IR A UN MUSEO NO ES COMO IR A MISA

Si le digo la palabra “museo”, ¿cuál es la primera imagen que le viene a la mente? ¿Un lugar frío? ¿serio? ¿de pulcras paredes blancas? A pesar de que la concepción decimonónica del museo y el Cuadrado Blanco como solución expositiva hegemónica está bastante superada, aún parece subsistir la peligrosa idea de que los museos son una suerte de templos para el arte entendido éste como religión, en cuyo interior se exhiben las obras elevadas a reliquias procedentes de los venerados artistas endiosados. Pero no hay que olvidar que el mensaje de las divinidades es demasiado encriptado para la mayoría, por lo que se hace necesaria la mediación del capellán, comisario o crítico correspondiente para interpretar la palabra de estos seres superiores en el más respetuoso silencio si no se quiere merecer el vehemente “¡¡shhhh…!!” de la implacable beata que manda callar en misa reencarnada en el vigilante de sala de turno.

Sin embargo, entender el arte como religión es malentender la esencia de éste, mucho más cerca de la provocación que del aleccionamiento. El arte, por tanto, no puede ir a morir a espacios rancios que fomentan el rechazo de una parte demasiado importante de la sociedad, que sigue percibiendo los museos como lugares elitistas y alejados de los intereses de la mayoría. De hecho, esta concepción obsoleta dista mucho de las últimas definiciones oficiales de museo, que contemplan su aspecto lúdico al señalar “el recreo” como una de las finalidades de los mismos. Las corrientes museológicas más recientes también están por la labor de promover unos museos cercanos y estimulantes, en donde la gente acuda no solo para aprender sino también para pasárselo bien en un ambiente distendido y agradable, y cuya experiencia cultural sea tan satisfactoria que desee volver a visitarlo.

Estos museos no son una utopía, o al menos, no lo son en todo el mundo. Casi de manera fortuita, me topé en Japón con el mejor museo de escultura que he visitado nunca: “The Hakone Open-Air Museum”. Ubicado en un paraje espectacular al lado del Monte Fuji, el museo se plantea como un magnífico y extenso espacio al aire libre donde grandes esculturas, land art y site-specifics van sorprendiendo al visitante que recorre admirado semejante espectáculo. Se exhibe además, en una galería instalada dentro del enorme complejo, una importante colección de Picasso que por ella misma ya justificaría la existencia de un solo museo. Otras salas interiores de escultura o exposiciones temporales varias, de museografía cálida y acogedora, perfectamente señalizadas y explicadas, completan la propuesta del sitio. Los niños y niñas, por su parte, disfrutan de grandes y coloridas instalaciones artísticas creadas para ellos, que estimulan sus sentidos y les acercan de manera natural al mundo del arte. El lugar está concebido como un espacio para la contemplación, el aprendizaje y el disfrute, por lo que además cuenta con un baño de aguas termales en lo que vendría a ser la mitad del recorrido, totalmente gratuito, para que los visitantes puedan hacer una parada y reposar sus exhaustos pies después de haber comido (o no) en el café-restaurante adyacente. Al borde del éxtasis, creyendo estar ya abandonando el museo, espera un laboratorio de escultura en donde varias actividades interactivas y simuladores buscan que el visitante comprenda por sí mismo las complejidades de la escultura como lenguaje artístico.

Aunque en Mallorca tendríamos algo parecido (de lejos) a esto, el Museo Sa Bassa Blanca de Alcudia, aún es necesario promover museos que se parezcan más al de Hakone y menos a los deprimentes cementerios de obras. Quizá estamos obligados a preguntarnos si el problema ha venido por incapacidad, o si más bien es que no ha interesado demasiado promover espacios para la reflexión, la creatividad y el debate, pues el arte, en tanto que conversación y agitador de conciencias, puede ser el chispazo culpable de despertar del cómodo letargo a la población sin espíritu crítico, blanco fácil para el adoctrinamiento, y tan conveniente para algunos.

Artículo aparecido originalmente en el Diario de Mallorca el 23 de octubre de 2017

http://www.diariodemallorca.es/cultura/2017/10/23/museo-misa/1257671.html


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