Agua salada, de Charles Simmons



En el verano de 1963 yo me enamoré y mi padre se ahogó.

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Madre era la que me decía lo que podía y no podía hacer. Padre me decía lo que debía y no debía hacer.

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-Michael, a ti Zina te parece una chica, pero es una mujer hecha y derecha. Te partirá el corazón como no te quites esa idea de la cabeza. En la vida uno no obtiene lo que quiere por desearlo; uno obtiene lo que la vida le da.

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-A lo mejor a Zina no le apetece contártelo a ti –terció madre–. Por mi parte, no estoy de acuerdo en que el amor sea un consuelo para la condición humana; para mí, forma parte de la condición humana. Unas veces sale bien y otras veces no, como casi todo en esta vida. Pero siempre es una ilusión. El ser amado no responde a nuestras expectativas, y cuando el amor perdura más allá del desencanto también se convierte en un cepo.
Pregunté:
-¿Por qué el ser amado no responde a nuestras expectativas?
-Porque tenemos unas expectativas muy altas y el ser amado tiene sus defectos. –Se volvió hacia padre y le dijo–: ¡Díselo!

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Lo que yo sentía por ella incluía también el sexo, pero el conjunto era mucho más importante que el sexo.

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-Dos personas se juntan y tienen un hijo, ¿sabes? Nunca hay tiempo suficiente, nunca se duerme lo suficiente. Mal que bien, sales adelante. Y las cosas se vuelven más sencillas. Lo que era imposible se vuelve posible. Consigues plantearte las cosas a un año vista. Al principio no podías ni plantearte siquiera el fin de semana. Ahora sabes lo que pasará, lo sabes de sobra.


[Errata Naturae. Traducción de Regina López Muñoz] 

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