EL LARGO VIAJE DEL LSD AL ADSL por ANZONI MARTÍN



Capítulo 2

AÑO 2015: PRIMER ENCUENTRO

RECITAL DE POESÍA RUDIMENTARIA DE TONI TONELADA EN EL CAFÉ PICAPICASO


Para Henry, que por aquel entonces se llamaba Enrique, era la primera vez que asistía a un recital poético de un poeta de renombre. Toni Tonelada era un poeta genial, aunque desconocido para el gran público, como la mayoría de los poetas. Enrique no conocía físicamente a Toni Tonelada (TNT), pero pronto se percató de que era el barbudo gordo que firmaba un libro a un viejo demacrado y nervioso que se había acercado a él. El poeta se mostraba antipático y pasado de rosca, pero desprendía cierto brillo acompañado de una inolvidable aureola de olor nauseabundo. Se le veía cansado, imaginaba que su aspecto fatigado se debía a la incesante actividad de un cerebro en continua ebullición.
La poesía rudimentaria surge a finales de los años 90, dicha corriente tuvo en la figura de Toni Tonelada el mayor y único exponente. La primera etapa de este movimiento poético, la Etapa Blanda, duró una semana y partía de unos principios que planteaban diferentes soluciones a los problemas típicos de los recitales poéticos de la época.
El primer problema general era la comprensión del poema.Toni Tonelada lo solventó con una poesía simple. El recital no admite la relectura ni el rerrecital, por ello debía ser fácil, sencillo, rudimentario. Y no satisfecho con esa premisa estableció un turno de preguntas al final de cada obra para que no hubiese lugar a dudas acerca de la interpretación e intencionalidad del autor.
El segundo gran problema era el final del poema. Los asistentes a cualquier recital no saben si la poesía ha terminado, incluso a veces interrumpen con un aplauso a destiempo cuando aún queda un último verso o varias estrofas. Toni Tonelada tuvo la genial idea de establecer un cierre poético de una manera sutil, concisa y tajante. Terminaba cada poesía con un “¡YA!” con lo que permitía poder aplaudir al unísono al final del último verso, al final de cada poema, de cada “¡Ya!”.
El tercer y último problema que abordó fue la falta de asistentes, para ello diseñó un plan tan complejo que chocó con los principios básicos de la poesía rudimentaria y creó un dilema ultrapoético que derivó en el final de la Etapa Blanda de la Poesía Rudimentaria y abrió paso a una Etapa Dura, sin evolucionar, que aún espera un continuador.
Toni Tonelada subió a una pequeña tarima que no llegaba a ser escenario. En el café Picapicaso se hizo el silencio mientras Toni se sentaba frente a una mesa y aproximaba el micrófono a su boca. Su mirada recorrió las caras de todos los asistentes. Se dirigió a un pobre (poco numeroso) público entregado y dijo gritando: “Calla ¡ya!, ¡callad ya! encalladas…ya… ¡ya!… ya… ¡ya!… ya” —continuó hablando con un tono más suave.
—Buenas noches. Soy Toni Tonelada. Voy a recitar una serie de poemas rudimentarios. Una de las ventajas de recitar es que no apreciaréis las faltas de ortografía. Al acabar cada poema diré ¡YA!, para que podáis aplaudir tranquilos. Si alguno no entiende el significado podéis preguntarme cualquier cosa. Yo intentaré explicar alguno de los poemas antes de finalizar el recital. Empiezo con la Trilogía de Lorca. La Trilogía de Lorca son tres poemas problema que hacen un trío homenajeando a Lorca. Los pensé hace varios años, aunque siguen puliéndose, embruteciéndose o acabándose todos los días. Es mi pequeño tributo a Lorca, un canto de veneración al que es algo más que un poeta.

Trilogía de Lorca 

Poeta en Hipercor

No pude ir a Nueva York,
quebró la línea low cost
y me volví a Alcorcón.
Pasé por Hipercor,
quise ser poeta
poeta en Hipercor
pero Saramago se adelantó.
Compré un libro de Lorca
y ahora vivo en Murcia.
¡YA!

Al terminar el poema se oyeron unos tímidos aplausos que Toni no dejó prosperar al proseguir de inmediato con el siguiente poema lorquiano, un poema titulado Karaoke de Lorca

Karaoke de Lorca

En Murcia no estaba mal,
me compré una moto…
hubo un terremoto…
Había un karaoke y una discoteca.
Desde entonces…
A veces, demasiadas veces…
tengo la sensación de vivir
entre almas karaokeizadas
que repiten canciones
de canciones repetidas.
Son ecos de karaokes.
Desde entonces…
A veces… demasiadas veces…
me repito
que quiero ser irrepetible.
Y ellos siguen cantando
sus ecos de karaokes,
sus canciones repetidas,
desafinando,
cantando mal.
¡YA!

Aplausos más numerosos y sonoros, los asistentes ya habían centrado toda su atención en Toni. Esperaban boquiabiertos el último poema de la trilogía de Lorca, se llama Discoteca de Lorca. En este poema Toni Tonelada acelera el ritmo de recitación siguiendo un compás machacón que apoya cada verso. 

Discoteca de Lorca 
(Subtitulado: no sé si ir de fiesta o echarme la siesta)

Que musicote, me dijo ella.
Que musicote, que musicón.
Vaya temazo, me dijo ella,
vaya temazo, vaya temón.
Yo me reía y contestaba:
que subidote, que subidón.
Menuda noche,
vaya pasada,
vaya pasote, vaya pasón.
Me echaron del chill out,
no me gusta el house
y me voy a casa.
¡YA!

Volvieron a escucharse risas y muchos aplausos, algún “bravo” y un silbido cariñoso. Toni dio las gracias y continuó.
—¿Tenéis alguna pregunta? Continuaré con la Trilogía de Petimetres. En esta serie de poemas hablo del surgimiento de un nuevo petimetre tecnológico, una nueva moda del complemento electrónico que obliga a estar entre ondas, entre líneas digitales de banda ancha. En esta trilogía inacabada surgió mi gran último poema. 

Trilogía de petimetres


Hago chat y aparezco a tu lado

Chateo con Toni,
se compró un poni.
Chateo con Clara,
nunca se aclara.
¡YA!

Hombres G

Pasar del LSD al ADSL no es fácil.
Del kiwi al “kifi”
del “kifi” al wifi.
Pasar del LSD al ADSL no es fácil.
De Comando G a
los Hombres G
y luego…
hombres 3G, 4G, 5G…
¡YA!

Este poema produjo carcajadas y una fuerte ovación final. No hacía falta ser un gran entendido para que el poema calase entre los asistentes, para entender que estaban escuchando algo muy grande, que estaban ante lo que era considerado la obra maestra de la poesía rudimentaria. Toni se detuvo unos minutos para hablar acerca de este poema cumbre.
—Lo explico. Este poema es una metáfora parabólica de cómo el paso del tiempo convierte lo natural en artificial, de cómo la socialización viene determinada por el mercado y por el consumo, de nuestra pobre capacidad de elección. Para mí, el verso PASAR DEL LSD AL ADSL NO ES FÁCIL, que admite millones de lecturas, para mí, supone la cima de toda mi poesía. Expone el recorrido de cualquier biografía, pensamiento o historia. Y lo hace de un modo prosaico, pero con una inmensa elegancia rudimentaria.
Y Toni, tras hojear con calma un puñado de folios apoyados en un atril, se detiene en uno de ellos y vuelve a hablar. 
—Seguidamente introduciré una poesía prosaica rudimentaria musicada. Un intento fallido de dar más sonoridad a mi rima, de intentar apoyarla en una base instrumental, de hacerla canción. La poesía se llama Saxo.

Saxo

Si quieres ser cantautor
no toques el saxofón.
No pierdas más el tiempo
con instrumentos de viento.
Recuerda siempre, recuerda,
usa instrumentos de cuerda.
Si quieres ser cantautor
no toques el saxofón.
Tampoco con clarinete,
métetelo en el ojete.
¡YA!

—Y, para finalizar, algunos poemas de la Etapa Dura. La poesía rudimentaria necesita un continuador. Mi propósito iniciador ha acabado, mi próximo objetivo es dejar de ser poeta y escritor. La siguiente poesía se llama Zapatos.

Toni mira al vacío y permanece en silencio. Tras esa breve pausa ofrece una lacónica explicación sobre el contenido del poema.
—Los zapatos, unos zapatos entendidos como elemento funcional, pero también como objeto estético. Y es precisamente esa combinación de lo útil y lo bello, de lo superficial y lo necesario lo que compone nuestro espíritu. Con la poesía musitada y esta poesía cuentista “entreteniente” se ponen las bases de la etapa dura de mi poesía rudimentaria. La siguiente poesía se llama Zapatos, pero también se podía haber llamado Zapatillas.

Zapatos

No encuentro mis zapatos.
Ni en el baño,
ni en la terraza
ni en la basura
ni en el patio
ni en la nevera.
No encuentro mis zapatos.
Ni en la ventana,
ni bajo la cama,
ni en la papelera.
Está lloviendo
y no encuentro mis zapatos.
No lo entiendo.
Tengo que irme a trabajar
y ya no sé dónde mirar.
Se me hace tarde,
llega la hora,
tampoco están en la lavadora.
Me calzo unas bolsas del híper.
En el metro no me dejan de mirar.
Al menos llego a tiempo a currar.
Pero a mi jefe no le hace gracia verme así
y me despide en un plis.
Abrazo a mi compañera María
y salgo de la zapatería.
No lo entiendo,
para otra vez
diré que estoy enfermo.
¡YA!

Y de nuevo comienza a fraguarse un conjunto de aplausos que componen un acompasado estruendo palmar. Toni Tonelada interrumpe la ovación con nuevas pinceladas acerca de la poesía rudimentaria:

—Podéis apreciar que se trata de un poema rudimentario con una intención más comercial, menos elitista. El poema habla de las malas decisiones y de la ceguera ante soluciones fáciles. También de lo paradójico del cotidiano sentido vital: vendo zapatos y no tengo zapatos. Y ya para ir terminando, voy a recitar el último poema escrito en la etapa dura. Habla del final del fin, de la reinvención de la vejez. Este otro poema de la etapa dura se llama Yayo y yo. Una vuelta a la infancia a través de la vejez, un homenaje a la familia olvidada y arrugada. Se trata de un último abrazo de despedida a mi abuelo alcohólico, a mi abuelo más cercano. Esa cercanía se vio truncada por un aliento que le impidió tenerme más tiempo a su lado. 

Yayo y yo

Hay que reírse:
a mi abuelo le dieron cita
meses después de morirse.
Desenterré su cadáver,
pedí una ambulancia
y me presente en consulta.
Una doctora muy bruta
le hizo la resonancia.
Me dijo que no era nada
y le mandó una pomada.
Me dice que esté tranquilo,
que el tiempo no tiene piedad
que eso les pasa a todos
al llegar a cierta edad.
Me despido de la despiadada.
Con un taxista ufano,
de vuelta al cementerio,
le voy quitando gusanos
al abuelo Emeterio.
¡YA!

El café se puso en pie, el público chilló, lloró y volvió a aplaudir sin pausa hasta que Toni hizo un gesto de parada mostrando las palmas de sus manos.
—Muchas gracias. Necesito que me preguntéis, debéis preguntarme sobre mis poemas. Sería un gran halago para mí saber que el poema os ha despertado interrogantes y dudas, que os ha hecho cuestionar trocitos de realidad. 
Alguien del fondo pregunta. Soy yo, es Enrique, ese Enrique que está comenzando a ser Henry. 
—Buenas noches Toni. Lo primero es agradecerte el regalo que nos haces al poder escucharte. También quería preguntarte algo. Cuando escribes algo tan potente que sabes que ya no vas a escribir nada mejor, ¿cómo superas ese volver a enfrentarte con tu escritura? 
—Muy interesante. Es evidente que “pasar del LSD al ADSL” es un verso cumbre. Tras llegar a la cúspide necesitas descansar, bajar, no puedes llegar a otra cumbre cuando acabas de alcanzar una. Necesitas calma, llanura y reponer fuerzas. Sabes que tal vez no podrás llegar a otra cima similar, pero al menos intentarás subir otras montañas que en ese momento incluso desconoces donde se encuentran. Por eso escribo Zapatos, un regreso a lo terrenal, a pisar el firme. No es fácil motivarse tras haber llegado a esos versos sublimes, casi insuperables, o al menos insuperables para mí. Por eso escribo Yayo y yo. Veo el fin y no encuentro salida, aunque saque al muerto de nuevo lo llevo a la tumba. Es un poema zombi, una petición de reanimación, de resurrección, un grito de auxilio. Yo ya soy un moribundo recitando los estertores de mi poesía moribunda que busca un reanimador. 
Y tras un profundo suspiro, hizo una breve pausa y preguntó: 
—¿Hay alguien que se anima? ¿Quién quiere seguir la estela del Rudimentarismo Poético? Ánimo y gracias. 

Con esta respuesta con preguntas, Toni abandonó el escenario llorando, entre aplausos, pero sabiendo que esta vez sí sería su último recital.

Anzoni Martín, de El largo viaje del LSD al ADSL (Colección Grandes Sobras, 2017).

anzonimartin@yahoo.com

1 Comment

  1. Aquí está plasmado lo mejor de la novela. Lo demás es una basura, aunque eso el autor ya lo sabe. Lo mejor es hacer como con el clarinete, metérsela por el ojete. Un grande, Ánzoni.

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