Delirio de grandeza

Cuándo llegará,

La gloria,

Cuándo la eternidad.

Cuándo la palmada en la espalda,

Cuándo sucumbirá a mis encantos

La memoria.

Se acordarán mis biznietos

Del color de mis ojos,

De la frente arrugada,

Y si se acuerdan,

¿Me habrán olvidado sus hijos?

Y qué importa,

Si para entonces

Serán negros mis ojos

Y polvorienta mi cama de piedra.

Pero aún así ansío esa palmada,

Un aplauso sentido,

Seres envidiosos,

Preguntándose,

Cómo, por qué,

Anhelando abrir la puerta,

Acariciando el gatillo,

Soltando espuma blanca

Y escupiendo sangre

Sobre la mesa,

Sobra la camisa

Que fue también blanca,

Ahora teñida de muerte.

Lo admito,

Ansío escribir un verso,

Que sin querer sea un epitafio,

Tan digno,

E irrepetible,

Y eterno.

Dejar una huella,

Sí, un fósil milenario,

Dejar mis huesos sobre las tierra,

Sobre la roca,

Incluso sobre la arena

bajo el agua.

Y así sortear el purgatorio,

La duda,

Evitar la guadaña que extermina,

La gloria,

Y que sesga el dulce delirio.


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