Conclusiones de una noche épicamente intranquila

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Cuando algo se te preste,

Algo así como un regalo,

Tan a tu alcance,

Tan sencillo como la muerte

De una hormiga bajo

La goma de un zapato,

Sospecha,

Sospecha!

Y No vayas.

 

Pero entonces Ve,

Justo cuando el fuego

Queme la esquina,

Del papel en el que escribías,

Justo cuando se antoje imposible,

Ve,

Bajo las tardes grises,

Ante la puerta de hierro,

Golpea,

Golpea,

Ve

Precisamente a por esa puerta,

Pues tras ella se encuentra,

Aquello a por lo que viniste,

Por lo que derramaste sangre,

Aun cuando aún no sabías

Qué diablos era la sangre.

 

Pero No vayas,

Si es que el aire es plácido,

Y plácidamente penetra,

Por la nariz y las orejas,

Así casi como si no estuviera,

No vayas,

Si los pulmones no sufren,

Las cuchillas de una atmósfera,

De alguna otra galaxia,

Roja, violeta, naranja,

Hostil a los ruegos,

Impertérrita ante el llanto.

 

Pero ve,

Ve,

Si el hierro candente

Amenaza tus pupilas,

Si las garras de un águila,

Acechan tu nuca

Desnuda, Tus hombros desnudos,

Cuando la bandera,

Del color del ajedrez,

Ondeé todavía muy en la lejanía.

 


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