Sobre LARRA e INTERECONOMÍA

Señor Méndez-Monasterio, he reservado mi columna más olvidada e íntima para aludirle en la reflexión de hoy. Confío en que esta pólvora fragante procure una respuesta (aunque, claro, yo soy menos aún que el Larra que denuesta en aquel artículo ocioso; ¿lo recuerda http://gaceta.es/noticias/tumba-periodismo-12122015-1157?)

Como en duelo caballeroso de los que tanto se felicita: elija el medio.

 

“¿Por qué no, a veces, destriparse a lo samurái (Mishima), y que la misma mañana que viene a teñir de púrpura mis cortinas os salpique a vosotros? Hoy hay misterior que celebrar, ¡y gana en estatura conforme pasan las horas! Solo que la necesidad de vomitar no se me ha ido ni con cafés ni con un polvo ni con la cuña de queso Boffard que he mangado en el súper. Responsables del desorden son dos grandes tertulianos literarios de Intereconomía, que en esta última madrugada (y ya instalándome irremediablemente en Fígaro) blasfemaban su ponzoña en un sketch repuesto (los falangistas Eduardo García Serrano y su bufón contrafóbico KIKO MÉNDEZ-MONASTERIO). Vale, entiendo que algunos os sustraigáis ya de este post, vale. Que yo sigo. ¡Cuánto asco de España! La semivigilia me daba su imagen activa, en conversación regalada, considerando a un Wilde, a un Salinger, a un Twain… ¡y tan convincentes resultaban! Pero qué reviento de válvula, amores, amogs, cuando encontraba uno de pronto el matiz reaccionario de la velada, la veta de nauseabundismo, soterrada en una loa a las novelas caballerescas, a la recurrente referencia de honor en tal o cual personaje de ficción, soterrada en la idea señalada y tergiversada de que “todas las novelas España” / “todas las bondades España” / “cualquier talento literario España”. ¡Cómo se os ve el plumero, y cómo equivocáis vuestro lugar en el mundo!

Lo cual que he amanecido, he llevado a mis hijas al colegio, me he sentado a trabajar. Todo para advertir que no estaba borracho, y que, efectivamente, la marca España sólo hace que removerlo todo, centrifugarlo, para que nadie tenga nunca idea de dónde cojones se encuentra.

Y a este arrebato le ponemos firma Larra, Kiko Méndez-Monasterio y su Gaceta (lean) y yo, que soy un formidable cabrón con ínfulas”.

 

 

“VERBOS POR DENTELLADAS”

MARTÍN PARRA NOELIA ILLÁN

 

Hace un tiempo escribía esto, sobre cierto poemario, en mi columna de La Galla Ciencia.

Escribir del mismo modo en que se siente, escribir arrastrando cadenas de queja sin que por ello cuaje surco la bilis. Noelia. Ella y la miniatura del mundo creada, redonda, manejable como un domo de nieve; panorámica de épocas, paisajes, digestiones. Verbos por dentelladas. Lo leo como revolución circular en torno a un estómago cálido y vehemente, animado en la deglución de pequeñas tragedias, a cuya acumulación se encharca más caldo, se mete más bulto, por si por fin la perforación. Así lo leo, y la veo, a punto de fatiga.

 

−Que por qué esta luz, Noelia, que sumas al lodo.

 

Y creo que ella aludiría al agua cayendo por sus codos hasta la falda, al hecho profano más íntimo, como responsable de fieras. Al terror que pasea de madrugada bares y almohadas, sin distinción, con la hipótesis carísima de un mañana renovado. ¿Acaso un presente más asimilable, con menos aristas? Claro que no. Vivimos de fragmento los sábados, de fragmento los lunes y los festivos, por ver qué figura rearmamos, pieza a pieza, de las instrucciones de este huevo kínder. Ella lo ha visto, lo sabe en rojo púrpura, rojo fenicio, que es el color que ha teñido durante siglos el pedazo de mar que adeuda, y del que Cartagena tomó nombre y arqueología. De aquellos zíngaros del Mediterráneo.

 

Con su mismo afán, Noelia Illán Conesa nos presenta un poemario viajero, rico en alusiones y citas, irreverente, complacido en erotismos. Asimismo sintomático de una quiebra personal –Mi estado es cambiante / por qué negarlo / mudado en aquella o esta circunstancia / ocasión o lugar donde me halle− que, intuyo, mira constantemente a una reversibilidad, de manera dura, insistente y cabal, conscientes de que a la montaña no se le opone un clavel.

 

Una quiebra delgada es este poemario (Ravenswood books, 2016), detalle del naufragio, al que, confío, lecturas de piel fina servirán puente a tierra firme.

TravelMotion: nuevos conceptos, viejas prácticas.

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El gusto corporativo por todo lo minimal, el de sus gerifaltes por simular tentativas de enaltecimiento, alcanza en estos días cotas de genial promesa. ¿A qué levitón no le interesa hoy un logo así como renovado, respetuoso con el medio ambiente, para su empresita recoleta y de operatividad céntrica (Malasaña o barrio “gentrificado” similar)? Debe haber alguna cooperativa de ilustradores, calzada en sus New Balance y jersey Scalpers, que se lo está llevando muerto. No hay duda.

En el sector del transporte, la mensajería y movilidad urbana la lucha está declarada desde hace tiempo. Deliveroo, Urban Courier, Bicihome, y otros supporters de las dos ruedas, pasean ciudades y simpatizantes (con inobservancia de los códigos de circulación y ética, dicho sea) haciendo dinero, pero no sólo: el principal ademán empresarial urbano del siglo XXI dicta “elitismo al alcance de todos”. ¿Qué fabuloso hambriento rechazaría su cifrado e incorporación a ese lobby de lo puntero? La estandarización con lo top ha llevado a Primark, por ejemplo, a ser algo hasta respetado. ¿Por qué? Por cuanto entraña de ruptura periférica su mastodóntico edificio de la Gran Vía madrileña. Por los símbolos. Símbolos, épica, estar donde laten las cosas.

Así, dirigiéndome con este enfoque y trenzado las cosas, fui a parar, una feliz mañana laboral, a la empresa TravelMotion, sita en una cochambre de garaje en la calle Vicente Caballero 12 (O’Donnell). Allí pude advertir en primera persona la cosa embrionaria y falsa (por cuanto, intuyo, la empresa supuestamente se creó para lavar dinero) de toda corporación, siempre una impostura. Se me prometió, a través del gris y acartonado gerente que allí ocupa silla, un contrato de dieciséis horas a la semana, por el que percibiría alrededor de 400 euros. Como luego del primer fin de semana no pudimos ponernos de acuerdo con los horarios, decidí marcharme, rechazar la proposición laboral. ¿Cuánto habría debido cobrar por dieciséis horas de trabajo? No es muy difícil la regla de tres.

En TravelMotion se quiere llevar bicicletas eléctricas a los hoteles, para que los clientes de amplia poltrona no tengan que mover el culo, bandearse por una ciudad hostil. Luego se les solicita, eso sí, que anclen la bici, en la devolución, a una farola cualquiera.

En TravelMotion conduje una camioneta y nadie requirió de mis servicios (cosa que tampoco iba a poder satisfacer, pues la aplicación de solicitud de préstamo no funcionaba, ni tampoco las tabletas de los empleados).

En TravelMotion todo parece limpio, eco- y hasta bio-, pero se perpetúa la dinámica laboral de las grandes corporaciones (vamos, redundar en una explotación del trabajador, al cual, además, se le dificulta el desenvolvimiento de su labor con unas condiciones técnicas pleistocénicas).

De TravelMotion cobré 25 euros por dieciséis horas de trabajo, y ya han dejado de contestarme el teléfono. Mientras —tengo la certeza—, la flamante página web a inaugurar ha salido por unos 9000 euros.

Es una cosa rara, ¿no? Ver a mastodontes financieros (y a sus filiales deliberadamente perpetradas, con nuevos colorines) ponerse la piel de cordero, cuando lo que sigue primando, ¡qué ingenuos, nosotros!, es hacer valer su condición de Cruzados.

A fin de cuentas son, han sido y serán, los hijos de quienes ganaron la Guerra. Yo, particularmente, inicio aquí la mía, Alberto Díez, hasta “oler” esos cien euros, aproximadamente, que se me adeuda.

A L U M B R A D O P Ú B L I C O, de Manuel Lacarta.

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El Alumbrado Público (Lastura, 2016); se diseminan luces de paseísmo inane, febril, a destiempo. Lectura de piel fina y lágrima de pronto. Lectura para rastrear ese bache del camino que nos hizo tropezar; luego de él, nunca más en línea recta.

Para el poeta Manuel Lacarta el ritmo es con ojos cerrados; la vida, fungible: se consume con el uso.

Leamos:

 

AHORA apagamos la luz.

 

Vemos a oscuras guiñando los ojos.

 

Oímos cómo frena un coche. 

 

Con las manos tocamos en la humedad de una pared vacía.

 

LAS arrugas de los ojos son ojeras, pero ¿cómo llamamos a las marcas en los labios?

 

Las manos que nos acarician son manos de madre, de esposa, nuestra novia; pero ¿y las manos que asesinan?

 

NOS llena las narices el olor a amoníaco de los orines de gato.

 

Respiramos el aire viciado de las habitaciones cerradas.

 

Pedimos aire puro, si fuera posible. No un ambientador de lavanda en el baño; tampoco, ese con olor a pino en el coche.

 

¿CONSTRUYO con las sumas o construyo con las restas? ¿Sumo cosas o reparto, parto en dos mitades?

 

Yo no sabría decir.

 

¿Beso con los labios o tropiezo con mil mejillas en los labios?

 

¡Tanto beso siempre me confunde!

 

ERA el tipo de un videojuego.

 

Se dio un golpe con el árbol, se dio un golpe con el árbol, se dio un golpe con un árbol, y nos reímos.

 

Caminó confuso un trecho por la acera de la calle. En el cruce le cayeron los ladrillos de gafa de una obra desde un octavo piso, pero logró esquivarlos.

 

Alguien le lanzó un piano de media cola lacado en negro desde una azotea, que se estrelló a un metro de alcanzarle.

 

Unos aliens le secuestraron en su nave, le pasearon por el espacio intergaláctico y le devolvieron ileso junto a la taquilla de un cine a la hora justa en que empiezan las pelis.

 

Le atropelló un taxi en un semáforo, y perdió dos de sus vidas; pero tenía vidas de repuesto, vidas de recambio. Siempre una vida de reemplazo.

 

Con un ¡clic! desapareció de la pantalla.

 

Comenzó a moverse con un ¡clic! de nuevo.

BLOGGERÍAS – EL PUENTE DE LOS FRANCESES

BLOGGERÍAS
BLOGGERÍAS

 

EL PUENTE DE LOS FRANCESES, paradigma de socialrealismo, recorre crítica social, posmodernismo y narración exaltada. Es una obra cuajada de corrupción, crimen y esperanza. Es un costumbrismo de personajes breves, en tránsito, que nos arrastran por lides de degradación pública inopinadas. Gómez, joven levantisco y de ínfulas de activista de calle, vive el eufemismo del siglo XXI desde una óptica anacrónica, lírica, novelesca, sin encontrar su lugar. A partir de su desadaptación, conduce a sus camaradas por un camino de luz y sombras, camino que los conducirá al lado agitado de las emociones.
El puente de los franceses. ofrece al lector un espacio de intimismo, trágico al fin, por páginas que revisten todo tipo de muecas, estados, convergentes, siempre, en un Vietnam personal que para el autor supone “un ejercicio de psicología”, paralelo al que transcurrimos cada día, a cada paso.”

EPITAFIO PARA RELOJERO

      Hay vidas en que es mejor no pedirle nada al Relojero, al que organiza los horarios de taladrado urbano; en su gran labor de coordinación, en el maridaje de los cuerpos, siempre faltan cupones. No hay Groupon para todos, sería una cosa de locos andar por ahí haciendo tantas concesiones. Como pretender aquí boutade alguna refiriendo sin más dolor que la falta de tus besos una realidad. La realidad o se sublima por arriba o por abajo, pero ha de observar consecuencias al punto hirientes. Ya solo queda aquí, a mí me*, abrir algún volumen señalado, algún ensayito nada nylon, y hacerme asequibles algunas ideas de otro, de algún tarambana que entienda mucho de -ismos, y estofar el día de nuevas prórrogas, en vista del rasgo menudo (el único que soy capaz de imprimirle a nada) de mi prosa.


      Como rebañar el poso de ciertas imágenes (una bruja goyesca; lo que de novedoso tuvo pintar, no la bruja mitológica, sino la propia imaginación; o sea una degradación del realismo); seguir estofando prórrogas (a mi aceptación de mediocridad) con una narración que logre llevar a término y que guste mucho, sin renunciar a la estética de uno.


      Perseverar, asimismo, en el peinado de las bombillas, aunque esto no revista gran lirismo, ni crédito imaginativo o menoscabo alguno a mi pensamiento abstracto (“mi” pensamiento abstracto, pero qué imbecilidad); en fin, contar todo esto como me hubiese gustado contarlo; con más fluidez y sin haber dado en desmanes autolesivos, porque quién va a limpiar toda esta sangre.

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JUSTIFICACIÓN PrOÉTICA

      Conque me decía sí y me consignaba a la circunferencia mía, a mi psicología de las cosas… Mi, , ¡meh! El posesivo, odioso determinante. El posesivo lo que denota es épica, y no quería más épica; tener que desbordar las cosas de su cauce lírico, doméstico, y arrojarlo a la competitividad de la épica, de tantos héroes verriondos… Prefería quedarme en una postura más conformista. Respecto a aquello. Y por vez primera en mucho tiempo.
      Le tendí la mano y más a la aritmética de compensaciones que entonces creía que regía las cosas; no me cuestionaba de la viabilidad de seguir comprando fiebre, así, sin tasa ni hartazgo. Estaba seguro de mí mismo.
      Era adeudar cada día a alguien muy generoso, que jugaba con tantos afectos/ilusiones acaso por ociosidad, haciendo asimismo ociosos todos mis intentos por medrar, crecer, mejorar.
      Mejorar.
      De ahí que necesite aquí justificar lo siguiente, con arreglo a este solivianto de alcoba, que pasa por ser el límite de mi circunferencia, en estos días, pero que luego no; que ya tengo comprendido que no soy un realista literario, y que no vivo en los años viente. ¡Los años 20! Así que me empaca el mismo revisionismo que al resto, pero con mucha más calle. Y es una cosa de diario: consultas, trabajo, reviento, OCIO.
      Justificar lo siguiente para cerrar una etapa, clarificar impresiones, atestiguarse uno mismo en un cuerpo y en un lugar.
      Lo que a continuación se relata tiene que ver con un estado de ánimo febril que me abrigó durante varias semanas, cerrándose ya el invierno de 2016, en las que tomé el impulso literario de dos autores ya muertos, a raíz de una lectura simultánea que hice de dos obras tocantes a ellos (una un ensayo biográfico de uno sobre el otro, del más reciente sobre el más antiguo; la otra se trataba de un apunte biográfico de una autora cualquiera acerca del primero, del más reciente, del biógrafo del más antiguo); lectura que dio en triplicar mis aristas del carácter, y que me transformó en un feliz autómata, espontáneo y cargado de manías, durante las semanas que duró el embrujo, resultando de aquello un genial conversador (tenía saliendo por mi boca al mismo tiempo todo lo de tres: puntos de vista, digestiones, proclamas).
      No es tan difícil como parece. Es una cuestión de imágenes, que diría Apollinaire; una cosa de rechazar la lógica pesimista de este realismo atascado de hoy, el que ha sellado el Arte con la burguesía (renovando su compromiso) de la manera más catastófrica.
MARTÍN PARRA EPITAFIO PARA HEILIPUS

Con Manuel Lacarta, los Metales Nocturnos

La obra de Manuel Lacarta es muy extensa. Es uno de los mayores expertos tanto en la figura y obra de Cervantes como en la ciudad de Madrid, en lo relativo a sus literaturas. Su poesía completa, reunida bajo el título Otoño en el jardín de Pancho Villa. 1979-2010 (Vitruvio, 2011) recibió el Premio de la Crítica de Madrid en 2011.

        Yo a Manolo le digo que si hemos roto todos los espejos, o no, toca hacer lo propio con el resto del cartonaje, el que recubre la piel y está a una tira de dejarnos completamente desvestidos. Romperlo, ajarlo, lo que sea. Vaya todo al frente de la liberación, del retirarnos el eccema afectivo, que es cosa de marcar mucho las edades del hombre. Porque entre Manolo y yo, aparte la evidencia en cuanto a expansiones hercúleas, no hay grandes diferencias, y por eso la obra fragmentada que tengo frente a mí me tiene en circuitos de frío, aunque se titule Verano (Lastura, 2015). Lo mismo que a él.

        Verano en una cabeza nevada de diciembres.

        Desconozco el tipo de Navidad a la que se trenza Manolo, pero de seguro que en su conciencia alegre se presenta como festividad de restricciones. Eso de no poder retirarle la pegatina a media docena de Brut Nature, y tal. Pero qué quieres. De todos modos la sístole extra no es cosa de sexagenarios, amog. Mañana ven y te lo cuento. ¡Mañana, día uno de enero! (Espero te reconozcas puesto en valor en esta jornada laboral mía de 31 de diciembre, Manuel).

        Lo cual que, uhm, a las preguntas.

        Verano. El olor encapsulado de un mar fluctuante; ¿te viste empujado a alguna orilla (para escribir esto)?

        El título es puramente epidérmico. Hace referencia a una temperatura emocional. Cierto que en verano –me refiero a la estación del año- se ven las cosas con las ventanas más abiertas a la realidad, lo exterior, la calle, aunque yo abomino del bullicio y no soy nada gregario. Nunca acudo a las piscinas.

        Creo que no conocía a un Manuel Lacarta tan a pecho abierto. ¿Llega un punto en que a uno le da igual descender el podio de la imagen/semblanza lírica (aquí todos somos malditos), o el escritor vive siempre en nostalgias?

        Sí. Verano es un libro a pecho descubierto. Quizá la poesía sea siempre, y simplemente, eso: expresarse a pecho descubierto. No es ni el “tú” ni el “vosotros”; sino el “yo” de un relámpago. ¿Con nostalgia? No lo sé muy bien. ¿Tengo yo verdadera nostalgia?

        ¿Te sigue urgiendo la literatura o ha quedado como acto reflejo de un posicionamiento frente a las cosas?

        Claro que la Literatura es una forma de estar. Ello no niega lo más convencional: escribir es acomodarse cada vez, relacionarse de alguna forma con los demás. Pero la urgencia, sí, es algo casi masturbatorio.

        En Verano hay mucho de doméstico, de la batalla fresca de los días, pero en ocasiones vira hacia un lirismo casi agónico, que nos da la técnica aplicada (automática, apremiante) y el momento vital del autor: ¿por qué tiene prisa Manuel Lacarta?

        Verano es muy doméstico. Yo he pretendido que fuera próximo, directo, sencillo, y, sobre todo, cantable. No percibo nada agónico en él; ese “apremio”, nunca automático, es vitalismo, vitalismo literario. Juventud, pese a los que objetivamente os sabéis jóvenes.

        ¿Qué opinas hoy de tu trabajo divulgativo (biografías/ensayos)? ¿Te ha procurado más satisfacciones que la labor estrictamente creativa, o cualquier género es excusa para hablar de uno mismo?

        En todo lo que uno escribe está uno mismo. Otra cosa es que uno hable, tal cual, de uno mismo. Yo con mi privacidad soy muy pudoroso. Reconozco que el ensayo biográfico, la novela, otros géneros; tienen una aceptación mayor que los libros de poesía. Nada, sin embargo, me da la verdad de una época, como el “yo” adánico, solitario, de un León Felipe, Blas de Otero, Celso Emilio Ferreiro. Poesía social. Sí. Pero nadie acerca al Amor como Garcilaso, Salinas…

        En nuestros frecuentes desmanes céntricos, tantas anécdotas tuyas quedan sin réplica literaria; subimos de grados, y se me olvidan las cosas. Me gustaría haber prescindido de la evaluación de Verano, y haber orientado el coloquio hacia temas generacionales, de cuando los cafés, porque tú eres de los pocos que pueden aún testimoniar de aquel Gran Madrid.

        Vale. Yo creo mucho en la oralidad de la literatura. En ese traer cosas, y gentes, a la conversación. Pero el “Gran Madrid” que tú dices era las más de las veces un pobre Madrid, paleto y provinciano. Las tertulias de café son resabios, ¿quién lo duda?, de los casinos de pueblo. Conocí gente magnífica, pero era siempre una minoría. Entonces, los que menos bulla armaban, claro.

        ¿Qué le pasaba a Gerardo Diego cuando subía al Metro?

        Ja, ja. Con lo delgado y frágil que era, resultaba imposible arrancarlo de la barra en las apreturas y salidas de las estaciones. Tenía una energía engañosa. Era además de los tipos que más sabían de música, pintura, literatura. Como escritor, estuvo en las vanguardias y en lo más clásico.

        De todos los notorios con quienes batiste espumas, ¿de quién guardas un mejor recuerdo?

        No queda elegante decirlo.

 martin parra epitafio heilipus manuel lacarta

        Percibo en Verano a un Lacarta metido en paternalismos (hacia el lector) y autoindulgencias (no se puede concluir distinto de un diario tan íntimo). ¿Es el sentimentalismo una buena crítica?

        Sí. Me han llegado a llamar paternalista ya varias veces; pero yo no me siento, no me veo así. Autoindulgente, ¿quién no? Pero sentimental, blando, ¡tampoco! Cuanto hay de diario en Verano, desde luego, va envuelto en otros continentes y contenidos. ¿Sirve decir que abuso un poco de la ironía, de las dobles lecturas, de la llaneza?

        Dos temas recurrentes hay en tus obras: la mujer (y su dualidad erótico-familiar), y la ciudad. Si hay algo que reconozco en Manuel Lacarta es el madrileñismo, que trenza, con intención revoltosa, a un todo generacional; y el gusto por señalar excepciones. En los pasajes más sentenciosos de Verano veo a RAMÓN.

        Yo he publicado mucho sobre Madrid, ¿a qué negarlo? Sin embargo, me siento sin patria, unigeneracional, de ninguna ciudad plenamente. Cierto: en Verano hay bastante de greguería, boutade, y de RAMÓN. Pero igualmente, de Ernesto Giménez Caballero, Azorín, J.R.J.… Respecto a la mujer. Bien. Pues sí. La Mujer, así en mayúscula, articula mucho de mi mundo literario.

        ¿Y de los autores jóvenes? ¿Qué extrae Lacarta? ¿Acaso un evocar sus tiempos de “comparsa”, en empezando la conquista de aquel estrecho Madrid?

        Yo a los más jóvenes los escucho y los leo. No a todos, por supuesto; sino a unos pocos, pocos… Envidio, en Literatura, la espontaneidad. Respecto a lo otro. Nunca fui “comparsa”, y, bien sabe dios, que sufrí lo mío por ello. ¿Puedo escribir aquí dios con minúscula?

        Todavía te queda cuerda para rato, maestro; ¿yerro?

        ¿Qué va uno a decir a eso? Pues que el Niño Jesús nos preserve de todo mal, ¿no? Amén.

Habla el autor Paco Gómez Escribano

―Que Paco Gómez Escribano está limpiando el barrio de lilas y notorios, y que lo ha situado en el mapa (literario).

―No creo.

―Tú no tienes por qué creer nada. Pero te digo que una calle con su nombre cae en ná.

―¿Y por dónde queda esto?

―Por Canillejas. Foco de agitación obrera.

―Se lo habrán llevado por delante, al chorizo. Con mucho follón y agravio del cero noventa y uno. De ahí los honores.

―Quita, que sigue vivo. A éste no le encanallan tan fácil. Por eso digo, que le llega antes la calle nominal que las honras fúnebres.

―Pues no lo entiendo.

―Vamos a preguntárselo…

Paco, que si es verdad que lo tuyo con la literatura es un recorrido sin muchas paradas. Directo y agónico.

Eso no estaría mal, pero no. Hay paradas, requiebros, transbordos e incluso pérdidas de tren. Hoy en día la escritura y corrección de la novelas no es la única tarea de un escritor, como antes. Tienes, además, que ser visible, estar con los lectores, estar en los festivales y si es posible tocar la guitarra. Si no, no te comes un Saci.

¿Te gustaría poder mandar a la mierda la docencia, o, aparte de darte de comer, es un complemento válido en la carrera lírica?

Es una experiencia muy válida, como cualquier otra. Un escritor tiene que tener un bagaje vital, y ser profe te curte. Ahora bien, si lo dices por aquello de si me gustaría ganarme la vida con la escritura la respuesta es sí. Pero eso, querido colega, es una quimera de padre y muy señor mío.

No te pido un arranque lírico porque sospecho que te va más la compraventa

Menospreciar desde egos de pastel, desde torres que serán derrumbadas por minutos cargados de veneno. Despreciar desde lo alto de una vanidad basada en mentiras de papel crochet, en promesas de cartón piedra. Caer y buscar la ayuda de quienes mancillaste con tu envidia, de los que un día alejaste de ti porque parecían insectos que iban… ¿a la mierda, amigo? Tú eras esa gran mierda, estilizada, vestida de mentira. Y cuando mueres solo, cuando tu corazón podrido deja de latir

porque no sabes buscarte la vida, aún te preguntas por qué, y esos porqués se esfuman, como tu despreciable vida de mierda.

Qué, ¿a que has flipao?

Tu género, tu excitante, es lo Noir. ¿Cuándo aparece, con vistas a sentenciar, esta predilección? Me resulta difícil figurarte leyendo, qué se yo, una de Flaubert.

Hombre, a ver, Flaubert fue el hijo del cirujano jefe del Hospital de Ruan, y mi viejo era soldador, así que ahí ya por nacimiento no coincidimos. El tipo en cuestión viajó y se dedicó a vivir de su patrimonio, y yo llevo madrugando toda mi vida. No me interesa en absoluto lo que escribió ni este ni otros tipos parecidos.

Me interesa lo Noir, y no todo, como bien dices, porque es un género que habla de lo que ocurre en la calle. Como hicieron en el Siglo de Oro español Cervantes, Mateo Alemán o Quevedo, Chandler, Hammett o Burnett entre otros llevaron la Literatura a las calles, sustituyeron las princesas por prostitutas, a los condes por maderos de carajillo, y a los enfants terribles de la nobleza y la alta burguesía por alcapones de medio pelo. Y ese, me parece un momento precioso, memorable, y que a mí me ha marcado para siempre. Leo y he leído otras cosas, otros géneros, pero normalmente me aburro y vuelvo a lo negro, al Hard Boyled, cuidado, no me interesa para nada la novela enigma ni otras gilipolleces.

Prescindamos de la tiranía del “género”, de los gustos de cada cual: ¿puede un escritor comenzar su obra desde un punto aséptico y blanco, libre, despejado, sin referencia alguna de los clásicos?

Ocurre pocas veces, la verdad. Y cuando ocurre, el experimento suele resultar o bien un fracaso, o bien descubrimos un genio que en vez de una guitarra o una fórmula química ha cogido una pluma. Estoy abierto a las cosas nuevas, pero soy muy dado a las decepciones.

Si no me equivoco, la próxima que publiques será tu quinta (¿o cuarta?) novela, y la sensación es de ascensos. Paco Gómez Escribano vende, y cada vez vende más. ¿Qué hay detrás del fenómeno? ¿Historias, estilo, furibunda actividad?

Quinta, chavalote, quinta, no me pongas, pero no me quites. Vendo más que antes, sí, pero muy poco a poco. Aquí si no eres presentador, guionista o periodista, las cosas van muy despacio. Hay mucha competencia y muchos intereses. Cuando veas a un nota que repite en una editorial, eso es buena señal. No significa que puedas vivir de ello ni de lejos, o que la editorial se haga rica contigo, pero si no pierde y les gusta lo que escribes, pues hay buen rollo. Yo creo que no hay ningún fenómeno ni nada. Es solo que hay un puñado de lectores que les gusta lo que hago y que hay un boca a boca que hace que muy despacio se vaya sumando peña, de lo cual me alegro.

Es cierto que hoy un autor no puede sustraerse al proceso promocional de sus propias obras. ¿Cómo te involucras tú en él?

Ya he comentado algo de eso antes. Mira, los de mi generación somos los primeros que hemos podido estudiar, por tanto hay mucha más gente escribiendo que en la generación de mis padres. Es por eso que nos lo tenemos que currar un pelín más. Si a eso sumas la crisis y que de las editoriales han despedido a editores, correctores, a gente del departamento de márketing, etc., es el escritor el que tiene que desempeñar ahora todas esas labores. Yo me lo monto como puedo. Utilizo las redes sociales, sí, creo que es una buena vía para los que partimos de cero. Además utilizo mi encanto personal (es broma. O no…). Cierto es que hay mucho friqui que se mete a esto de escribir y no tienen ni puta idea. No pasaría nada si fueran modestos, todos hemos pasado por ese momento, pero escriben un libro y se vuelven insoportables. La calidad de los lectores, en muchos casos, no es todo lo estupenda que se podría esperar (haciendo amigos).

Como en política: ¿es necesaria una militancia preexistente y afín para hacerse un nombre en esto? ¿O se nace solo y ya, si eso, uno deja que se vaya agregando material humano?

Pregunta chunga, tío. A cada cual le va en el entierro de distinta forma. Hay que tener tiempo, ganas y suerte. No me como el tarro mucho respecto a eso. Yo escribo lo que me apetece, lo paso a las editoriales y que salga el sol por Canillejas. Mientras, procuro ser un buen tipo y tener siempre presente que nos vamos a morir, que esto no es eterno.

Si Paco Gómez Escribano tuviera que referir aquí influencias (no noir) de su universo literario, se decantaría por estos tres nombres…

Charles Bukowski, Irvine Welsh y…, uff, no sé. Un par de pavos que aunque escribieron solo una novela cada uno me dejaron una bonita sensación: J.D. Salinger y John Kennedy Toole. Te he dicho cuatro. Es por llevar la contraria, ya sabes.

¿Y del panorama Negro español actual? ¿A quién/quiénes cabría destacar, acaso un peldaño por encima del resto?

Hay muchos que lo hacen bien. A mí me molan mucho Alexis Ravelo, Montero Glez, Carlos Salem, Jon Arretxe y Javier Abasolo. Y aquí que no se me molesten los demás. Os quiero a todos, de verdad.

Yo te veo un poco como un trovador: música, palabra escrita, retórica y, lo más importante, giras y más giras. Como un Iggy Pop de pintxo y mahou. ¿Eres un animal de escenario?

El escenario mola un huevo, sí. Pero no, me mola por igual mi habitación, irme a leer a un banco del parque o echar un botijo en la bodega del Suso, y si hay un mus por delante, pues mejor. La vida es un puto escenario. Envidio a ese cabrón de Iggy Pop.

¿Cuándo un novel deja de ser novel?

Nunca. Cuando veo a un nota muy seguro de sí mismo paso de él, mal rollo, tío. No cabe duda de que la experiencia te ayuda, pero también puede ser una mala consejera, porque somos vanidosos y gilipollas. Es difícil lograr el equilibrio. Un día escribes una novela y resulta que tardas poco, corriges poco y encima gusta. Puedes llegar a creerte el puto amo. En la siguiente la cagas fijo. Esto es muy complicado y nunca dejas de aprender.

Los dardos están yendo a lo personal porque aquí sin respaldo humano, sin muescas de culata, no hay relieve ni obras ni interés ni nada. ¿Estás de acuerdo conmigo en que Baudelaire erró al afirmar que no se puede ser sublime sin interrupción? ¿Se puede uno instalar a perpetuidad en el derrape?

Ni de coña. Que se lo digan a Hendrix, Janis o más recientemente a Winehouse. Es cierto que hay peña que tiene una genética que te pasas, pero de vez en cuando hay que parar, dejar el whisky y tomarse un café. Ahora bien, una cosa es eso y otra tomarte una fabada con Nestea. ¡Por ahí no paso!

De hecho, no sé si estoy derrapando mucho en esta interviú…

No, qué va, es un interrogatorio bastante bueno. Quizás son las preguntas más inteligentes que me han hecho nunca, fíjate tú. Eso sí, no te me vengas arriba.

¿En qué andas trabajando ahora? ¿Gozas de total libertad, en lo tocante a competencias de editorial?

Mi próxima novela se llama “Manguis” y se publicará en primavera de 2016 en la editorial Erein. Va de un atraco a un furgón blindado en mi barrio, en el 72. Ahora acabo de terminar una que me ha quedado dabuten. Va de venganza, en la actualidad, pero por unos hechos que ocurrieron en un pasado de descampados, barro, miseria, robos de coches, estiletes, y caballo.

Con respecto a la segunda pregunta, sí, escribo lo que me sale de los huevos, estaría bueno.

¿Un deseo para el 20-D?

Lo ideal sería que nadie votara. Así, tendrían que cambiar esto de una vez. Pero como está lleno de borregos que siempre van a ir a votar, me convertiré en uno de ellos y votaré a la opción que más les joda a todos. Lo de los políticos es de vergüenza, de juzgado de guardia, una infamia difícil de erradicar.

Gracias, Paco.

A ti, salao. A ver si un día tomamos una birra, que te vendes muy caro, lechón.

 

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