El escándalo de Rato y la nulidad del ERE de Coca Cola

El tribunal supremo declara la nulidad del ERE de Coca Cola y, partiendo desde un principio, el ERE (o expediente de regulación de empleo) es una medida que toman las empresas, o los responsables legales de los trabajadores, para solicitar la suspensión o reducción de la jornada de trabajo por causas económicas, técnicas, organizativas, de producción o de fuerza mayor o por extinción de la personalidad jurídica del contratante. En otras palabras, el ERE supone un despido colectivo.

El Tribunal Supremo ha anulado en el mes de  Abril del pasado año el despido colectivo en el Grupo Coca Cola en un fallo que confirma la sentencia de la Audiencia Nacional que consideraba vulnerado el derecho de huelga de los trabajadores; quien ya declaró el pasado mes de junio la nulidad del despido de los 1.190 trabajadores que puso en marcha Coca-Cola Iberian Partners, de los que finalmente ejecutaron 821. La sentencia, por su parte, resuelve además dos extremos de carácter procesual: la condena a la readmisión debe llevar unida la condena al abono de salarios de tramitación. En la sentencia de despido colectivo resuelve que es directamente ejecutiva, como consecuencia de la modificación legal de 2013 (art. 247.2).

La multinacional ha declarado que se respeta el fallo del Tribunal Supremo y que, en cuanto reciba oficialmente la sentencia, lo estudiará con detalle como también su manera de ejecutarla y desarrollar así mismo el desarrollo de la compañía. Indicando a su vez, que todos los trabajadores que solicitaron la readmisión de su puesto de trabajo siguen dados de alta en la Seguridad Social y siguen cobrando por su servicio. Por último, Iberia Partners, afirma que Coca Cola es un proyecto que da empleo directo a más de 4200 trabajadores.

A las dos semanas después, salió en las noticias destapando la verdad del caso y en donde se podía ver cómo detenían a Rato, una orden llevada a cabo por el Ministerio de Hacienda que, dirigía Montoro y, dada su magnitud, tapó a otras que quedaron renegadas a un segundo plano. Lógicamente, un ex vicepresidente del Gobierno detenido por fraude fiscal.

Ese mismo día se declaró la nulidad del ERE de Coca Cola el cual fue diseñado horas antes por la consultora fundada por el ministro Montoro, invitando a la propia empresa a llevarlo a cabo; mientras el propio Ministerio fue quien acusó y ordenó (casualmente) la detención de Rato.

 

Una noticia que ya tuvo su importancia en su tiempo y me apetecía compartir ahora mismo. Simplemente.

Fracaso a todo riesgo

No comparto la idea que nos intentan inculcar desde pequeñitos familiares y colegios. Estudia para sacar buenas notas y tener un trabajo estable del que me haga vivir bien pero en cambio, mi única esperanza sea vivir en un sábado constante para no hacer nada. Llámame rara, friki o dime lo triste que es mi vida cuando digo que mi objetivo en ella es entregarme en alma y cuerpo a lo que me apasiona. Mi tiempo es más valioso que el dinero que pueda llenar mis bolsillos.

Lo mismo ocurre con el miedo a fracasar y la maldita manía de compararnos los unos a los otros por la cifra que se pueda sacar en un examen. Un número que en la mayoría de las veces a mí personalmente no representa ni el 10% de mis conocimientos. No soy menos que aquel que colecciona matrículas por el simple hecho de estudiarlo absolutamente todo. Ten en cuenta que para aprobar no se estudia de la misma forma que para aprender algo realmente. Si no me crees te pongo de ejemplo los exámenes tipo test en relación a los de desarrollo.

Por qué no descubrir las aptitudes de cada alumno y potenciarlas. Para qué sirve saber que dos más dos son cuatro si luego no me explicas en qué situaciones puedo emplear esta fórmula matemática y tengo que ser yo la que muestre interés en saber por qué eso es así. Por qué el arte o cualquier otro trabajo creativo es menos que una ingeniería, medicina. Cuántas veces he tenido que escuchar que “sin un título no vas a ser nadie en la vida” y sinceramente un título, al menos para mí, no acredita a nadie nada. A día de hoy cuento con un alto conocimiento en cada una de las herramientas de Adobe y desde ya con un amplio portfolio que recoge mis mejores trabajos en distintas áreas disciplinarias demostrando así los mismos dotes que aquel diseñador o artista graduado en bellas artes.

No pretendo quitar valor a la formación académica porque está claro que tiene su importancia, sin olvidar siquiera que te abre muchas puertas tanto en el futuro laboral como en el caso de seguir formándote, pero ya no es suficiente para encontrar un empleo. Las empresas cada vez más dejan a un lado los títulos y te ponen a prueba en cuanto a conocimientos y habilidades. En mi opinión, ha de ser igual de importante la formación autodidacta que la académica, porque a pesar de aprender más lentamente en la mayoría de los casos, su aprendizaje es igualmente efectivo.

Me hablan de lo poco que sé y de las muchas posibilidades que tengo de fracasar en lo que verdaderamente me gusta hacer y se me da bien. Por qué no incentivar más a la creatividad y ayudar a su fomento en la educación. Puede que solo sea yo que pienso así, pero siempre he creído en el aprendizaje ensayo-error y sólo mediante los fracasos se alcanza realmente las metas.

Sinceramente, no me importa mucho lo que puedan pensar de mí los demás al decir lo previamente dicho. Por desgracia sólo unos pocos comparten mi filosofía de vida y entienden mi afán de superación. Como bien escuché en una de las jornadas de Publicatessen de este año: “Una persona de éxito no es aquella que triunfa allá por dónde pase sino una persona que siempre tiene un proyecto en mente en el que trabajar” y a cada objetivo más difícil de conseguir que el anterior.

Da igual cómo sean de grandes tus metas, que si tus intenciones son buenas y van ligadas al esfuerzo, la constancia y la dedicación, son posibles. Intentarlo nunca ha estado de más, y si ya tienes el ‘No’ no sé qué tienes que perder. Ten en cuenta que el vaso siempre está lleno: si no es de agua, es aire. Sólo es cuestión de actitud, piénsalo.

Todo es posible y si no es así, tan sólo son excusas.

Puta sociedad, tete.

Hace ya un tiempo quería hablar sobre el tema del que vengo a hablar hoy, y manda narices que sea la agresión sexual en plenos Sanfermines de este año en Pamplona de cinco chicos a una joven de 19 años lo que me impulse a hacerlo. No mires hacia otro lado ni pongas caras largas cuando en los medios de comunicación se hablan de las cifras tan exageradas que sufren en España sobre la violencia de género y suelen ser más chicas que chicos. No mires a otro lado porque el tema no va contigo cuando estás viendo una discusión de pareja, en donde la palabra ya no es un medio para solucionar los problemas. Es cierto que también hay chicos que sufren tanto psicológica como físicamente por sus parejas y apenas se le da importancia porque dicho de un chico suena a “risa” o incluso hay quienes los tachan de “nenazas” porque “Oh, te ha pegado una chica”. Sin embargo, esto no le resta la importancia que tiene el dato anterior ni te da motivo para no escandalizarte por ello.

Por otra parte, machismo no es solamente que un hombre le ponga la mano encima a una mujer ni que le meta mano; machismo también son las críticas a las que una mujer se enfrenta día a día una vez que comienza a buscar empleo sea el sector que sea y escucha críticas tales a “es idónea para el puesto pero a estas alturas no nos podemos permitir el lujo de contratar a una chica” como que no ganemos el mismo sueldo a pesar de que las funciones que hagamos sean las mismas. Supongo que el problema viene cuando no sabemos diferenciar entre “feminismo” y “hembrismo” y escandalizarnos porque alguien lucha por un mundo más feminista y, en consecuencia, por una sociedad más justa de valores sociales. Que feminista no es creer en el valor superior de la mujer respecto al hombre, sino en la igualdad social de ésta y aquel en todos los aspectos.

Aún así, el problema viene cuando somos nosotras las primeras que nos escandalizamos al ver a una chica y tacharla de “puta” por los centímetros de su falda, al culpar a la chica a la cual está mirando nuestro chico y que esté se vaya de rositas. El problema viene cuando somos precisamente nosotras las que nos hemos ahogado en nuestras propias etiquetas. Miramos mal a esa chica que a pesar de ser libre y poder disfrutar de su soltería si se acuesta con un chico en una noche porque le apetece ya es motivo de portar el cartelito de “guarra”, “facilona” o “puta” como bien he dicho anteriormente. Que si es un chico todo esto está bien visto, y aún a día de hoy sigo sin encontrar la diferencia que entre ambos géneros, a excepción de lo dicho. Que si de verdad queremos cambiar la sociedad en la que vivimos, empecemos cambiándola por dentro y que seamos nosotras las que dejemos de lado los estereotipos y etiquetas porque algo esté “más subidito de tono” de lo normal.

Me gustas

Deja de disimular de una vez por todas cuando me dejas de mirar rápidamente porque te he visto. No huyas de mí cuando ambos sabemos que te mueres de ganas de estar conmigo y, por supuesto, por una vez en tu vida apuesta por mí antes que por tu orgullo. Que, a la larga, éste te acabará dejando solo. Literalmente. No es por parecer creída, ni tampoco, desearte el mal por no tenerte aquí, sino asegurarme que estés y estarás lo mejor posible. Que, con el tiempo lo vas a agradecer. Ah, y empieza a quererte más, y menos a las opiniones de quienes te dejan de importar. Y lo más probable es que, ésta, sea una de ellas. Y yo.

Me gustas. Sí. Me gustas de la misma manera que me gusta mirar el cielo, comer barbacoa o irme de fiesta. Me gusta tanto que, me volvería a perder de lleno en tu sonrisa, y que sean los de siempre quienes me vuelvan a llamar la atención preguntándome por la nada en la que estoy pensando cuando pienso en ti. Me gustas como me gustan los café calentitos con sabor a domingos de manta y peli. De igual manera que me gusta mirar a la luna en una noche de estrellas fugaces y, por todo eso, sólo te pediré un favor.

Déjame que me coma el mundo de tu mano pero, en especial, déjame que te coma la próxima vez que nos volvamos a ver. O mejor, matémonos a silencios y palabras bonitas, entre besos y todos los “te he echado de menos, a pesar de no haberte conocido” que, por chico que seas, tus lágrimas me hacen sonreír, aunque sólo sea de dolor. El mismo que siento cuando sé que no estás, ni volverás, y con la verdad de la mano, la duda es la única que me acompaña en el camino hacia no sé dónde. Sabía perfectamente hacia donde me dirigía hasta que llegaste tú y me desorientaste por completo. Que, cualquier lugar se vuelve paraíso para mí, si estás tú en medio.

Que, muchos me podrán decir que he perdido el norte, pero soy yo la que lleva el rumbo de mi vida… hasta hace un tiempo; que, a partir del cual, te puedo decir que estaba confundida. Me equivoqué en el momento de elegir ruta, porque sin saberlo, mi camino fue llegar hasta ti. Quien me cambió la vida, una vez antes de mirarnos a los ojos, y saber incluso que nuestro amor no era del todo cierto. Como cualquiera de las mentiras que nos contamos cada día para contentarnos y satisfacernos a sí mismos. Pero, no. Lo siento, por ti clavo mi bandera en el suelo y le grito al mundo este dolor que se tatuó mi corazón, mientras imagino que mis labios besan tus oídos al pronunciar un “te quiero” y que sólo lo escuches tú. Me gustas, simplemente. 

¿Periodismo basura?

Muchos hablamos de la telebasura ya incluso con más cotidianidad, haciendo hincapié en esos programas televisivos que para lo único que sirven es para perder el tiempo. Puro entretenimiento, y permíteme dudar de esto último. Pero, ¿cuántas veces hemos hablado del periodismo basura? ¿Acaso éste no existe? Es otro medio más, como la televisión.

Quién no ha leído alguna vez una noticia falsa y, lo peor de todo, no ha creído en ella. Al fin y al cabo, es la prensa; ya sólo por eso, es una fuente de fiar. Y debería ser así pero dudo mucho que no haya noticias que no sean del mismo género que todos los programas de televisión de los que he empezado a hablar en este artículo sin ni siquiera mencionarlos. Además, hay noticias de mayor importancia que, día a día, pasan desapercibidas en los medios.

Que, para lo único que están es para ganar audiencia y, joder, si lo consiguen. Noticias que no pasan desapercibidas en todo el mundo, en las que se suele creer más. Y, según todos, algo es de fiar por el simple hecho de “ser relevante” sin que esto sea aportar un valor al conocimiento ni generar opinión en el pueblo. Hablamos de prensa como un equipo técnico que se encuentra detrás con profesionalidad, y recurre para cada noticia a fuentes fiables. Sin darnos cuenta, que lo único que nos venden son mentiras que venden.

En cuanto vemos un titular nunca pensamos en lo falso de la noticia. Y puede ser que no tengamos obligación de hacerlo, pero sí sería recomendable dudar de todo. Absolutamente, todo. Que, prácticamente, viene siendo lo mismo. Y ojo, no soy periodista. Ni me dedico a ello, ni lo estudio, ni lo pretendo ser. Pero te pido, querido lector, por favor, no tomes mi palabra en vano. Préstame al menos unos segundos de tu tiempo. Hay quienes buscan ganar audiencia y, para ello, llaman la atención con lo que el público quiere leer. Aunque no sea real. Aunque sea una mentira de la que todos sepan su verdad. Al igual que también hay titulares inciertos y lo peor de todo, se excusan con un “tan sólo es un titular, qué te importa si lo importante está en el cuerpo de la noticia” y podrá ser cierto, pero para leer esa noticia antes habrá que llamar la atención del lector. Un titular que todos leen y se queda el 90% de la gente.

Somos marcas

Hola, soy Isabel Topham y soy una marca. Al igual que tú y cualquiera que se niegue a aceptar esta realidad.

Todos tenemos una misión, una visión, unos valores y un público al que llegar. Ya sean nuestros amigos, el amor de nuestra vida como aquellos que queremos que nos contrate en un futuro. Por tanto, todos, sin excepciones, mostramos siempre nuestra mejor versión de nosotros mismos procurando que la idea que queremos dar de nosotros coincida con aquello que queremos que los demás piensen de nosotros. Bien, pues eso precisamente es lo que hace la publicidad con las marcas. Vestirlas elegantes para llamar tu atención y que sean tu opción preferente. Exactamente lo mismo.

Es más, para que me comprendas, te voy a poner un ejemplo. Pongamos que estás en el último curso del instituto y como cada año, se celebra una fiesta en honor a los del último año. A ti, una chica tímida y más callada de lo normal, te gusta ese chico en quien tanto te fijas y sin quererlo te saca una sonrisa. Inconscientemente, y aunque no tengas ganas ni nada elegante en tu armario que ponerte ese día, vas a la tienda más cercana y buscas el vestido más bonito que haya en ella, sólo por impresionar a esa persona y hacer que se fije en ti. En caso de que no te guste ninguno o los que te gustan no se adaptan a tu talla, si hace falta te repateas toda la ciudad en busca del vestido perfecto… hasta que al fin lo consigues.

Ahora, ya lo tienes. Sólo toca esperar al día en que se celebra tu graduación y que surja lo que tenga que surgir. Estás ahí, recogiendo el esfuerzo y la constancia de todo un curso, delante de todos pero especialmente delante de él. Sin que te hayas dado cuenta, ya te ha echado un par de miradas y tiene la intención de hablar contigo. Sin que te hayas dado cuenta ya has llamado su atención. Una vez terminado la entrega de diplomas y demás, habláis pero al poco tiempo él decide marcharse porque has hecho algo que le ha hecho pensar que no merece la pena estar contigo. No sé, imagínate que tienes un fuerte carácter y te has alterado por algo que puede ser la mayor gilipollez que hayas visto en tu vida. Y le ha molestado. No ha sido sólo una vez sino que lo has vuelto a repetir hasta que ha tomado la decisión de irse. A nadie le gusta estar con alguien que sólo ve el lado negativo de las cosas, se enfada todo el rato y estar de mal humor.

Lo que quiero decir con este pequeño ejemplo que he contado es que no le eches la culpa ni señales con el dedo a quien tienes a tu lado. El problema a veces somos nosotros, y no nos damos cuenta. La publicidad, en su caso, es una herramienta que nos hace darnos a conocer a nosotros como nuestros proyectos. No es justo que se le eche la culpa de la hipocresía que puedan presentar muchas marcas o el equipo creativo que haya trabajado en esa publicidad. Siguiendo la línea de esta historia, podríamos decir que es el vestido que ha hecho que este chico se fijase en ti, y te tuviera como opción preferente ante el resto de chicas de la fiesta, pero luego has sido tú quien ha hecho que se aleje de ti y no por ello, como tú eres de esta manera, quiere decir que todas las chicas son así.

En definitiva, está claro que hay buena y mala publicidad pero eso no quiere decir que nos debamos obcecar en esta última y rechazar la que merece la pena consumir. Yo no sé tú, pero yo apuesto por una publicidad honesta, legal y veraz.

Como bien he empezado este texto, somos marcas. Y no por ello nos tenemos que sentir ofendidos. Piénsalo.

No me leas

¿Por qué nunca hacemos caso a lo que se nos dice? Siempre tenemos que llevar la contraria con tal de satisfacer nuestro deseo, o simplemente por sentir el placer de que otro no se salga con la suya al “poseer” la razón. Sobre todo cuando nos advierten algo que nos sirve para concienciarnos del mal ajeno, y rectificar antes de tiempo, teniendo la oportunidad de no pasar por la misma situación. Me explico, si yo ahora te digo que no vas a encontrar absolutamente nada en este artículo y, por lo tanto, te digo desde ya que lo dejes; tú, probablemente, pierdas más el tiempo y me seguirás leyendo hasta la última página, pudiendo ser la desconfianza que nos dan en cuanto nos dicen algo parecido. No lo tomes como ejemplo precisamente, al fin y al cabo, si estás leyendo estas líneas será porque no has hecho caso al título.

Además, por muy ejemplo que hubiera sido, seguiría siendo verdad. No vas a encontrar nada, ni porque me leas entrelíneas (e incluso cuando yo no mire) pero, tenemos la habilidad de hacer de lo más simple lo complicado, ya que cuando más simple nos parezca más difícil nos resultará creérnoslo. Es decir, por mucho que intentes dividir una molécula de tres átomos en cuatro, no conseguirás absolutamente nada. Porque el siguiente paso será que no exista y, por tanto, para ti, supondrá una pérdida de tiempo. Toma conciencia de la propia realidad, la cual es la importancia que se le dé a la materia en cuestión. Por ejemplo, en el caso de que alguien te proponga un plan, y sólo te dé rodeos, probablemente su plan sea que pierdas el tiempo porque no tiene un beneficio para ti sino para él; pero sí, un objetivo para ti, que te pierdas ante él para que “te ayude y creas que le debes algo” como, puede ser el caso de los políticos, ellos crean problemas para luego darte la solución y, tú, como buen pez que vive en el agua, picas el anzuelo. No pierdas el tiempo ante alguien que sólo busca tu tiempo, ya que lo único que te quiere vender es un producto imaginario.

En este caso, ya te lo avisé. Espero que no te haya importado perder mucho tu tiempo conmigo, y mis letras, porque no creo que pueda devolverte tu atención. Aunque, sea un texto casi en blanco, ha merecido la pena llegar hasta el final ya que, al menos, ya sabes que mejor será perder el tiempo para no volverlo a perder más adelante. El tiempo valdrá oro pero tu vida, millones. Podrás perder un segundo de tu vida en saber cuánto de mal lo has hecho, pero llegas antes de lo previsto a la meta. Y ten por seguro que, hasta una simple mota de polvo, tiene mucho más significado y sentido que algunos detalles pero, en cambio, habrá que vivirlos todos para saber cuánto de interesante es nuestra vida. Tan sólo queremos llegar al final para ver si lo que nos han dicho antes, es verdad. Y yo, me sigo preguntando si con la vida ocurre lo mismo.

Reflexión absurda

Durante toda mi vida estudiantil siempre he visto como algunos iban con la cabeza bien alta por ser del grupo de ciencias, otros sentían algo de rabia al ser de letras y que éstas no “fuesen” (ni sean) tan valoradas como las ciencias e incluso, a otros que pasaban desapercibidos al estudiar las ciencias sociales, que curiosamente no están relacionadas con éstas últimas. Para que me comprendas, es igual de estúpido que si una de las dos modalidades de ciencias porque no se “parecen” en nada. Ni tampoco entiendo la manera en que tienden a juzgar subjetivamente el grado de dificultad que tenga una modalidad o itinerario. No sé, cada uno elige según sus intereses y prioridades; y, dentro de ahí, pues en función de si se le da mejor o peor ya es cuestión de echarle más o menos horas. Digo yo.

Siempre he escuchado a algún listillo de ciencias decir que sus materias son mejores por el hecho de que son de la rama científica. Porque las ciencias mueven el mundo y las letras no. Quizá, las letras no lo muevan pero sí les da un sentido. Ni tampoco se paran a pensar antes de hablar y decir eso de “puf… es que el latín y el griego no sirven para na’ no lo habla nadie” Claaaaro, que hacer una raíz cuadrada o calcular una integral es mucho más importante, cierto. No es por sumar o restar importancia a X materia, sino por darle a todas la misma que se merecen. Y parte de culpa la tienen los colegios e institutos por hacer ver a aquel que se distrae más de la cuenta, no presta interés al dedicar más tiempo a dibujar en su cuaderno que a las explicaciones del profesor, que es un idiota. No vale nada. No, mire. No es que yo no valga nada, es que tú estás olvidando eso otro en donde soy yo bueno. Porque para memorizar datos, fechas y autores ya está Google para buscar la información. No es más listo aquel que le llama más la atención el diseño industrial o la arquitectura como la medicina, que aquel otro que desea ser escritor, pintor o músico.

No es despreciar ni dejar de compartir una idea u opinión, simplemente respetar las de los demás aunque no sean de nuestro agrado. Aunque no nos llame la atención, ni de lejos. Probablemente tú tengas unos criterios a la hora de elegir estudios que para otra persona es totalmente una locura o un error. Para ti puede ser más importante tu dinero que tu tiempo, y por eso prefieres mil veces un trabajo que aunque no te guste te pagan una pasta; pero, para mí, por ejemplo, no. Al fin y al cabo, el tiempo es lo más valioso que tenemos, elige ese trabajo que incluso estarías dispuesto a hacer gratis.

En resumen, valoramos desde nuestro punto de vista, sin tener en cuenta que toda realidad es subjetiva. Empecemos a preocuparnos más por nosotros, y a mirar menos al resto por lo que hagan o dejen de hacer. Por eso, me gustaría terminar esta entrada con una crítica hacía los colegios e institutos porque, y como ya he dicho antes, son ellos los que desde niños nos inculcan la importancia que tiene cada materia dentro de esta sociedad. Y por ende son los culpables de todas los perjuicios y etiquetas que solemos portar prácticamente durante nuestra niñez y adolescencia hasta que nos hacemos mayores. La importancia que se le dé a algo viene de la mano de la atención que se le preste.

Falso rescate

Hemos sucumbido a esta peste de naufragio cultural en el que navegamos hoy sin saber muy bien hacia dónde nos dirigimos. Un naufragio increíble (en el sentido pésimo) e independiente de la realidad. Echamos la culpa de la situación a la crisis económica en la que estamos inmersos, quejándonos bien fuerte de ello pero sin llegar a mover un sólo dedo hacía nuestro interés; y, probablemente, no sea una crisis económica la que nos afecte sino una crisis de valores, dando lugar a dicha catástrofe. El problema no es que ya nadie lea (qué también), el problema está en que ya apenas se venden libros. Antiguamente, y puedo estar hablando de una década antes, cuando alguien se compraba un libro era porque de verdad le apetecía leer, porque tenía empeño en el libro. Ahora si lees, es por obligación (en la medida que sea) para aprobar un examen más del curso, y esto en el mejor de los casos.

Los teatros apenas llenan un tercio de la mitad del público que prefiere invertir en el botellón (término empleado por los jóvenes refiriéndose al consumo de drogas y alcohol en un determinado establecimiento, mientras intercambian miradas, deseos, peleas y, sólo en algunos casos, alguna que otra interacción social). No podemos permitir que, a día de hoy, sea más económico emborracharnos que asistir a un festival de música, a una galería de arte o comprar un libro. Hablo de música clásica y tendemos a asociarla con lo gris, lo aburrido. Muchos dicen que “la música clásica no vende” pero debo recordar si se vendiera el Pop o el Rock como se vende la música clásica, éstos tampoco venderían.

Hablo de música clásica y todos pasan de largo entre risas como si no fuese con ellos; tendemos a tener una concepción por lo clásico un tanto particular (o extraño), asociándolo con lo gris, con lo aburrido. Por ende, nos excusamos con que la culpa es de los jóvenes que ya no leen lo mismo que se leía antes; pero nadie hace nada para evitar tal fracaso. Tan sólo celebramos una feria del libro, en Abril, en conmemoración a algunos genios literatos, y ya es suficiente.

Puede que no haya interés por la lectura, pero ahí estás tú para crearlo. Recuerda que,  el perdón no sirve de nada si no arreglas lo que has roto. Y, en lugar de querer cambiar la situación buscamos todos los medios posibles para convencer de que no hemos sido nosotros quienes tenemos la culpa de que las cosas hayan terminado como han acabado. Aunque sea mentira, y sigamos mintiendo. Por qué incitar a la ignorancia, cuando podemos partir de ella misma hasta hacer entrar en razón. Hasta entonces, sigamos aplaudiéndonos (o hagamos como que aplaudimos) y tengamos en cuenta que el eco sigue siendo más fuerte, que nos llega a ensordecer tanto que nos creemos que nadie dice nada; cuando en verdad, estamos al borde del abismo.

Mi primer artículo

Este blog surge debido al ambiente generado por diversos factores (la crisis económica, el paro…) de los que no se para de habla en la sociedad; y la necesidad de inculcar mi propio pensamiento y visión del mundo al respecto, con el pequeño nombre que poseo. En el mismo, iré publicando artículos propios sobre política, economía, sociedad, poesía, filosofía… todos ellos serán de uso, consumo y beneficio libre, a excepción de los poemas que estarán registrados en la propiedad intelectual.

El comportamiento de los políticos haciendo referencia a la cultura, la devalúan y nos dificultan así a pasos agigantados el acceso a ella. Nuestra manera de concebir la realidad en estos momentos, y la manía que tenemos de callar todo aquello que sólo conseguimos mediante el voto y la palabra (teniendo también otros muchos canales y medios para hacernos llegar y, en cambio, no hacemos nada); ignorando así el desastre en el cual nos vemos sucumbidos. Mientras nos echan la culpa de que “la crisis” ha sido causa de haber gastado por encima de nuestras posibilidades en tiempos anteriores, por ende, nos intentan tranquilizar año tras año al decirnos que estamos “saliendo” de ella. Tengamos en cuenta que la burbuja inmobiliaria estalló en el 2007 y, a partir de ese año, la tasa del paro o desempleo no ha parado de crecer, e incluso en algunas provincias han duplicado su propio porcentaje, las cotizaciones continúan bajando, devaluando por otra parte el euro frente a las demás monedas internacionales y, por consiguiente, los valores en bolsa continúan cayendo. Políticos y banqueros culpan con mayor frecuencia al sector público y a las familias de las pésimas condiciones en las que nos encontramos ahora; cuando, momentos críticos como, puede ser, el rescate financiero de Bankia hundieron aún más la economía española.

Los telediarios ya sólo dan malas noticias sin prestar un mínimo interés a aquellas que posean connotaciones positivas. Me parece increíble que, en las noticias, también se dediquen a enmascarar la realidad con el fin de ganar audiencia, en vez de informar sobre lo que ocurre en el mundo.

Nos alarmamos al ver que un actor, músico o cualquier artista recoge su premio, y enfadados con nosotros mismos apagamos la tele y nos vamos directos a la cama esperando a que el día siguiente sea mejor. No somos nosotros, quizá, si lo fuésemos ese premio si fuera merecido; por ende, insultamos en vano. ¿Y si en lugar de emplear nuestro tiempo en maldecir el bien ajeno nos dedicásemos a trabajar más? Empezaríamos a conseguir grandes recompensas y premios. Estoy casi segura que esa cifra crecería notablemente si nos volcásemos de lleno en nuestro trabajo y dejásemos de envidiar la recompensa de los demás. Para que me entiendas, nombro a unos cuantos genios desde las distintas áreas de disciplina:

Charles Chaplin, Ludwin Van Beethoven, Wolfgang Amadeus Mozart, Rubén Darío, Antonio Machado, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Salvador Dalí, Pablo Ruíz Picasso, Miguel de Cervantes, Pablo Neruda, Gustavo Adolfo Bécquer, Juan Ramón Jiménez, José de Espronceda, Dámaso Alonso, José Zorilla, Pedro Calderón de la Barca, Andy Warhol… etc.