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Las Carminas

A veces me gusta ir al cine sin tener apenas información sobre lo que vaya a ver. Me agrada la sorpresa; que la película, a su ritmo, me descubra los personajes, su trama y su atmósfera, porque cada película te envuelve en una atmósfera diferente provocándote las primeras sensaciones, predisponiéndote al drama o la comedia, al recogimiento interior o la banalidad. Una película que me haya gustado de verdad, me impresiona más si no lo esperaba. Cuando llevan hablándote un mes de lo buena que es ésta o aquella, es más probable que salga decepcionada porque ya la contaminación de las apreciaciones ajenas acaban, inevitablemente, creándome expectativas. Pero en los tiempos que corren, a veces es difícil llegar al estreno sin haber visto al completo las escenas principales, sobre todo porque actualmente los tráilers promocionales, en una tendencia que parece ser generalizada, te cuentan la película de cabo a rabo.

“Carmina o revienta” la vi sin apenas saber con qué iba a encontrarme. Si acaso,  pecaba de cierto escepticismo por la imagen que tenía de Luisma, el personaje que Paco León interpreta en ‘Aída’ desde hace diez años, temiendo que el tono del humor fuera en esa línea. Pero ocurrió todo lo contrario. El Paco León que se sienta en la silla de director está muy alejado de todo el universo de Esperanza Sur. Y arrancar con un formato de falso documental es, en sí mismo, una declaración de intenciones del que narra.

La segunda parte, “Carmina y amén” no es sino una confirmación, con algo más de presupuesto, del talento cinematográfico y la frescura que irrumpe con León, quien con sus dos primeras obras ha sabido mostrarnos la cotidianidad elevada a lo excepcional, la maestría al mostrar lo más surrealista de lo corriente. Sus errores quedan disculpados por su carencia de pretensiones, una carencia de alardes que provoca, incluso, que nos parezca que las escenas son retazos que no tienen hilo conductor, cuando en realidad, el cuadro que dibuja es completo, retratando con comicidad algo tan serio como la muerte.

La increíble Carmina Barrios hace el resto para redondear el surrealismo y el carácter exclusivo del tono. María León, imprescindible. Y en esta segunda parte, Yolanda Ramos es una auténtica sorpresa.

 

 

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