Epístola moral a Fabio



Casi no tienes ni una sombra vana
de nuestra antigua Itálica, ¿y esperas?
Andrés Fernández de Andrada


Cuando un día la muerte con su esmalte
Vidrie verde tus ojos y te lleve 
Deseas Fabio que tu nombre sea
Un nombre recordado para qué
Si el nombre de los muertos es la cáscara
Vacía el nombre solo que no es ya
La rosa que se nombra sino solo
El humo de los labios tierra y polvo

Que todo es vanidad y los halagos
No borran que no somos más que monos
Con fecha de caducidad grabada
Así que deja Fabio de besarle 
El culo a los demás y no permitas
Que otros besen el tuyo ten presente
Que un hombre solo es digno si lo son
Los demás hombres y en el mar los ríos
Se allegan sin que importe su caudal

El sol que para ti es una caricia
En la vejez abrasará la piel
Y el aire amable en viento convertido
Revivirá las brasas y al final
Aventará las gélidas cenizas
Marchita ya la flor de la belleza

Corta las rosas que hagas florecer
En el poema tócalas no temas
El rojo de la sangre en las espinas
Al arrancar las hojas y los tallos
Canta Fabio la luz y canta el sol
Que abre sus pétalos y los marchita

No envidies que haya habido muchos antes
Que cantasen mejor lo que ahora sientes
Mejor recoge y agradece el eco
Sé generoso en el elogio y piensa
Que tu felicidad está en los otros
Y su alegría es tuya y su dolor

Eres joven y sé que este coñazo
Te sudará la polla y qué más da
Así que deja de perder el tiempo
No me preguntes más y sal corriendo
Al mundo que te espera y deja ya
De venir a tocarme los cojones

--MMM--

Imagen: La escuela de Atenas (Rafael, 1509)

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