Tarde en el museo

Hasta aquí ningún problema, una niña francesa se colocaba lo más cerca posible de un cuadro. Su madre desenfundaba la cámara, nada del otro mundo, por cierto, una de aquellas sencillitas y plateadas. Todo está listo, la mujer arma el dedo índice. Al parecer algo la interrumpe. Pero qué coño, la niña extiende el brazo, espera, dice, falta un detalle. De unos diez u once años, la niña decide quitarse las gafas de pasta. Vamos, no jodas. El síndrome del perfil de Facebook, folks. Ya es definitivo. El fin está cerca.


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