La despampanante novia de Faurn

“Estos sin mis principios. Si no le gustan tengo otros.”

Groucho Marx

La situación podría ser la siguiente: allá por el año 2098, un tipo de unos 56 años pasa la tarde con Johnny. Por motivos que no vienen al caso, Kevin, digamos que ese es su nombre, trabaja de Community Manager. Cuidado, tal vez fuera un trabajo rentable hace años, ¡y qué tiempos aquellos! Y sin embargo… ¿ahora? Madera devorada por la carcoma, ya lo creo. Quizás por eso vive con Johnny, un robot de los de antes, cuya piel grisácea y metálica revela su condición de máquina. Y es que para qué querría otro. Kevin no es uno de ellos. No, él no forma parte de esa robotmanía enfermiza, de eso nada. Hoy en día brotan los robots como los capullos en abril, y de toda clase, incluso hay algunos que de tan bien hechos dan ganas hasta de besarlos, y quien dice besarlos…pero Johnny está bien, hace la colada, limpia los platos, exprime las naranjas. Y eso es todo.

Ahora Kevin mira el reloj, el muy cabrón llega tarde, como siempre…pero entonces suena el timbre. Johnny se encarga. Entra en casa un tipo, llamémosle Faurn.

FAURN: Creo que la he despistado.

KEVIN: ¿A quién, Faurn?

FAURN: Nada, olvídalo.

Entonces Johnny cierra la puerta, y se retira hacia una habitación que está en algún lugar girando a la derecha, sin mediar palabra, efectivo como siempre.

FAURN: Un robot cojonudo, Kevin, una de esas maravillas que cierran el pico porque sencillamente no tienen nada que decir.

KEVIN: Gracias Faurn. Así debería ser, ¿no? En fin, ya sabes, y eso que estábamos avisados.

FAURN: Desde luego.

KEVIN: Todo el mundo ha visto las películas, quién más quién menos, lo que me pregunto es cómo hemos llegado… joder, un degenerado le ha pedido al gobierno contraer matrimonio con su robot, ¡Un robot! Y el gobierno, presta atención, no ha dicho que no, has oído bien, por lo menos no un no rotundo.

FAURN: No te fustigues, tío, nosotros al margen y eso es todo.

Como siempre en silencio, Johnny irrumpe en la estancia con una bandeja sosteniéndose sobre sus manos. En ella, dos teteras. En la más grande, té verde de Marruecos a 85 grados. En la otra, la más pequeña, leche templadita. Johnny deja la bandeja en la mesa de cristal. De nuevo, el robot desaparece por el pasillo, dirigiéndose a algún lugar girando a la derecha.

FAURN: Un robot cojonudo, en serio.

KEVIN: Supongo…

Aquí hay unos segundos de incertidumbre, algo incómodo, Kevin mira sus manos mientras juega con sus dedos. Faurn inspira y expira, su barriga esférica se hincha y deshincha. Después extrae un puro de la cajita de madera, entonces sus ojos se dirigen a los de Kevin. Éste asiente, no sin arquear las cejas. Suficiente para que Faurn lo encienda. Una calada. Dos caladas.

FAURN: Estamos en lo de siempre, Kevin. Si estas cosas existen es porque a alguien le interesa. A los hombres siempre les ha gustado señalar con el dedo. Y no, no hace falta que lo diga, también están los millones.

KEVIN: Sí, bueno, pero Faurn, hay algo más que todo eso. Algo profundo, ciertamente místico. Es como…

FAURN: No empieces, Kevin, haz el favor. No empieces con la mierda esa de que los dioses, fueran quienes fueran, hicieron a los hombres a su imagen y semejanza, y que sí, jugaron a ser dioses, muy buena, por cierto, y que entonces sus hijos, es decir los hombres, los mataron. Y después, es decir ahora, los hombres, quienes han vuelto a jugar a ser dioses, y esta vez sin serlo, han engendrado al nieto. Y que el nieto, por supuesto, matará al padre…y así siempre.

KEVIN: Faurn, esto es MUY serio. Uno tiene que ser responsable.

FAURN: Desde luego…es solo que, no sé, me da que no se puede hacer nada contra la ambición.

Y ahora debería sonar el timbre. Johnny se encarga. Entra en casa una mujer: pelo ondulado y rubio, leggins, botas de cuero, camiseta sin mangas y, por qué no, también sin tirantes. Tiene que estar bastante buena. Y se llama…se llama Denisse.

DENISSE: Qué hay Kevin. Y tú, de verdad crees que puedes ir a un lugar sin que yo lo sepa, ¿Faurn?

FAURN: No cariño, es solo que…

DENISSE: Deberíamos irnos.

De nuevo la ausencia de palabras, de sonido alguno, se adueña del salón. Denisse mira fijamente primero a Faurn, después a Kevin y por último a Johnny. Ahí se detiene, como si lo escaneara. No mueve un solo músculo. Pero entonces ladea la cabeza y entrecierra los ojos.

DENISSE: Faurn…¡¡¡¡NOS VAMOS!!!!

FAURN: Desde luego, cariño. Venga, Kevin. Nos vemos.

Denisse toma del brazo a Faurn, unidas sus cejas por la carne arrugada. Johnny abre y cierra la puerta y, una vez más, el silencio. Kevin observa en derredor, encoge los hombros. Ahí su mirada debería dirigirse al público, y entonces un monólogo cerraría la escena:

KEVIN: Pero qué coño, no existe universo en el que Faurn y Denisse encajen. Ella es perfecta, bueno, físicamente hablando, y es que menudo carácter, ya lo creo. ¡Y qué curvas! Pero no, definitivamente no tiene ningún sentido que se esté tirando a Faurn. A no ser…(su dedo índice apunta al cielo) A no ser que Faurn sea un auténtico HIJO DE PUTA.


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