otra


crista smith



“Por eso la mayoría de los seres humanos vive tan irrealmente; porque creen que las imágenes exteriores son la realidad y no permiten a su propio mundo interior manifestarse. Se puede ser muy feliz así, desde luego. Pero cuando se conoce lo otro, ya no se puede elegir el camino de la mayoría…”
  
Herman Hesse



Imagino ser princesa del Medioevo,  rosada y bella
que luce apretados corsés que dejan casi al descubierto los senos
faldas vaporosas que insinúan bajo ellas  las piernas largas y eternas
que sonríen a los ojos astutos que se relamen deseando sentir quizás,
la sensación de la tempestad que provocaría el sólo rozarlas.
No soy ésa,
sino ésta:
demacrada,  pálida y fría
helado el cuerpo, incluso en verano
de inviernos constantes y ropas oscuras,
que pocas veces evapora la figura en la mezcla de alientos y alucinaciones y alcohol
de sexo libre y feliz y salvaje
que oculta sentimientos rojos con acento catalán por temor al rechazo.
Decir blanco cuando en realidad es negro. O viceversa.
Anular las noches que fueron hechas para amar
rellenando cuestionarios de urgencias médicas con palabras carentes  de flores
sin posibilidad de recuperar el tiempo perdido bajo las manos de Proust.
Así,
fumarse las horas eternas sin un aquí y ahora
mientras el océano apaga toda posibilidad
de que el humo esté en foco
alguna buena puta vez.



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