La plegaria

Las paredes de su habitación parecían estirarse como chicle por las tardes. Paco, su mejor amigo, llevaba varios días sin ir al colegio, sin salir a jugar. Su mamá estaba enferma.  La clase estaba vacía sin su amigo, no tenía con quién ir a cazar lagartijas, la pelota se había convertido en una carga molesta. Pero tocaba aquel timbre y siempre le respondían lo mismo. Llevaba así tres días. Y él tenía tantas ganas de jugar... Así que, siguiendo el consejo de su abuela, rezó, rezó con todas sus fuerzas. Y las sentidas y sinceras plegarias del niño fueron oídas. Al cabo de una semana, ya volvían a estar los dos, Paco y él, en el parque, echando un partido. La única pega era que Paco sudaba un montón bajo toda esa ropa negra.

BVT

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