Contrato firmado

Bienvenido,

Dice la voz,

Bienvenida sea

Tu alma vendida

Y tu voluntad encarcelada,

Que de ahora en adelante

Compartirán jaula

Con los pájaros,

Alegres cantantes líricos

A quienes la desidia

Dejó mudos para siempre.

Bienvenida sea

Tu sonrisa,

Tu tiempo,

Tu sudor,

El riachuelo baldío

Que conformaran

Una a una

Las gotas

Que vomitará tu piel,

Cada vez más seca,

Más triste,

Desesperada,

Luchando

Por oxidar el hierro

De las cadenas.

Bienvenido seas,

Insisto,

Tú entres tantos otros,

A pesar de tu rostro sin nombre,

De tu sangre teñida

De roja vulgaridad,

Incluso,

A pesar de tus manos

Bañadas por el sol.

Bienvenido,

Te digo,

Con los dientes afilados

Y los puños cerrados,

Bienvenido seas,

En fin,

A esta nuestra colmena

Donde derramarán su miel

Los zánganos,

Y trabajarán

Encogidos en sus celdas,

Día y noche,

Segundo tras segundo,

Y ahí,

Bebiendo de las lágrimas

De sus súbditos,

Descansará la reina

Bajo la sombra.

Bienvenido,

Sí,

Bienvenido seas

Una vez más,

Pues han sido tantos

Que ya no recuerdo

Tu rostro pálido,

Las arrugas que ahora

Amenazan tus ojos cansados,

Pidiendo,

Preguntándose,

Tal vez imaginando

Un futuro

No tan lejano,

En el que una chispa

Prenderá la madera,

Y serán azules

Las lenguas de luz,

Y entonces,

La esperanza

Llenará de aire

Los pulmones.

Bienvenido,

De acuerdo,

Pero no te acomodes

Pues ahora ya me pertenecen

Tus días,

Y tu sonrisa

Al llegar a la cima

De la montaña,

Aquella que algún día

Soñaste escalar,

Pero ya no,

Ya no hay tiempo

Para las empresas felices,

Ni para las caricias desinteresadas,

Sí,

Todo,

Todo me pertenece

En este día,

En el que tú dejas

De ser tú

Y yo te doy

La bienvenida.

En este día

En el que tus manos

Se difuminan

Y tus ojos palidecen.

Te ataré los pies

Por los tobillos,

El uno inseparable

Del otro,

Guiados por el instinto

Del autómata,

Esclavizados

Por el dios

De la mecánica,

Sin rumbo,

Ni credo,

Arrastrándose

Como las medusas

En la eternidad

Del océano.

Y sí,

Olvidarás tu nombre,

Como lo olvidaron antes

Muchos otros

Que también vagaron

Por esta inmensa pradera,

O quizás,

Esta plantación de azúcar,

Este campo de tierra y fuego,

En suma,

Este vástago legítimo

Del sistema feudal.


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