Pero, no toques, ¿por qué tocas?

Me da mucha rabia tener que escribir este artículo en pleno siglo XXI, cuando problemas como éste deberían no haber existido nunca. Hace un par de semanas salió a la luz el caso de violación de una chica de 18 años por cinco chicos que se hacen llamar “La manada” en los Sanfermines de 2016 y hasta hace nada, no se celebró el juicio en donde se castigaría a los culpables. Me parece irónico que, ni siquiera la justicia de mi país, ponga fin a esta cruda realidad.

Hay quien sigue demostrando la inocencia de los violadores con preguntas de índole machistas acusando a la joven de estar allí. Y por desgracia no estoy hablando de un solo caso, sino del día a día en una sociedad donde perdura el heteropatriarcado en donde, se sigue viendo a la mujer como objeto sexual del hombre. Hay quien se sigue cuestionando  la lucha constante por la igualdad de género, defendiendo que ya existe esa misma igualdad sin pararse a pensar en los pequeños detalles que hacen que la realidad sea otra muy diferente, y aún estemos a kilómetros luz de esa situación. Hay quien se escuda frente a las estadísticas de violencia de géneros, violaciones y abusos sexuales por parte de las chicas, con preguntas que defienden antes a ese pequeño porcentaje que también sufren los chicos. Y no lo pongo en duda ni les doy la razón, como tampoco culpo al que sólo defiende el inmenso porcentaje de chicas que sufren acoso y se olvidan de este pequeño colectivo. No se trata de una cuestión de números ni de estadísticas, sino de vidas humanas que están en juego.

A todo esto, en su mayoría son chicos los que piensan así, pero también hay más de una mujer con este tipo de pensamientos. hay que tener en cuenta que todos convivimos, como ya he dicho anteriormente, en una sociedad donde permuta el heteropatriarcado. Por tanto, absolutamente todos, tenemos pensamientos tóxicos machistas y homófobos que nos hacen mirar por debajo a quien no comparte estos atributos o estereotipos. Para nuestra desgracia, todo esto, empieza en la educación, bajo un sistema educativo mediocre que nos educa en el sexismo y en valores culturales. Los cuales sería sencillo cambiar si dejásemos de educar a los hombres en la fuerza y en la simpatía a la mujer. Quizás, y sólo quizás, cuando empezamos a educar a los más pequeños y tratarlos de iguales empezaremos a construir un mundo mucho más sano, justo y humano.

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