Elegía para mañana

(He encontrado este poema de Machado)

Copiosa la niebla

Del mañana incierto.

Maldita sea

La eterna potencia,

El poder del seré

Y el frenético temblor del soy.

Lo sé;

Correré

Y obviaré las piedras del camino,

Morirán las flores

Y dejarán de volar las gaviotas.

En frente,

Hallaré solo una certeza;

Terminarán los días

Y comerán mis vísceras los gusanos.

Pero antes,

Caminaré y pensaré

Únicamente en el siguiente paso

Y lo olvidaré tan rápido,

Fugaz será el conocimiento

Un destello de luz

Escurridizo y frágil.

Pero vendrá el siguiente paso,

Y se repetirá la misma secuencia,

Inmortal,

Siempre expectante,

Con las rodillas flexionadas,

Preparado para el salto.

Copiosa la niebla de la duda,

Serán blancos los ojos,

Frías las manos,

Nerviosos los párpados

Responsables de la decisión.

Continua la disyuntiva,

Senda de tierra,

O quizás,

Campos de hierba cortada,

Un muro,

Que oculta la luz

Y las tinieblas,

Resbalará el sudor

Entre un segundo y el siguiente.

Se fundirá el hielo

Incapaz de congelar

El aire que mece las hojas.

Eterna la proyección

De imágenes nebulosas,

Será, fue, podría haber sido,

No importa,

Hay que alimentar la llama

De sueños febriles,

Y de leña de humo,

Más allá de las piedras.

Nadaré en mares furiosos

Que quebrarán las velas,

Y derrumbarán los mástiles,

Donde morirán los hombres

Y con ellos

Zozobrarán los navíos.

Mares desbocados,

Que miran hacia el cielo

Y ansían la luna,

Tan lejos,

Incluso en el tiempo;

Baldía será la empresa

E inevitable el deseo.

Pero ahí estará el ahora,

¡Respira!

Tomaré su mano,

Fuerte,

Y beberé de su fuente,

Y escucharé tranquilo

El devenir del arroyo.

Sí, seré raudo

Y abandonaré las aguas

Impredecibles,

Caprichosas,

Donde galopan los caballos salvajes.

Besaré la tierra

Y acariciaré su piel turgente,

su voluntad férrea,

Y sentiré la firmeza de sus huesos.

Y no lo dudo;

Después de un segundo

Vendrá su vástago y

Detrás sus nietos.

Vendrán los días,

Dioses de los seres del tiempo.

Vendrán las horas,

Con sus agujas afiladas

Y su mueca perversa.

Pero no importa:

Detendré al reloj y

Exorcizaré el demonio que lo gobierna.

Plantaré los pies

Sobre la hierba mojada,

Tan tierna,

Y se impregnarán mis dedos

De la arena de la playa.

Está decidido:

Jamás me arrastrarán las olas

De un mar embravecido.

Inútiles,

Cansadas,

Dejarán de rugir las aguas,

Y las horas,

Y los días,

Sucumbirán a la fuerza

De la tierra, del ahora,

Del segundo sostenido en el aire,

Entre las hojas

Que sobrevolarán los tejados.

Se detendrán las agujas,

Despacio,

Vencidas por el hielo

De un instante.

Y sí,

Fue copiosa la niebla

Del mañana incierto,

Pero recibí con júbilo

La noticia de su muerte.

Florecerán

Las copas de los árboles,

Impertérritas las raíces,

Felices sobre la tierra tranquila,

Donde se disipa la duda,

Y el océano brama

Pero ya nadie lo escucha,

Nadie,

Lejos queda el clamor y

Son tan pequeñas sus garras.

Es cierto,

Fue copiosa la niebla de la duda,

Y terrible,

Como el libre albedrío

Al despertar por la mañana.

Y ahora la calma,

Ni un grito,

Solo la brisa suave

Que flirtea con mi espalda,

Y en un susurro apenas audible

Recuerda:

Inescrutable es el camino

De la tierra bien labrada.

(Es broma, no era de Machado)


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