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Billie Holiday sonríe descarada

Y nos mira desde allá arriba, desafiante, como mira también a los que todas las noches acuden a ese rincón perdido, entre las nubes más oscuras del universo, a oírla cantar. Amy, Jannis, Michael, Kurt, Charly, Frank, Lester o Louis casi siempre están entre el público. También Él. A veces incluso le dedica una canción. Como por ejemplo esta noche. Mal Waldron teclea con lentitud las notas más agudas, y consigue que el sonido del piano sea mucho más que una excusa para sostener su voz.

 
Ella los mira una vez más, y sonríe con tristeza. Sabe que en el escenario, antes de convertirse en eterna, no había nadie que la igualara. Tendrían que pasar unos cuantos años para que Nina hiciera olvidar -y tan sólo un poco- a aquella mujer única, a ese timbre de voz inigualable, capaz de expresar, en cada nota, en cada suspiro, el dolor acumulado desde el primero hasta el último de sus días.
Entonces, empieza a cantar.

Southern trees bear strange fruit,
Blood on the leaves and blood at the root,
Black bodies swinging in the southern breeze,
Strange fruit hanging from the poplar trees.

Se para un momento, y le busca con la mirada, muy seria. Casi todas las noches se acerca para oirle cantar Strange Fruit, disimuladamente, intentando pasar desapercibido entre la multitud. No le gusta que lo reconozcan, pero esa noche, Billie sabe que está ahí. Lo mira, y sonríe, ahora burlona, mientras Él baja la cabeza para intentar no mirarla.

¿Ves lo que has conseguido? le dice ella con la mirada.

<<Si no me hubieras hecho sufrir tanto; si mi madre no hubiera tenido trece años cuando nací; si mi padre no me hubiera abandonado; si no me hubieran violado a los diez años; si no me hubieran obligado a acostarme con todos esos hombres a cambio de dinero; si no me hubiera empapado de alcohol en las eternas noches de Harlem; si me hubieran enseñado a oler, en lugar de a pincharme, las amapolas que me hacían rozar el cielo cada noche, pero que luego me hundían en los infiernos cada mañana; si no me hubieras hecho pasar por las puertas para los negros, ni me hubieras obligado a sentarme en los asientos traseros de los autobuses; y si, finalmente, no me hubieran arruinado, detenido, encarcelado y prohibido cantar en los clubes que eran mi única salvación;

si no hubieras hecho todo eso, si no hubieras ‘dejado’ que me hicieran todo eso, te aseguro que ahora mismo no estarías escuchando esta canción.>>

Pastoral scene of the gallant south,
The bulging eyes and the twisted mouth,
Scent of magnolias, sweet and fresh,
Then the sudden smell of burning flesh.

<<Sí, Tú, no mires para atrás. Yo aquí arriba soy tu diosa. Yo soy capaz de hacerte llorar, de erizarte el bello de los brazos, de todo tu cuerpo. Sé que nunca ha habido nadie como yo. Lo sé. Lo intuyo todas las noches, lo veo en los ojos de todos los que vienen a oírme cantar. Y yo los miro, satisfecha. Miro a Amy, a Jannis, a Nina, a Frank, a Lester, a Louis, que me sonríe con su sonrisa grandiosa, mientras sostiene la trompeta, esperando su turno con impaciencia. Y sonrío con superioridad. Porque aquí arriba ya no importa el dinero, ni los chutes, ni el alcohol, ni la vida, ni la muerte, ni la admiración de los auténticos, ni el desprecio de los hombres blancos. Sólo soy yo, tan sólo una voz movida por un corazón roto. Aquí arriba ya soy mucho más que el ángel de Harlem.>>

Here is fruit for the crows to pluck,
For the rain to gather, for the wind to suck,
For the sun to rot, for the trees to drop,
Here is a strange and bitter crop.

<<Pero todo esto, ¿mereció la pena? Puede que para ti sí. Puede que para los millones de blancos y negros de varias generaciones sí. Puede que para Lester, para Louis, para Frank, sí. Pero yo te aseguro que pasar tanto sufrimiento, tanto dolor, tantas mañanas en el infierno, sólo para poder cantar así, es un impuesto demasiado alto. Aunque haya cambiado para siempre la historia del jazz, aunque haya conseguido hechizar a todo un país, ¡al mundo entero!, aunque mi voz siga resonando en esas redes sociales incomprensibles, o a través de las ondas de radio, o en los más prestigiosos clubes de Nueva York, aunque haya sido la inspiración de tantas otras que igualmente fueron después grandes e igualmente desgraciadas. Aunque ahora disfrutes de mí todas las noches.
Creo que no mereció la pena.>>

<<Ahora que lo pienso, puede que sí.
Puede que este mismo instante, y aquellos otros instantes que pasé allá abajo, en tu miserable e injusto mundo, el único don que me diste fuera tan grande, que tan sólo esos tres minutos de Strange Fruit sean suficientes para dar sentido a todo.>>

 

———

La semana pasada se cumplieron 100 años del nacimiento de Billie Holiday, una de las voces más personales y bellas que ha dado el jazz a lo largo del siglo XX. Fue la principal inspiración para cantantes como Amy Winehouse, Jannis Joplin, Frank Sinatra o la mismísima Nina Simone, lo mismo que para ella lo fueron Bessi Smith o Louis Amstrong. Murió en 1959 a la edad de 44 años, por cirrosis hepática. Cuando murió estaba bajo arresto domiciliario por posesión de heroína, a la que fue adicta durante los últimos 20 años de su vida.

Esta grabación de Strange Fruit data de 1959, unos meses antes de su muerte. La canción denuncia, con mucha sutileza, la segregación racial, que tanto sufrieron ella y muchos millones de negros en Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX. Aunque su más fiel acompañante en conciertos y grabaciones fue siempre el saxofonista Lester Young, en esta ocasión tan sólo la acompaña Mal Waldron al piano.

 

 
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2 de respuestas

  1. Luis Alberto Comino

    Bello, bellísimo homenaje a la mas grande y desgarrada voz que ha dado el jazz. Ahora mismo, allá arriba hay una gran Jam sesion con todos los grandes: Lester, Charlie, Miles, Monk, Dorothy, Nina, Billie, y otros muchos, mientras los comentarios corren a cargo del gran “Cifu”.

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