Telones rojos que enamoran

El arte de actuar es el arte de provocar en el espectador insospechadas emociones, de llevar al escenario una ficción y convertirla en realidad, de llamar a la imaginación y obligarla a salir de paseo. Actuar no solo consiste en aprenderse un guión y dejarlo ir con algo de gracia, actuar es hacer mágica, belleza, poesía, provocar risas y llantos, incitar a la reflexión, la introspección y a realizar un viaje hacia un increíble mundo paralelo.

Me llama la atención, y lo digo por experiencia, que las butacas acolchadas de las salas más importante de las ciudades las ocupen traseros de personas adultas, pocos son los jóvenes que se dejen acariciar por el terciopelo de éstas. Para algunos el teatro está anticuado, es solo para “pijos”, “viejos” o gente adinerada que no se conforman con ir al cine, pero he de decir, que se equivocan. Si consideramos que los adolescentes y los jóvenes son el futuro de nuestro país, menudo futuro nos espera teniendo en cuenta tales pensamientos.

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Es en este punto cuando me atrevo a dejar florecer una de las cuestiones que me corroe las entrañas cada vez que entro en un teatro y me dejo seducir por la ficción: ¿Dónde está la gente de mi edad, los jóvenes? Estar acompañadada de gente mayor que yo es excelente y muy grato, pero me duele el alma observar la escasa voluntad de los chavalines por vivir un verdadero espectáculo. Si algo no entenderé es el porqué prefieren gastarse sus ahorros -y lo que no son los ahorros- en salir cada fin de semana a una discoteca o hacer botellón pudiendo invertirlo en asistir a una sala donde los actores crean magia.

Desde mi pequeña butaca en la que estoy escribiendo mi humilde blog hago un llamamiento a todas y cada una de esas personas que lo lean: anímense a vivir una experiencia única. No es justo que se infravalore el teatro, acudir al cine a gozar de una buena película es estupendo, pero también hay que plantearse lo espectacular que es tener a esos actores frente a ti, en carne y hueso, interpretando a la perfección un personaje, sin cortes por montaje, sin movimientos de cámara, sin postproducción, sin trampa ni cartón.

El telón rojo se abre para todo ciudadano que esté dispuesto a dejarse enamorar, no existen fronteras de edades, de sexos, de coeficiente intelectual, de estudios o de clases sociales, las únicas barreras que hay son las que tú mismo te pongas. Abra una nueva pestaña de internet en el buscador, introduzca el nombre del teatro que le esté más próximo e impresiónese de la cantidad de obras que están a su disposición, que le están esperando con los brazos abiertos. Las rojas , negras o verdes butacas de las salas son igual o más cómodas que su sofá, pero tienen una ventaja, y es que si ocupa una de ellas se está usted adentrando en un viaje que no le dejará indiferente.

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