El enigmático ojo de Horus

“No vayas fuera, vuelve a ti mismo. En el hombre interior habita la verdad.” 

San Agustín

La verdad, eso me pides, ¿pero acaso tal cosa existe?

Esa utopía, esa cima inalcanzable,

Cubierta de nieve y densa niebla,

Un iceberg perdido ya no en el mar sino en el universo,

Aquel gran misterio,

Que a cada nueva pista se vuelve más Heráclito,

Que a cada paso es más tiniebla y menos luz.

La verdad, dices, insensata,

Y en fin, tal vez exista, pero lejos,

Lejos de esta cueva que es el mundo,

Reservada, tímida, entregada solo a unos pocos:

A los que vencieron en las contiendas,

A Los que con la sangre adquirieron el privilegio.

La verdad, o la mujer hipócrita,

Pues cientos son sus vestidos y millones sus máscaras,

Maestra del disfraz,

Por la mañana de seda y de esparto por la noche,

Escurridiza lombriz que entre los túneles de tierra se divierte,

A merced de los desesperados dedos de los hombres.

Sí, te diré algo acerca de la verdad,

O aquel foulard de seda que esconde

La piel reseca de un cuello anciano.

Y ahora escucha:

Un buen día pensarás que cazaste la mariposa,

Pero será breve la gloria,

Hasta cuando por fin descubras la red agujereada.

La mariposa, antes certeza,

Batirá de nuevos las alas y sembrará

Una vez más la duda,

Y quizás, quizás vuelvas al bosque,

un día cualquiera,

Convencida de que ahora esta es la buena.

Impertérritas las flores,

Que con su olor y sus colores

Atraerán como siempre toda suerte

De criaturas, y tú, depredadora,

Blandirás una red como aquella otra,

Y ahora unas alas interrumpirán

El tranquilo proceder de la creación (si es que fue creación)

Y en fin, flexionarás las rodillas y

Entornarás los ojos,

Brillarán las pupilas, y en ellas

Se reflejarán las alas de la presa.

Sí, ahí va una mariposa,

Esta vez más grande y más hermosa,

Y entonces revoloteará desesperada en su cárcel,

Y tal vez, tal vez pienses que ya es tuya,

Y pensarás que la cazaste,

Pero de nuevo será breve la gloria,

Hasta que por fin descubras la red agujereada.

Y ahora escucha:

La verdad, eso pides, pero tu pregunta

No hallará más respuesta que la conjetura;

Aterrizará el avión en Nueva Delhi,

Y te dirán que la madre fue Shiva.

Pero entonces, atracará la embarcación en las orillas del Nilo,

Después de sortear el tiempo y el espacio,

Y verás que en las paredes oscuras de los templos,

No habrá ni rastro de aquella mujer india.


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