Herencia


Cantaba mi madre una canción 
Que escuchaba a mi abuela 
En las tardes de verano 
Hablaba de un canario  
Que se quedaba ronco 
Y de un nombre 

Siempre la tarareaba 
Mientras fregaba los platos 
Yo la miraba y no entendía 
Cómo era posible cantar como ella 
Con tanta alegría en la voz 
Con tanta pena en los ojos 

Y prendidos en las cortinas  
De la cocina quedaron 
El canario 
Y su pena ronca 
Que hoy mientras friego los platos 
Y pienso en ti y te nombro 
Sin querer y en voz baja  
Es la mía


B. Vargas
Imagen: © Ed Clark

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