¿Qué libro te gustaría encontrarte en una isla desierta?


Llegan fechas señaladas de playa, mar y montaña, arenita y caipiriñas, pero nadie se pregunta qué libro nos llevaríamos a una isla desierta, ¡nadie! Imaginad que una tarde de domingo os dejáis meced en vuestra embarcación de alta mar, cuando de pronto os dais cuenta de que os habéis quedado sin combustible y que ya no veis la costa. Conseguís llegar a una isla desierta y sobrevivís a base de coco y patas de cangrejo. Todo puede ser idílico, menos por un pequeño detalle, los días pasan y no tenéis un libro para leer. Después de meses, la falta de lectura se os hace tortuosa. La pregunta es sencilla, ¿qué libro os gustaría encontraros para pasar el tiempo, así, como por arte de magia? 

Seguro que esta pregunta se la ha hecho más de uno, no mintáis. De hecho, este asunto me vino a la cabeza leyendo el libro Novela de ajedrez, de Stefan Zweig. Una novela que devoré en apenas dos días. Me confieso, estoy enamorada de la prosa de Zweig. Pero vayamos al lío, que los mundos de Zweig pueden ser inabarcables En una de las escenas, se puede leer:

Usted se imaginará sin duda que no perdí ni un instante antes de coger el libro, contemplarlo, leerlo. ¡Nada de eso! Quería antes que nada agotar el placer de tenerlo, el placer deliciosamente contenido de adivinar qué clase de libro sería aquel que había robado, el placer dulcemente enervante de imaginarme cómo debía de ser. De letra bien pequeña, de renglones apretados, con mucha letra y un sin número de hojas bien finas para poder leer más tiempo. Y además quería también que fuese una obra que exigiese de mí un esfuerzo intelectual; que no fuese nada superficial ni fácil de leer, que se pudiera estudiar, aprender de memoria, poesía, y a ser posible, qué temeridad, Goethe u Homero. Pero al final ya no pude contener mi ansiedad ni mi curiosidad por más tiempo. Tendido en la cama para que el guardián no pudiese sorprenderme si abría de improviso la puerta, saqué con manos temblorosas el libro de entre mis ropas. (...) No era más que un repertorio de partidas de ajedrez (59-60). 

El que pone voz al relato es el señor B., pero él no se encuentra en una isla desierta, los nazis le encerraron en una habitación durante meses, sin ninguna clase de distracción. Con frecuencia, le sacaban para someterle a un interrogatorio. En la misma sala, ve que un libro sobresale de la gabardina colgada de uno de sus captores. La curiosidad y sus ansias lectoras vencen al miedo y consigue robar el libro. A mí me resulta una escena fascinante. Y la novela también. La historia se desarrolla a bordo del transatlántico que ha zarpado de Nueva York rumbo a Buenos Aires. Comienza con la historia del gran jugador de ajedrez Mirko Czentovic, pero después pasa al señor B. al mostrarse como contrincante. Ambos son los verdaderos protagonistas de una obra apta para cualquier lector que no sepa ajedrez, que no se preocupe el personal. 


He querido poner el ejemplo de una isla desierta al ser en un escenario más amable, pero vosotros, ¿cómo os gustaría que fuese ese libro? Imaginad ese instante. Veis el libro y los lanzáis a él. Os da igual cuál sea con tal de que tenga letras, pero si pudierais elegir, ¿cómo sería? 

🔻🔻
  • ¿Una novela o un ensayo?
  • ¿Un libro de lengua extranjera para perfeccionar otro idioma?
  • ¿Una antología poética para poder admirar la belleza desde otro punto de vista?
  • ¿Un autor clásico, como La Iliada, para desmenulzarlo bien en los días de pleamar y que requiriera un gran esfuerzo intelectual? 
  • ¿Una novela fácil de leer, de amor, de suspense, fantasía histórica...?
  • ¿Un manual sobre cómo hacer fuego? 
  • ¿Una novela de muchas páginas para después calentarte con sus páginas (hay que sopesas todas las posibilidades)?
  • ¿Alguna parte de una saga o trilogía que quieras releer? 

🔺🔺
No os centréis en el libro que más os guste, sino en el que sea más práctico en una situación de soledad absoluta. En fin, las opciones son muchas, y los libros pocos, más bien uno. No desdeñéis este dato porque puede que os pase en cualquier momento, en cualquier lugar. No-tener-nada-que-leer en kilómetros a la redonda. Ahí lo dejo.

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¿Qué libro te gustaría encontrarte en una isla desierta?


Llegan fechas señaladas de playa, mar y montaña, arenita y caipiriñas, pero nadie se pregunta qué libro nos llevaríamos a una isla desierta, ¡nadie! Imaginad que una tarde de domingo os dejáis meced en vuestra embarcación de alta mar, cuando de pronto os dais cuenta de que os habéis quedado sin combustible y que ya no veis la costa. Conseguís llegar a una isla desierta y sobrevivís a base de coco y patas de cangrejo. Todo puede ser idílico, menos por un pequeño detalle, los días pasan y no tenéis un libro para leer. Después de meses, la falta de lectura se os hace tortuosa. La pregunta es sencilla, ¿qué libro os gustaría encontraros para pasar el tiempo, así, como por arte de magia? 

Seguro que esta pregunta se la ha hecho más de uno, no mintáis. De hecho, este asunto me vino a la cabeza leyendo el libro Novela de ajedrez, de Stefan Zweig. Una novela que devoré en apenas dos días. Me confieso, estoy enamorada de la prosa de Zweig. Pero vayamos al lío, que los mundos de Zweig pueden ser inabarcables En una de las escenas, se puede leer:

Usted se imaginará sin duda que no perdí ni un instante antes de coger el libro, contemplarlo, leerlo. ¡Nada de eso! Quería antes que nada agotar el placer de tenerlo, el placer deliciosamente contenido de adivinar qué clase de libro sería aquel que había robado, el placer dulcemente enervante de imaginarme cómo debía de ser. De letra bien pequeña, de renglones apretados, con mucha letra y un sin número de hojas bien finas para poder leer más tiempo. Y además quería también que fuese una obra que exigiese de mí un esfuerzo intelectual; que no fuese nada superficial ni fácil de leer, que se pudiera estudiar, aprender de memoria, poesía, y a ser posible, qué temeridad, Goethe u Homero. Pero al final ya no pude contener mi ansiedad ni mi curiosidad por más tiempo. Tendido en la cama para que el guardián no pudiese sorprenderme si abría de improviso la puerta, saqué con manos temblorosas el libro de entre mis ropas. (...) No era más que un repertorio de partidas de ajedrez (59-60). 

El que pone voz al relato es el señor B., pero él no se encuentra en una isla desierta, los nazis le encerraron en una habitación durante meses, sin ninguna clase de distracción. Con frecuencia, le sacaban para someterle a un interrogatorio. En la misma sala, ve que un libro sobresale de la gabardina colgada de uno de sus captores. La curiosidad y sus ansias lectoras vencen al miedo y consigue robar el libro. A mí me resulta una escena fascinante. Y la novela también. La historia se desarrolla a bordo del transatlántico que ha zarpado de Nueva York rumbo a Buenos Aires. Comienza con la historia del gran jugador de ajedrez Mirko Czentovic, pero después pasa al señor B. al mostrarse como contrincante. Ambos son los verdaderos protagonistas de una obra apta para cualquier lector que no sepa ajedrez, que no se preocupe el personal. 


He querido poner el ejemplo de una isla desierta al ser en un escenario más amable, pero vosotros, ¿cómo os gustaría que fuese ese libro? Imaginad ese instante. Veis el libro y los lanzáis a él. Os da igual cuál sea con tal de que tenga letras, pero si pudierais elegir, ¿cómo sería? 

🔻🔻
  • ¿Una novela o un ensayo?
  • ¿Un libro de lengua extranjera para perfeccionar otro idioma?
  • ¿Una antología poética para poder admirar la belleza desde otro punto de vista?
  • ¿Un autor clásico, como La Iliada, para desmenulzarlo bien en los días de pleamar y que requiriera un gran esfuerzo intelectual? 
  • ¿Una novela fácil de leer, de amor, de suspense, fantasía histórica...?
  • ¿Un manual sobre cómo hacer fuego? 
  • ¿Una novela de muchas páginas para después calentarte con sus páginas (hay que sopesas todas las posibilidades)?
  • ¿Alguna parte de una saga o trilogía que quieras releer? 

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No os centréis en el libro que más os guste, sino en el que sea más práctico en una situación de soledad absoluta. En fin, las opciones son muchas, y los libros pocos, más bien uno. No desdeñéis este dato porque puede que os pase en cualquier momento, en cualquier lugar. No-tener-nada-que-leer en kilómetros a la redonda. Ahí lo dejo.

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