Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta, de Robert M. Pirsig


Llevaba unos 5 años posponiendo la lectura de este libro y no sé por qué. A veces ocurre y uno no se da cuenta, mira para otro lado, se dice que ya llegará el momento de leerlo y entonces pasan los años. Tal vez éste haya sido el momento adecuado porque Sexto Piso lo reedita (es la 4ª edición), con la misma traducción pero con otra cubierta (mejor que las anteriores) y la corrección de algunos errores y detalles menores del texto.

En Estados Unidos este libro hizo furor. Convirtió a Pirsig en una celebridad, después de haber ofrecido el manuscrito a un montón de editoriales que lo rechazaron. Se convirtió en un inesperado best-seller. El propio autor lo menciona al final, en su introducción para la edición que conmemoraba los 25 años de existencia del libro: […] entusiastas reseñas, millones de ejemplares vendidos en veintitrés idiomas, una descripción en la prensa como "el libro de filosofía más ampliamente leído de todos los tiempos".

Zen y el arte… es una de esas obras que tanto me apasionan por su mezcla de géneros. En este libro caben el diario (porque el narrador nos va relatando cada paso que él y su hijo dan, desde el desayuno hasta las paradas para refrescarse o descansar), la guía de viajes (así empieza el recorrido: con un hombre y su hijo adolescente subidos a una motocicleta y viajando por Estados Unidos junto a otra pareja de moteros), el relato de iniciación (pues todo viaje implica una búsqueda y un crecimiento de la identidad), las memorias (poco a poco iremos conociendo el pasado del autor, un hombre que enloqueció y fue sometido a curas y a electroshocks) y el manual de filosofía (Pirsig utiliza el mantenimiento diario y la limpieza de su moto como metáfora para avanzar en la vida, resolver problemas y lograr el equilibrio interior). También, con todos esos géneros, podríamos considerarla una novela. Pero ya digo que no es una novela al uso.

Aunque en los primeros capítulos sólo parece un libro de viajes, con descripciones de paisajes y diálogos marcados por las tensiones del camino y la diversidad de opiniones, poco a poco Pirsig va introduciendo su filosofía, y hablándonos de su pasado (en el que ve a su antiguo "yo" como a otra persona, alguien del que se ha alejado), y ofreciendo datos reveladores sobre su vida… hasta llegar al epílogo y a la introducción, escritos años después, en los que Pirsig ofrece al lector nuevas revelaciones que incluso le harán replantearse de nuevo todo lo que ha leído. Un texto que marcó una época, y que debe ser leído con devoción. Extractos:

Los mejores caminos siempre conectan ninguna parte con ninguna parte y siempre tienen una alternativa que te lleva allí más rápido.

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Vamos con tanta prisa la mayor parte del tiempo que nunca tenemos muchas oportunidades de charlar. El resultado es una especie de interminable superficialidad cotidiana, una monotonía que deja a la persona preguntándose, años más tarde, adónde se fue el tiempo y lamentando que se haya ido. Ahora que tenemos algo de tiempo, y lo sabemos, me agradaría ocuparlo conversando con cierta profundidad sobre temas que parecen importantes.

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Las montañas deben escalarse haciendo el menor esfuerzo posible y sin ansias. La realidad de tu naturaleza debe determinar la velocidad. Si te sientes inquieto, date prisa. Si te falta el aliento, ve más despacio. Tienes que subir en un claro equilibrio entre inquietud y cansancio. Entonces, cuando dejas de anticiparte con el pensamiento, cada paso no es sólo un medio para conseguir un fin sino un evento único en sí mismo. Esta hoja tiene bordes dentados. Esta roca parece estar suelta. Desde este lugar la nieve es menos visible aunque está más cercana. Éstas son las cosas que en todo caso deberías observar. Vivir sólo teniendo una meta futura es superficial. Son las faldas de la montaña las que sostienen la vida, no la cumbre. Aquí es donde las cosas crecen.

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La reflexión mental es mucho más interesante que la televisión. Es una pena que no haya más gente que la sintonice. Probablemente piensan que lo que oyen allí carece de importancia, pero jamás es así.

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Así que lo que hay que hacer cuando se trabaja en la motocicleta, como en cualquier otra tarea, es cultivar la paz mental que no aparta nuestro yo de nuestro entorno. Cuando eso se hace con éxito, todo lo demás sigue un curso natural. La paz de la mente produce valores correctos, los valores correctos producen pensamientos correctos. Los pensamientos correctos producen acciones correctas y las acciones correctas producen una obra que será el reflejo material para que los demás vean la serenidad que está en el centro de todo. Eso es lo que había en aquel muro en Corea. Era el reflejo material de una realidad espiritual.


[Sexto Piso. Traducción de Renato Valenzuela Molina]


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