Porque fuimos, una vez, la luz del mundo

 
 
 
 
Si usas la cabeza, no lo llames amor.
Tú quieres estar loc@, tú quieres que te tiemblen las rodillas.
Todo en tecnicolor. Y ese brillo en los ojos, y esa sonrisa estúpida.
Quieres un Titanic.
Para ti sól@.
Tú quieres el Ferrari del amor. Rojo. Y meterte una hostia por ahí a setecientos kilómetros por hora.

Los planetas se apagan.
Las especies se extinguen.
Los tomates ya no saben a tomates.
Apenas quedan Iceberg. Y ya ves, llevaban allí toda la vida.

No te llevó la muerte. Saliste por la puerta. Sigues viv@. En alguna parte.
Por eso ahora somos dos gorriones
y hay un lado vacío de la cama
que se llena
de agua cuando llueve.

Porque fuimos, una vez, la luz del mundo.

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