Urgencia

Todas las tardes, más o menos a la misma hora, los perros de mis vecinos comienzan a aullar. Aunque al principio me ponen siempre los pelos de punta, es cierto que tras el escalofrío, llega otra cosa que no sé definir exactamente. No deja de haber, en esos sonidos que parecen venir, no de ellos, sino de las entrañas del tiempo, algo de fúnebre, de campana tocando a muerto y, a la vez, de recordatorio apremiante. Tú que nos escuchas, parecen decir, disfruta de esta tarde. Pero ojo.

Y me prometo empezar a vivir urgentemente, mientras preparo clases y corrijo exámenes. Mañana mismo. O cualquier día de estos.

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