6 Grados Gusanos. De cómo se comienza acudiendo a votar y se termina en Sir Malcolm Arnold.

Hala, ya hemos votado. Les invito a todos ustedes a que sigan mi ejemplo. 

Bueno, esta frase ha quedado un poco pretenciosa, casi mejor les animo a que todos ustedes acudan a votar y venzan sus posibles reticencias para lo que les voy a esgrimir el argumento de siempre (sí, me repito): unos cuantos antepasados nuestros las pasaron p***s para conseguir que todo cristo tuviera el derecho de ir a votar.


Dicho esto, es inevitable orbitar toda esta campaña electoral que hemos sufrido alrededor de las desafortunadas declaraciones del candidato del PP, Miguel Ángel Arias Cañete quien aparenta ser un bigmouth de tomo y lomo. Al PSOE le ha venido de perlas esta patochada para añadir un poco de salsa rosa a la insulsa ensalada europea. Las mujeres socialdemócratas (como la mía) comenzaron pronto, tras la comprensible indignación inicial, a bromear sobre el asunto con chanzas del estilo "si te dejo ver el fútbol el sábado por la noche y te preparo una buena cena, ¿me sacarás a votar el domingo por la mañana para que me dé el aire?". Y cosas por el estilo.

Y mi cerebelo, con su genética tendencia a la dispersión asociativa gusana, se acuerda de ese ácido clásico setentero de la ¿sci-fi?, ¿terror?, ¿comedia negra? que dirigió el poco reconocido y muy interesante director inglés Bryan Forbes: Las Esposas de Stepford (1974), película que conoció un poco recomendable remake 30 años después: Las Mujeres Perfectas (Nicole Kidman...).

Pero siempre que hablemos de Bryan Forbes tenemos que referirnos, ineludiblemente, a su magnífica ópera prima: Cuando el Viento silba (1961), una película que les recomiendo y que contiene una de las escenas más ateas de todos los tiempos. La protagoniza este niño incapaz de creer en un Jesús que no puede resucitar a un gatito muerto...


Otro de los varios atractivos de Cuando el Viento silba (película que, por cierto, es considerada por unos cuantos como la abuela de El Espíritu de la Colmena de Erice), es, sin duda, la estupenda banda sonora del estupendísimo compositor Sir Malcolm Arnold, célebre gracias a sus muchos méritos pero, sobre todo, por haber popularizado la Marcha del Coronel Bogey (compuesta por Keneth J. Alford) cuando tuvo que improvisar su música incidental par la magistral El Puente sobre el Río Kwai (1957, David Lean).

Disfruten de esta maravillosa suite orquestal de la banda sonora de Cuando el Viento silba y tomen nota de cómo se improvisa un post (ahora sí que me pongo de ejemplo, qué cojones) y de cómo, gracias a la teoría de los seis grados (gusanos), se pueden superar las tontadas de Arias Cañete y terminar la mañana silbando estas hermosas notas:

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