Acto primero. Tarde de Lluvia

ESCENA 1

(Voz en off) Lo cierto es que cuando Joseph Faurn se proponía algo, ya podía engullirlo la tierra o fulminarlo un rayo, tragárselo un tsunami o incluso recibir la inesperada visita de la suegra. Daba lo mismo. Sí había que ir se iba. Y punto. Y en fin, tal vez algunos dirían que esta vez había ido demasiado lejos. Pero él estaba decidido, joder, ya lo creo. Dios llevaba miles de años riéndose de la gente. Decían que estaba en todos lados pero nadie lo había visto. Recuerdo que a veces Faurn hablaba de un ninja. Su traje oscuro en mitad de la noche. Pero Dios era todavía más escurridizo, un auténtico maestro del disfraz. Por ejemplo, una vez apareció como si fuera un zarzal ardiendo. Y eso fue cuando más cerca estuvo de mostrarse tal cual. La mayoría del tiempo se limitaba a gritar desde lo alto. Menudo cantamañanas. Se acabó. Joseph Faurn iba a ver a Dios y fin de la historia. (Cierre de voz en off)

Pájaros canturrean. Despunta el alba. Una sombra naranja en el balcón.

ESCENA 2

Lleva una barba de apenas tres días, los ojos entrecerrados por la luz. Torso desnudo. Encuentra unas Ray-Ban en la mesa. Deja la taza de café y se las pone. Su mirada se dirige al cielo, extiende los brazos como si fueran las alas de un halcón.

FAURN: “Venga, sal si tienes lo que hay que tener, Dios. Aquí la gente perdiendo el culo y tú te quedas ahí arriba con Jesús y los demás. ¡Déjate ver! ¡Demuéstrame que hay alguien Ahí!”

Lejos de Ahí, Dios observa sentado en su butaca de oro. Desde esa posición, las vistas al hemisferio norte son perfectas. Jesús se ha sentado en uno de los reposabrazos. Mira a su padre, hace un gesto desdeñoso con su mano derecha.

JESÚS: “Venga va, papá, tú ni caso.”

DIOS: “Tal vez tengas razón.”

JESÚS: “Pues claro papá, no bajaste cuando lo de la cruz, vas a bajar ahora.”

Hay una pequeña pausa. Intercambian algunas miradas. A los pocos segundos, no obstante, empiezan a reírse de verdad. Entonces aparece Pedro, no se sabe muy bien cómo ni por dónde.

PEDRO: “¿De qué va esto, tíos?”

JESÚS: “Nada Pedro, hay un tal Joseph Faurn que la tiene tomada con mi padre.”

PEDRO: “No digas más. Ha renegado de él hasta tres veces”

Los tres se miran, pero no dicen nada. Silencio. De repente ríen, cada vez más fuerte. Entra un corte en el que se ve a la gente paseando por la calle, rodeados por las carcajadas, la pantalla casi vibrando, pero nadie parece darse cuenta.

ESCENA 3

(Entra voz en off) Y lo cierto es que Joseph Faurn demostró tener una determinación acorazada. Llegó un punto en el que el tipo salía al balcón incluso los domingos. Ni siquiera se rindió el día que vino el solsticio de invierno. (Sale voz en off)

Ahora vienen cortes muy breves en los que se ve a Faurn mirando al cielo, siempre con el torso desnudo y las Ray-Ban.

“Venga, Dios, baja, gallina, baja y mira lo que has hecho.”

“Va, tío, no te creo, no puedo creerme que te quedes ahí en tu trono y no seas capaz de venir a verme, dar la cara, aunque sea para darme una buena bofetada.”

(Entra de nuevo voz en off) Siempre decía cosas así, pero Dios jamás aparecía. Supongo que no contaba con que se trataba de Joseph Faurn. (Cierra voz en off)

Entonces aparece la sombra de Dios a contraluz, sentada sobre su butaca de oro. Cruza las piernas, e inclina el torso hacia delante. Reposa la barbilla sobre la palma de su mano y se frota la barba. Flexiona el brazo, y acomoda todo su peso sobre el codo. Sigue frotándose la barba.

ESCENA 4

Balcón, aproximadamente las siete de la mañana. Faurn parece haber pasado una noche especialmente mala. Lleva una barba tupida, recuerda a la de Karl Marx.

FAURN: En fin, Dios. Ya no sé cuánto hace que vengo saliendo cada día. Al despuntar el sol, siempre a la misma hora, cuando el silencio es tan intenso. Estoy seguro de que ya me has escuchado. Lo que pasa es que no tienes huevos. Y eso es lo que hay.

Lejos de ahí, Dios, Jesús y Pedro, están jugando a algún tipo de juego de mesa. El primero, por supuesto, preside la estancia en su butaca de siempre. Jesús ha lanzado el dado, y justo en ese instante se revuelca por la mesita de comedor. Todos callan, pero el dado sigue rodando. Jesús y Pedro se miran una vez más.

JESÚS: Vaya, pues lo ha dicho.

PEDRO: ¿Quién ha dicho qué? (observa inquisitivamente al Mesías, ladea la cabeza.)

Pero Dios ya ha desaparecido.

ESCENA 5

Tarde de lluvia. Las calles del pueblo están desiertas. Faurn está leyendo un libro en el salón, el fuego crepita en la chimenea. De repente, suena el timbre.

FAURN: ¿Quién es?

Nadie responde. Se levanta del sillón. Se acerca hasta la puerta. Enfoca a través de la mirilla, pero el porche está vacío. Se encoge de hombros.

FAURN: ¡Qué coño! (Abre la puerta finalmente)

Lo primero que se ve es un charco redondo que poco a poco va invadiendo el felpudo. Entonces la cámara asciende lentamente. Unas manos escurren una empapada y frondosa barba blanca.

DIOS: ¿Qué pasa Faurn? (visiblemente contrariado)

FAURN: En fin, es solo que esperaba que también fueras impermeable.


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