La noche desquiciada de pasos, de Charles Bukowski


DE VUELTA A LA AMETRALLADORA

me despierto a eso de mediodía y salgo a recoger el correo
con mi viejo albornoz raído.
el pelo me cae sobre los ojos
voy descalzo
a paso ligero por encima de piedrecillas afiladas
por el sendero
todavía temeroso del dolor tras la barba de cuatro días.

la joven ama de casa de al lado sacude una alfombra
por la ventana y me ve:
"¡hola, Hank!".

¡hostia! es casi como que te disparen en el culo
con un calibre 22.

"hola", contesto
al tiempo que recojo la factura de la Visa, los cupones del Pennysaver,
un aviso de impago del Dept. de Aguas y Electricidad,
una carta de los de la hipoteca
además de una demanda del Departamento de Eliminación de Malas Hierbas
que me da 30 días para limpiar el jardín.

regreso a paso de ratón por las piedrecillas afiladas
pensando, igual más vale que escriba algo esta noche,
por lo visto se me
están echando todos encima.

solo hay una manera de enfrentarse a esos cabrones.

las carreras nocturnas de trotones tendrán que esperar.

**

APOSTADORES TODOS

a veces te levantas de la cama por la mañana y piensas,
"no voy a soportarlo", pero te ríes para tus adentros
recordando todas las veces que te has sentido así, y
vas al baño, te adecentas, ves esa cara
en el espejo, ay dios ay dios ay dios, pero te peinas de todos
modos,
te pones ropa de calle, das de comer a los gatos, recoges el
periódico de los horrores, lo dejas en la mesita de centro,
das un beso
de despedida a tu mujer y luego te pones al volante y sales a
la vida en sí,
como millones de personas más te lanzas al ruedo otra vez.

ahora estás en la autopista sorteando el tráfico,
te mueves hacia algo y al mismo tiempo hacia nada
mientras enciendes la radio
de un manotazo y suena Mozart, que ya es algo, y de
alguna manera
sobrellevarás los días lentos y los días ajetreados, los días
aburridos y los días odiosos y los días excepcionales, todos
tan deliciosos
y tan decepcionantes al mismo tiempo porque
somos todos tan parecidos y tan diferentes.

encuentras la salida, cruzas la parte más peligrosa
de la ciudad, te sientes fugazmente de maravilla mientras
Mozart se abre
paso hasta tu cerebro y se descuelga por tus huesos y te sale
por los zapatos.

ha sido una pelea dura que merecía la pena librar
mientras todos seguimos adelante
apostando por otro día.


[Visor Libros. Traducción de Eduardo Iriarte]

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