve mayúscula.
Imposible escuchar este tema una sola vez. Es una canción hipnótica y llena de matices en su video musical, donde Vicky canta en algunos planos y en el resto de los fotogramas, se deja llevar por la cámara como una figurante más.
Eso solo lo hacen las grandes.
Las que no necesitan escenificar coreografías calcadas de otras divas, porque les sobra garganta y estilo como por ejemplo, para cantar como lo hace ella en este disco, en un inglés sencillamente académico.
Vicky Larraz siempre ha cuidado sus trabajos de una manera exigente, y por eso, con la producción de Alex G (Kelly Clarkson, etc) mezclado por Ken Lewis (Bryan Adams, Usher, Kanye West) y la co-producción de Mario de Arce (Santana, Mary J, Jennifer López) ha brindado con Earthquake una canción irresistible para los más bailones. Y aprecio un detalle muy importante en este vinilo que les revelaré dos renglones más abajo.
Verán, yo, cuando escribo, solo me pongo una condición y me digo: Montanaro, que lo que escribas hoy, lo puedas leer dentro de veinte años sin que te avergüences de ello.
Eso, es lo que ha conseguido Vicky en esta ocasión, interpretar una canción que se podrá bailar con el mismo entusiasmo dentro de dos décadas en cualquier pista de baile. Ha conseguido lo más difícil. Sacarnos a bailar a los de hoy y sacar a bailar a los de mañana.
No quiero despedir esta columna sin mandarle a Vicky un fuerte abrazo. Hace pocos días, nos dejó Juan Tarodo, el insustituible batera de Olé Olé y que para ella fue, es y será, su amigo del alma.
Me consta que Vicky lo está pasando mal por esta pérdida, pero también sé, que como buena profesional, cuando salga estos días al escenario, se sorberá las lágrimas y ocultará su dolor para regalarnos cuatro minutos de felicidad, que es lo que suele durar una canción.

 

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