¿Alguna vez te has sentido arrojado al vacío?

Fotograma de "Déjame salir" (2017)

¿Alguna vez te has sentido arrojado al vacío? No un vacío de treinta pisos o de lo alto de una montaña, sino ese al que tiraron a Daniel Kaluuya en “Déjame salir”: en lo más profundo de su interior. Allí donde todo es oscuridad y nada transita. Allí donde pierdes el <<yo>> y lo que queda de uno es, como dijo el poeta, frenesí, ilusión, sombra…

Es un lugar donde cada vez se oculta una mayor parte de lo que somos y que, cuando reivindica su espacio, lo remueve todo desde las penumbras. No somos capaces de verlo, al igual que las estrellas que nos quedan ocultas en cielos encapotados por luces artificiales. Bonita figura, ¿verdad? Es como si la “falsa” razón prevaleciera a la hora de guiar el comportamiento, mientras que no somos capaces de captar lo que nos dicen los sentidos ni las emociones.

Es igual que si viviésemos en cuerpos mutilados… Nuestro <<yo>> se ha deshecho entre las tropecientas ciudades visitadas cada año, las camas asaltadas, el maquillaje del día a día, las sesiones de gimnasio… Las horas cada vez duran menos y las memorias (internas y externas), por mucho que se amplíen, se hacen más pequeñas por tantos contenidos de “relleno”.

En todo esto, ¿dónde puedes encajar tu <<yo>>? Tal vez lo busques en el timeline de tus redes sociales o en alguna técnica que te descubra ese betseller de autoayuda… O a lo mejor piensas que estás conectado con él porque no dejas de mirarte en el espejo, o porque escuchas tu voz cuando es lo único que te queda. Esa que no deja de darle vueltas a lo mismo y que te consume. Esa que no es más que una interiorización del vacío de los otros…

Es difícil encontrar tu <<yo>> una vez que entras en esta dinámica, lo sé… Sólo si sucede algo que rompa con ella puedes salvarte. Una especie de deus ex machina que te mantenga en el rumbo hacia un destino que creías perdido. Igual que un hermano le grita a Kaluuya “¡Sal de aquí!” tras recibir el impacto del flash de su móvil en plena luz del día. ¿Flash con luz?, da igual, aquello le sirvió para despertar durante unos pocos segundos y avisar a su hermano de lo que se le venía encima.

Pocos momentos de ruptura son tan claros, del mismo modo que no hay muchos hermanos así. Un gesto particular, una melodía sobrepuesta al instante, algo que ves o alguien que te mira… Algo que sientes…. Espera, ¿sentir? Debe de ser que tu cuerpo no está tan mutilado como creías.

En el lugar menos esperado, en el momento más “inoportuno”, puede haber algo que te rescate de ese vacío y te devuelva al camino que pensabas que ya no ibas a recorrer. Por muy tarde que te hayas dado cuenta y que hayas reaccionado, tu <<yo>> siempre ha estado esperándote agradecido, hermano.