Making off

patagonia

Y sin embargo, qué decir de este espectacular glaciar, de su mágico color azul, o de los pingüinos que corretean tras mi espalda como niños ataviados con elegantes smokings. ¿iPhone? Listo. ¿Palo de selfie? Preparado. Uno, dos, tres. Sonrisa bien amplia. Dientes tan blancos como la nieve que todo lo cubre. Ojos bien abiertos, húmedos, brillantes de felicidad. El Click, que se enreda con el aire y anuncia el instante capturado. Así que ahora ya puedo fruncir el ceño, encoger los hombros, cruzar los brazos, fuertes contra el pecho, y también temblar, cierto, sobre todo temblar como el tren que amenaza con descarrilarse, para acto seguido empezar a correr, al tiempo que siento, a través de ese minúsculo resquicio que dejé en algún lugar entre la bufanda y el anorak, la afilada superficie de un cuchillo hecho de hielo.


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