Manifiesto por la igualdad #Huelga8MFeminista

Hoy, nuestras voces recorren todas las calles en lucha por la igualdad de géneros, y nuestras diferencias como personas. Hoy seguimos luchando por todos aquellos nombres que se quedaron por el camino, y hasta hace poco eran silencio. La lucha sigue en pie, por todas aquellas mujeres que se dejaron la piel e incluso la vida, para que a día de hoy podamos disfrutar de todos nuestros privilegios. Quienes no tenían ni voz ni voto en una sociedad en la que sigue dominando el patriarcado. Ahora me toca a mí luchar por mí, por mis compañeras y por las que estarán en un futuro. No es la ausencia la que se respira hoy en las aulas, ni oficinas ni en las casas; es el dolor que llevamos soportando y la carga emocional que llevamos durante siglos a la espalda.

No estoy luchando por mí, hoy, lucho por mi derecho a voto y al trabajo fuera de casa, ese que tantos años les ha supuesto a otras mujeres a lágrimas y sangre por conseguir y por el que se dejaron la piel en su tiempo para que, a día de hoy, yo pueda disfrutarlos. Lucho por mi derecho a ser libre y decidir por mí. Lucho por mi libertad de ser, sentir, vestir y de expresión y no recibir insultos ni represalias por ello. Lucho para visibilizar este problema y mi palabra, sin que sea necesaria la de otro hombre para frenar las intenciones en contra de mi voluntad. Lucho por olvidarme de seguir cobrando un sueldo inferior al de mi compañero y lucho por poder romper de una vez por todas con el techo de cristal. Lucho por la división de las tareas del hogar y el cuidado de los hijos, y que sea equitativo. Lucho por dejar de sentirme un objeto sexual porque mi obligación no es agradar a ningún hombre. Pero, por encima de todo, lucho para sentirme la mujer que quiera ser y me hace feliz, sin que esto suponga un impedimento para la sociedad.

Ahora más que nunca es necesario permanecer unidas, codo con codo, para hacernos escuchar y valer por nosotras mismas. Para eso, necesitamos hablarlo. Tenemos que hablar tan alto y gritar tan fuerte que al resto les salga por las orejas para que se tome conciencia de la realidad. Porque, de lo contrario, estaremos invisibilizando aún más el problema. Por eso, necesitamos celebrar este día para luchar y hacer visible el dolor por el que tantas otras se han sacrificado en vida por nosotras. Hacernos notar en fechas como el 8 de marzo para ganarnos el respeto el resto del año, no sólo hoy. Y hacer que nuestras ausencias duelan. Habrá chicos que nos apoyen, pero la lucha es sólo nuestra. No nos ayudan los que gritan con nosotras, sino los que nos apoyan desde la oficina o en casa. Quienes se ofrecen voluntarios para trabajar en lo que nos volcamos el resto del año. Ahí se encuentra el verdadero apoyo. No queremos a nadie que nos secunden, no queremos estar por detrás de nadie para hacernos escuchar. Queremos luchar por ser nosotras mismas las que nos hagamos valer y el resto se paren a escucharnos. Vuelvo a repetir, hay que hablar tanto que el resto ya esté cansado de escucharnos siempre el mismo argumento. Entonces, ahí, se podrá empezar a hablar de empezar a normalizar la situación.

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