Descartemos el revolver

Hombres de acción

En mi familia nunca hubo verdaderos héroes hasta que el tío Cuco, en algunos sitios conocido como José, se hizo contrabandista. Ese día se enroló en una hermosa aventura que lo tuvo seis años durmiendo en un panteón del cementerio, … Sigue leyendo →

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Yo salí con una traficante

El pasado no pasó, pero pasará, seguramente. A menudo viene del futuro, y eso lleva su tiempo. Hace 28 años, por el día de mi comunión, mi tío Agustín me regaló un tigre de bronce, de un metro de largo. … Sigue leyendo →

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Gente de pocas palabras

Hablar no es malo, pero hablar poco es mejor. Se acaba antes. En general, hablar debería ser una operación breve más a menudo. No hay tanto que decir, a fin de cuentas. Todo debiera ser relativamente breve, casi siempre, para … Sigue leyendo →

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Las heces del alcalde

Nunca sabes a ciencia cierta dónde vas a encontrar una buena historia. En mis deprimentes días de cronista de sucesos, resignado a una ciudad en la que no abundaban los crímenes, me especialicé en la rotura de tuberías. No me … Sigue leyendo →

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La magia del último pase

Nos hemos aficionado a improvisar, y eso me gusta. No hay como estar desesperado, decía Quincy Jones, y tener que comer ratas de desayuno. No tardas demasiado en encontrar otra cosa para la cena. Las ratas están bien sólo para … Sigue leyendo →

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Fracasar de maravilla

En el sitio en el que yo empecé a jugar al futbol sólo había una posibilidad remota de chutar de puntera y que el remate saliese del recinto, rompiese un cristal y se colase por la ventana del váter de … Sigue leyendo →

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Los sacerdotes del prostíbulo

Estos días, estudiando el papel del puticlub en la literatura, he descubierto varios curas sudamericanos metidos por el medio. En general, esos sacerdotes son siempre antagonistas, tipos oscuros, dispuestos a procurar como sea el final del prostíbulo; menos en Pantaleón … Sigue leyendo →

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«¡Golpe de Estado!»

Nunca repetí curso, y llevo esa espina clavada. Tanta eficacia, se paga. Lo que sacabas en limpio, después de semejante esfuerzo, era mucha suciedad. En aquellos días aprobar se volvía una colección, chatarra fría, y al final sólo conseguías hacerte … Sigue leyendo →

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Creo que me voy a morir

El miércoles fui a la oficina de empleo. Llovía y hacía sol. El funcionario estudió en silencio los papeles que le había entregado, y cuando finalizó, los volvió a estudiar. Quizá la primera vez los había leído pensando en un … Sigue leyendo →

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Mándalos a la mierda

Llevaba una semana bastante buena, sin sobresaltos. Me levantaba y no tenía resaca. El Atlético había apeado al Sevilla en la Copa. El bar de siempre tenía un camarero nuevo que servía unos gintonics simples del todo y casi perfectos. … Sigue leyendo →

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