MCL (Microcríticas Literarias) 2019-02-16 09:07:00

Próximos al infinito

El sur, última tarde de agosto.
Ellos cumplen veinticinco años de amor,
de amor postergado.

Solos, sin nadie a la vista,
se recuestan sobre el poyete
de una casa de campo.

La luz de poniente
atempera la tierra.
Beben agua. Hablan poco.
Los cicádidos cantan.

Él es físico y asegura que el tiempo no existe.
Ella se esfuerza en creerle.

En veinticinco años usaré bastón,
dice ella. Seré vieja
y perderé la memoria.

El tiempo no existe,
repite él. Este amor no morirá,
este amor nos sobrevive.

Nadie sabe de ellos.

No se besan.
No se acuestan.

No volverán a verse a solas.



Rotura

Vuelvo a soñar contigo
varias noches seguidas.

El tiempo te ha convertido
en intimidad, memoria carnal
y volátil
como aquello que fue
realidad afín.

En el barro inconsciente
nos comprendemos
nos abrazamos
y dormimos juntos. A menudo
hacemos el amor.
Un amor natural y lleno de sentido
en el que nuestras parejas
soportan el argumento labrado
entre los muchos posibles.

Quién sabe si soñar así
significa perdonarnos de una vez por todas.
Lo que en lenguaje común suele decirse
para siempre.

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