TÚ, MI YO, DEBERÁS CEDER por NATACHA G. MENDOZA



Tampoco le estás ganando a la vida por goleada, ten en cuenta que ahí fuera todo es más catastrófico de lo que aparenta. Sí, brilla el sol, pero no te fíes. Los antecedentes de este verano son crueles, hay demasiados cadáveres sin encontrar. Pero aunque me hable en voz alta, aunque intente convencerme de que debo salir y ser valiente, termino desempolvando el caparazón para esconderme en la oscuridad. No te hagas ahora la débil, pequeña, bueh, negociemos; me pondré un vestidito de flores, y tú, mi yo, deberás ceder, entrar más en este cuerpo y empujarlo hacia la luz del maldito sol. Es que hace milenios que no sé apreciar la brisa, o el hecho de andar por esa orilla hasta sentir el frío de un océano que no me conoce. Debemos intentar ser una, al menos hoy, antes de que el verano decida marcharse sin aviso, para esconderse detrás de otras estaciones que vendrán también a joder. Ayúdame a camuflar este dolor, este ejercicio que es soportar el tiempo corriéndote el cuerpo. Tampoco le estás ganando nada a este encierro, a ese hueco en el que te haces ovillo. Me peinaré, hoy sí me peinaré.

Natacha G. Mendoza


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