La polémica que ha generado el monólogo de Bodegas en Internet

En estos últimos días, Internet se ha dividido en dos bandos desde que la cadena Comedy Central hizo público el monólogo de Rober Bodegas, uno de los componentes del dúo humorísticos y más conocido por sus críticas satíricas, en el cual se habla de la raza gitana.

Tras la polémica que ha generado en redes sociales, me he visto obligada a dar mi opinión al respecto más allá de los cuatro tuits que publiqué en mi cuenta y en defensa de las minorías sociales, que velan por sus derechos y libertades. Como mujer cisgénero me he visto expuesta durante toda mi vida a chistes machistas de desconocidos y fuera de lugar que me han dado bastante asco, he podido empatizar con la comunidad gitana. Una violación, el bullying y tampoco el miedo es motivo de burla ni humor incluso en un contexto donde damos por supuesto que todo es ficción. Y ya tendrán suficiente opresión desde dentro de la comunidad, como para ser humilladas desde fuera del colectivo.

La vida es demasiado bonita cuando disfrutamos de nuestros privilegios como hombres blancos cisgéneros y heterosexuales que somos, pero si alguna de estas etiquetas nos falla, la realidad nos empieza a aplastar. Lo siento, pero me niego a aceptar que el racismo, la homofobia, machismo, xenofobia o cualquier otra fobia social que incite al odio sea humor. Además de perpetuar aún más los roles de género que nos impone la sociedad, reduciendo así mismo nuestro género al sexo con el que nacemos. No son más que una mofa hacia la libertad por la que están luchando (y llevan años haciendo) estas minorías, que han costado millones de vidas humanas. Pero, quizás, sólo sea un chiste y una vez más, estemos exagerando cuando exigimos desde dentro de cada colectivo el respeto y derecho que cualquier persona merece tener.

Por otra parte, el humor hecho desde abajo se hace incluso necesario, al tratarse de una forma más de reivindicación por los derechos y libertades. Es apropiarse de una etiqueta que nace como insulto y humillación, y se convierte en arma de empoderamiento para cuestionar un sistema que nos cuestiona a nosotros como individuos. Y no se trata de no ofenderse por todo, más bien de tener capacidad analítica y sentido crítico para no disfrazar la falta de sensibilidad con el humor provocador.

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