Fracaso a todo riesgo

No comparto la idea que nos intentan inculcar desde pequeñitos familiares y colegios. Estudia para sacar buenas notas y tener un trabajo estable del que me haga vivir bien pero en cambio, mi única esperanza sea vivir en un sábado constante para no hacer nada. Llámame rara, friki o dime lo triste que es mi vida cuando digo que mi objetivo en ella es entregarme en alma y cuerpo a lo que me apasiona. Mi tiempo es más valioso que el dinero que pueda llenar mis bolsillos.

Lo mismo ocurre con el miedo a fracasar y la maldita manía de compararnos los unos a los otros por la cifra que se pueda sacar en un examen. Un número que en la mayoría de las veces a mí personalmente no representa ni el 10% de mis conocimientos. No soy menos que aquel que colecciona matrículas por el simple hecho de estudiarlo absolutamente todo.

Por qué no descubrir las aptitudes de cada alumno y potenciarlas. Para qué sirve saber que dos más dos son cuatro si luego no me explicas en qué situaciones puedo emplear esta fórmula matemática y tengo que ser yo la que muestre interés en saber por qué eso es así. Por qué el arte o cualquier otro trabajo creativo es menos que una ingeniería o medicina. Nadie se puede hacer a la idea de cuántas veces he tenido que escuchar que “sin un título no vas a ser nadie en la vida” y sinceramente un título, al menos para mí, no acredita a nadie nada. A día de hoy cuento con un alto conocimiento en cada una de las herramientas de Adobe y desde ya con un amplio portfolio que recoge mis mejores trabajos en distintas áreas disciplinarias demostrando así los mismos dotes que aquel diseñador o artista visual graduado en bellas artes.

No pretendo quitar valor a la formación académica porque está claro que tiene su importancia, sin olvidar siquiera que te abre muchas puertas tanto en el futuro laboral como a la hora de decidir seguir formándote de la mano de profesionales, pero ya no es suficiente disponer de un título universitario para encontrar empleo. Las empresas cada vez más dejan a un lado los títulos y te ponen a prueba en cuanto a conocimientos y habilidades. En mi opinión, ha de ser igual de importante la formación autodidacta que la académica, porque a pesar de aprender más lentamente en la mayoría de los casos, su aprendizaje es igualmente efectivo.

Me hablan de lo poco que sé y de las muchas posibilidades que tengo de fracasar en lo que verdaderamente me gusta hacer y se me da bien. Por qué no incentivar más a la creatividad y ayudar a su fomento en la educación. Puede que solo sea yo que pienso así, pero siempre he creído en el aprendizaje ensayo-error y sólo mediante los fracasos se alcanza realmente las metas.

Sinceramente, no me importa mucho lo que puedan pensar de mí los demás al decir lo previamente dicho. Por desgracia sólo unos pocos comparten mi filosofía de vida y entienden mi afán de superación. Como bien escuché en una de las jornadas de Publicatessen de este año: “Una persona de éxito no es aquella que triunfa allá por dónde pase sino una persona que siempre tiene un proyecto en mente en el que trabajar” y a cada objetivo más difícil de conseguir que el anterior.

Da igual cómo sean de grandes tus metas, que si tus intenciones son buenas y van ligadas al esfuerzo, la constancia y la dedicación, son posibles. Intentarlo nunca ha estado de más, y si ya tienes el ‘No’ no sé qué tienes que perder. Ten en cuenta que el vaso siempre está lleno: si no es de agua, es aire. Sólo es cuestión de actitud, piénsalo.

Todo es posible y si no es así, tan sólo son excusas.

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