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Misterios de la Conspiración en la Niebla

A finales de este mes hará dos años que publiqué mi tercera novela, Conspiración en la niebla. Recuerdo con especial satisfacción el día que llegó la caja con los primeros ejemplares a mi casa; fue un momento realmente especial. Me pasó lo mismo con las dos primeras novelas. Pero con ésta el camino había sido mucho más tortuoso. Y como suele suceder con las cosas cuando cuesta conseguirlas, después la satisfacción es mucho mayor.

No importa que hayan pasado dos años; nosotros, lo escritores eternamente noveles, o proscritos, o si lo preferís, malditos, no nos movemos al ritmo de los best sellers, ni siquiera al de los sellers normales. Nosotros, los malditos, vamos a nuestro ritmo, que es vender poco a poco, ir dándonos a conocer, sin prisas, sin campañas, sin locuras. ¿Aspirar a más? Siempre, pero nunca perder la ilusión de lo que se ha conseguido, que aunque es poco, siempre es mucho más de lo que nunca imaginé. Sensaciones y momentos increíbles durante estos seis años que se quedarán para siempre en mi memoria; escribir en las noches de verano mientras apuro un albariño, publicar mi primera novela – ¡tres novelas ya!-, presentarlas ante mis amigos y familiares, conocer a tanta buena gente en las redes sociales, presentaciones o ferias, colarme cada noche en los dormitorios de desconocidas y sonsacarles una sonrisa o un suspiro de melancolía…

¿Cuál es el sentido de escribir? ¿Es éste? ¿Escribir lo que quiero, como quiero, estar satisfecho con mi trabajo, disfrutar de tantos buenos momentos? ¿O es vender cien mil malos libros ajenos a mí, ser conocido, amado, envidiado? La fama, el dinero, el reconocimiento, no es nada si no lo mereces. Incluso mereciéndolo a mí me resultaría algo incómodo de soportar. Además, tenemos una ventaja, y es que nuestros libros siempre son novedades. No se “gastan”. Por lo tanto la campaña de promoción puede durar mucho más, y no necesitamos escribir tanto para saciar nuestro ego o llenar nuestros bolsillos.

Porque nosotros, los malditos, no tenemos ego.

Para los que no la conozcáis todavía, Conspiración en la niebla es una novela negra ambientada en Madrid y en el país Vasco Francés. La componen dos historias que transcurren paralelas alternándose en los capítulos impares y pares. La primera parte sucede en Madrid, más o menos cien años después de la guerra civil, y cuenta la historia de una conspiración para derrocar al gobierno. La segunda historia, que transcurre en los capítulos pares, arranca con una chica que huye de la ciudad para refugiarse en los montes del país vasco francés. Esa chica se llama Gernika.

La alternancia de estas dos historias es el juego principal de la novela. Os encontraréis en el primer capítulo, y en el resto de capítulos impares, una historia intensa, con personajes duros que viven en la clandestinidad, que luchan por sobrevivir entre las ruinas de una ciudad gris invadida por la niebla, y que deciden rebelarse contra un gobierno dictatorial e injusto. En los capítulos pares os encontraréis con una historia completamente distinta. Mucho más tranquila, donde pasan menos cosas y hay menos personajes, aunque lógicamente estas dos historias tienen un nexo en común. Eso es lo que tendréis que averiguar vosotros.

La novela tardó tres años en ver la luz. Tres años intensos, sobre todo los dos primeros, en los que tuve la suerte de poder dedicar todo mi tiempo a escribir. Es por tanto el reflejo de una época que ya no volverá. Vendrán otras, mejores o peores, y seguramente me decida a escribir otra novela, o a seguir con los relatos, o quién sabe si me dedicaré a la poesía. Sea lo que sea, será otro Miguel el que lo escriba, muy distinto del que escribió La danza de los malditos y Mi vecina quiere presentarme a su gato. Ese es el gran regalo de escribir. Poder entregar lo que eres durante dos, tres años de tu vida a personajes increíbles, para que vivan aventuras increíbles. Que son imaginarias, sí, pero no para ellos, porque hago que sientan lo mismo que he podido sentir yo en un momento determinado; los mismos miedos, las mismas preocupaciones, las mismas alegrías, las mismas decepciones. Por eso cuando acabo un libro cierro también en cierta manera una página de mi vida, que nunca se volverá a abrir. Nunca habrá segundas partes de ninguno de mis libros. Mis personajes no mueren… permanecen ahí para siempre; y aparecen otros, con otras preocupaciones, con otras alegrías… otros amores, con otros miedos.

Os animo a leerla, amigas y amigos.

Ah, y bienvenidos de nuevo a mi blog, lo tenía un poco olvidado ultimamente. La paternidad es una aventura apasionante, pero hasta el momento ha sido incompatible con escribir, y casi con cualquier otra actividad. Ahora, dieciséis meses después (los padres, ya sabéis, contamos así, en meses), mientras Antía se esfuerza en decir sus primeras palabras, o pinta el suelo de la terraza con tizas de colores, o desparrama uno a uno los libros que están a su alcance buscándome sin éxito en las solapas, mientras sonríe, llora, canta o me abraza; mientras el señor Cangrejo y Patricio y Masha y el Oso se adueñan del espacio sagrado que antes ocupaban Wenders, Coixet, Wilder o Eastwood; mientras, en definitiva, la Vida surge delante de mis narices de una manera aplastante, increíble y apasionante, al tiempo que la mía se vuelve intrascendente en pos de ese maravilloso Ser, parece que por fin vuelven las musas. Ignoro lo que querrán decirme esta vez. Ojalá me traigan buenas historias, diálogos fulgurantes, paisajes apocalípticos, personajes oscuros -pero al mismo tiempo luminosos-, ojalá vuelva ese Madrid, cada vez más imaginario, cada vez más lejano, cada vez menos Madrid.

Menos mal que me lo puedo inventar siempre que quiera.

 

 

 

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