La Ley del Pícaro

“Pues mire, todo empezó mucho antes de que conociera a Ángel. Fue durante aquella noche en la que observé el techo tan detenidamente, la misma madrugada en la que sentí el calor del fuego al devorar uno a uno los ladrillos de mi casa, el mismo amanecer en el que mis familiares desolados cargaban mi tumba camino del nicho, para comprobar acto seguido cómo mis peores enemigos se reían ante mi torso desnudo. Y sí. Fue en aquel techo donde, cuando ya se proyectaban los primeros lengüetazos del sol, visualicé por primera vez a un hombre que se levantaba una mañana cualquiera con un dolor ubicado en algún lugar de su pierna izquierda.”

Fractura de Ribosoma, La Ley del Pícaro, Donbuk Editorial.

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Así empieza el primer relato de mi primera obra en solitario, La Ley del Pícaro, que saldrá a la luz a partir de la próxima semana de la mano de Donbuk Editorial. Esta recopilación de cuentos, es el resultado de una idea que surgió como proyecto para final del Máster en Creación Literaria impartido por la Universitat Pompeu Fabra, y que realicé durante el curso 2012-2013. Tutorizado por la prestigiosa escritora Flavia Company, y después de haberlo presentado frente al tribunal compuesto por la misma tutora y el contrastado escritor Jorge Carrión, guardé el manuscrito en la nevera y ahí se quedó.

A partir de entonces empecé a escribir en un blog personal de relatos y poesía, después llegaron las colaboraciones con revistas y publicaciones online. Hace un año, incluso, me animé a escribir mi primera novela y ahí sigo, por cierto. No obstante, el caso es que hubo una mañana en la que, sin demasiada explicación, dicho sea de paso, me levanté decidido a hacer balance, o lo que es lo mismo, leer aquellos textos que había escrito hasta entonces por míseros que fueran. Así fue como, ahí en un rincón de aquella nevera, encontré La Ley del Pícaro.

Como es habitual en el mundo del artisteo, a medida que avanzaba en su lectura, me daba cuenta de que quizás las ideas fueran buenas, pero no me reconocía en el estilo. Acto seguido, y de forma más bien inconsciente, ahí ya empezó la exhaustiva sesión de maquillaje, que duró lo que tuviera que durar. Poco a poco, sin apenas darme cuenta, fui reconociendo mi voz. Y ahí ya fue cuando resolví que había llegado el momento de repartir mi manuscrito, lo reconozco, a diestro y siniestro.

Pues bien, una tarde de octubre, volviendo de Galicia en el coche de mis “suegros”, me vibró el móvil. Se trataba de un correo. Me escribía Donbuk Editorial. Y cuidado. Porque aceptaban mi manuscrito. Y así hasta hoy.

Un libro es una idea y muchísimas, muchísimas, horas. Un bloque de mármol que a base de picar y picar acaba por convertirse en David. Supongo que de ahí mana la satisfacción al ver una portada blanca con el nombre de aquella idea. Pero en fin, por qué no decirlo. Ahora falta tan solo un último elemento. Un lector, sin el cual esto no sería más que un monólogo. Y lo admito. Siento que todavía tengo mucho que decir. Pero ahora falta alguien que me escuche.

Para más información:

http://jordijunca.donbuk.com/

https://www.donbuk.com/

 


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