Ausencia





Cuando la ausencia deja de ser un sudario
El eco amargo de un nombre
Que rebota en la pared y cae
En el número impar de la cama
En el pecho hecho piedras

Si calla y respira tranquila 
Y ves
Que no es sombra ni niebla
Sino horizonte que clarea

Que tienes lo que necesitas
Un techo unos libros
Lápiz papel
La herida

Entonces

El vacío es un mar 
En el que flotas en calma
                         un segundo
Justo antes de la madrugada 
Y su abrazo frío
Que te despierta

Del silbido compasivo de la bala
Hecha silencio
Que te remata


B. Vargas
Imagen: © Sally Storch

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