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El sonido de los parques

No hay nada más gatificante que escuchar la risa de un niño.

Recuerdo, hace algunos años ya, aquel entrañable cubículo de tierra y piedras en el que pasaba las horas junto a mis hermanos o amigos. Jugando a las canicas, el trompo, el pilla-pilla, bola va, el escondite.

Cuando llovía, mi hermano y yo nos manteniamos espectantes junto a la ventana esperando que escampara para ir corriendo a la plaza Juan XIII a jugar a la lima, porque el barro molaba, aunque las manchas en la ropa no tanto a mi madre cuando llegabamos de barro hasta las cejas.

Qué tiempos. Una época maravillosa.

Cada día conocías gente nueva, niños que llegaban nuevos al barrio y que enseguida les inculcábamos nuestros juegos. Nos sentabamos, ya agotados de correr, en un banco y nos contábamos historias a cual más fantástica.

Han pasado muchos años desde aquello y me entristece profundamente contemplar ese gran lugar de recreo sumido en un mutismo total. Los niños ya no quierez jugar, salvo en sus maquinitas o Smartphones.

Son otros tiempos, sí. Pero por mucho tiempo que pase aun conservo la esperanda de volver a escuchar el sonido de los parques abarrotados de niños jugando al pilla-pilla.

¿Es ingenuidad? No sé, yo lo llamaría añoranza.

 

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