Descartemos el revolver

La sorpresa fue mayúscula

No me gustan las sorpresas. Desconfío de la gente que disfruta con ellas. No menos que de la gente que rechaza un chupito de hierbas sólo porque no le gusta. O de la que nunca saca el brazo por la … Sigue leyendo →

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Cuento de maldita Navidad

Eugenio perdió a su madre el domingo, un tipo de día triste incluso para morir. Por si fuera poco, al día siguiente era Nochebuena, una jornada de corte no menos melancólico que a menudo lo hacia llorar en cama, al … Sigue leyendo →

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Llévame a un sex shop

Cuando llevaba tres semanas instalado en Madrid, recibí una llamada telefónica de mi amigo César, desde Ourense. Quería saber si había localizado ya el sex shop con cabinas más próximo a mi apartamento. No, le dije. No había sentido esa … Sigue leyendo →

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Yo nunca olvido un bigote

Los malentendidos aclaran a veces muchas cosas. Allí donde hay un malentendido, existe una posibilidad de progreso. Nadie, después de todo, tropieza hacia atrás cuando corre. Me lo recordó la emisión de Juegos de guerra (1983), de John Badham, ante la cual … Sigue leyendo →

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La última batalla del bebedor

En la noche de todo bebedor existe un momento insignificante y a la vez crucial, cuando ya has aplazado tus tragos hasta el día siguiente, en el que te pones a prueba. No importa qué hayas hecho hasta entonces. Ahí, … Sigue leyendo →

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Matarratas con hielo

Mi amigo Z y yo celebramos este martes su divorcio. Cuando te divorcias siempre es sábado, aunque a efectos legales sea martes o lunes. Sólo encontramos abiertos antros nauseabundos, pero nos parecieron Pachá. Allí bebimos matarratas con hielo que encontramos … Sigue leyendo →

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Bragas en el tendal

En una etapa de mi vida me tocó escribir en una habitación con vistas a los tendales del vecindario. Cuando apartaba la mirada del texto, buscando un punto de agarre para continuar la escalada, sólo se me ofrecían camisas, bragas, … Sigue leyendo →

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Pase sin llamar

Nunca puedes estar seguro de qué vas a encontrarte al otro lado de una puerta cerrada. En ocasiones, la maniobra anodina de empujarla se convierte en una aventura gloriosa, como me ocurrió este domingo al salir a la calle. Era … Sigue leyendo →

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Se acabaron los sorbos

Me infunden mucho respeto, desde siempre, las personas fieles a sus aborrecimientos. Hay odios muy sanos. Respiras por ellos. No imagino cómo podríamos sobrevivir a la vida diaria sin nuestras alergias personales, como cuando se te atragantan el brazo de … Sigue leyendo →

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Haga una lista

Cuando el cabo de la Guardia Civil palpó los bolsillos de Andrés V.T., por si acaso, halló en la camisa un mechero del Partido Popular en las últimas y un papel doblado en dos, arrugado y grasiento, con un lejano … Sigue leyendo →

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