Ahora y siempre, de Ray Bradbury


De “En algún lugar toca una banda…”:

-Ya habrá oído hablar de los lirios del valle. No trabajamos, ni nos esforzamos. Igual que usted. No tiene que hacer nada, ¿no? En ocasiones, como esta noche. Pero sobre todo viaja de un lado a otro entre sus orejas. ¿No?
-¡Dios mío! –exclamó Cardiff agarrando su libreta–. Ermitaños. Solitarios. Reclusos. Docenas y docenas. ¡Son ustedes escritores!
-Puede volver a decirlo.
-¡Escritores!
-En cada habitación, desván, escobero, o sótano, a ambos lados de la calle hasta el final del pueblo.
-¿Todo el pueblo, todo el mundo?
-Todos… excepto unos cuantos analfabetos perezosos.
-Eso es inaudito.
-Ahora lo está oyendo.

**

“Plumas, lápices, libretas, papel –pensó Cardiff–. Susurros de plomo o tinta. Tranquilos pensamientos de verano o tranquilos mediodías de verano”.
-Escritores –murmuró Cardiff escrutando las casas al otro lado de la calle–. Nunca tienen que levantarse y marchar. Y nadie sabe de qué color eres por correo, ni qué sexo tienes, ni si eres alto o bajo. Podría ser una compañía de gigantes, un espectáculo de enanos. Escritores. ¡Madre de Dios!

**

-Santo cielo, todo encaja. Escribir es la única actividad que podría mantener a un pueblo como este, tan apartado. Como un negocio de pedidos por correo.
-Escribir es un negocio de pedidos por correo. Si quieres algo, escribes un cheque, lo envías y, antes de que te des cuenta, la compañía Johnson Smith de Racine, Wisconsin te envía lo que necesitas. Gafas con visión de 360 grados. Giroscopios. Máscaras de carnaval. Muñecas de Anita la huerfanita. Escenas de El jorobado de Notre Dame. Cartas que desaparecen. Esqueletos que regresan.
-Todas esas cosas buenas –sonrió Cardiff.
-Todas esas cosas buenas.
Se rieron juntos.
Cardiff resopló.
-Así que esto es una población de escritores.
-¿Está pensando en quedarse?
-No, en marcharme.

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-Ahora, déjame ofrecerte la explicación final de mí misma y de todos los amigos que has conocido aquí. La gran “medicina” fue descubrir que estábamos vivos y que nos encantaba. Hemos celebrado cada día de nuestras vidas. La celebración, el júbilo de adorar ese regalo, nos ha mantenido jóvenes. ¿Parece imposible? Simplemente saber que estás vivo y mirar al sol y disfrutar del clima y expresarlo en cada momento de tu existencia, eso asegura nuestra longevidad. Vivimos cada momento de nuestra existencia al máximo, y eso es una medicina magnífica. De ese modo negamos la oscuridad. Ahora piensa en lo que he dicho y háblame de tu futuro.

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De “Leviatán 99”:

Dentro del espacio silencioso y sagrado contemplamos el techo curvo y panorámico y allí vimos, flotando, las formas transparentes de hombres y mujeres largamente perdidos en el espacio. De ellos emanaban suaves murmullos, un susurro multitudinario.
-¿Y esos? ¿Por qué? –preguntó Quell.
Contemplé las formas flotantes.
-Memoriales, imágenes y voces de aquellos que han muerto y han sido enterrados para siempre en el espacio. Aquí, en el aire elevado de la catedral, al amanecer y en el ocaso, se proyectan sus sombras, se emiten sus voces, para recordarlos.

**

Hemos huido de viejas voces de radio, nos hemos alejado de lunas perdidas con ciudades perdidas, nos hemos negado a compartir alegres bebidas y buenas risas con solitarios hombres del espacio, e ignorado a raros sacerdotes en busca de sus hijos perdidos. La lista de nuestros pecados se hace cada vez más larga. ¡Oh, Dios! Debo escuchar, pues, al espacio, ver qué más hay allí, qué otros crímenes podríamos cometer por ignorancia.



[Minotauro. Traducción de Rafael Marín]

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