Un doble

 

Hace un rato pensé que durante un tiempo tuve un doble. Un falso hermano gemelo con el que todos me confundían. Daba un solo paso y ya me estaban preguntando si yo era el otro, si yo era mi doble. Iba a por el pan o a ver a la abuela en la Alfama del pueblo y ya no sabía bien si yo era el otro o si simplemente era yo mismo. Y así he ido viviendo mientras a veces he jugado a pensar que hubiera sido de mí si yo hubiera sido mi doble y mi doble hubiera sido yo, a quién hubiera conocido o qué sueños habría tenido, que alegrías y qué padecimientos, qué tristeza y qué amores, qué trabajos y qué libros hubiera yo leído…y si siendo yo mi doble me hubiera conformado con la realidad o, por el contrario, hubiera visto la vida como ahora, si hubiera visto la vida no desde la propia vida sino desde lo literario.

Luego se me ha venido a la cabeza el primo Horacio, el primo de Ricardo Piglia, al que el escritor consideraba como su hermano. “Nacimos en el mismo año con días de diferencia y nos criamos juntos”, dice el autor argentino, al tiempo que añade: “Muchas veces he pensado que él es mi doble, se quedó a vivir en la misma casa donde había nacido, se recibió de médico, como quería mi padre que hiciera yo, y no sale de la zona donde vivimos de chico”.

Me he puesto a caminar y he pensado que mi doble no se llamaba Horacio sino Jorge y que a veces me lo encontraba saliendo, como un fantasma, del tejar abandonado. Aquel fantasma de piedra y paredes negras de humedad que había de camino al colegio, cuando todo parecía que iba viento en popa. Sí, aquel sendero de caminata breve con la hermana de la mano. El sendero íntimo, imborrable, a través del campo y de la niebla. El pasadizo de la infancia entre la casa y la escuela. Creo yo ahora que fue en el tejar donde descubrí a mi doble y al lenguaje. La conciencia de la palabra escrita por primera vez. La palabra visible y posible. La revelación de la lectura en aquel cartel pintado en la chimenea de la entrada: Prohibido el paso a toda persona ajena a esta empresa…

Vivir ha sido eso. Masticar palabras. Hacerse una persona que parece siempre ajena, que parece incómoda en cualquier parte, que se desdobla para buscar su mundo propio. Una persona atravesada de preguntas. A mitad de un camino que va de la luz a lo oscuro, de paso hacia un país doloroso y extranjero.

Donde estaba el tejar hay ahora un juzgado. Una plaza con banderas. Una guardería. Una enorme oficina. Y sin embargo yo siempre que paso, me veo otra vez allí casi feliz, de camino a la escuela, con la hermana de la mano, y el tejar como una oruga gigante de piedra donde creo que encontré yo ahora una mañana a mi doble y el lenguaje, la lectura, la palabra para resistir un lunes y otro cualquiera…

 

La entrada Un doble aparece primero en [ EL BLOG DE LUIS REGUERO ].

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