VI.

Masao Yamamoto




I
estigmas ardiendo.
un lugar cualquiera en Cracovia donde poder tomar el té.
ya perdí de mi memoria cómo se veían sus rodillas, pero
algo me dice que olía a frutas.



II
la eternidad es quizás,
la cantidad de poemas que escribimos en nombre de.
la medimos en intensidad de palabras o,
en milímetros cuadrados de desesperanza.
los restos de amor que quedan pegados en las huellas dactilares
hablan del silencio,
como la canción que nos hace repetir un rostro,
como el olvido.



III
si ahora fuésemos invierno, podríamos tejer mantas para niños huérfanos,
cocinar el hambre el cubetas de teflón.
con el calor, en cambio
estamos demasiado expuestos a la caída,
a la búsqueda desesperada de algún credo,
a la desconfianza de una cama inevitable y ajena.



IV
si pudiésemos hablar
romperíamos en llanto lo que aun nos une porque
sabemos que el dolor
continúa en la permanencia de lo invisible,
en las migas de pan que no barrimos,
en las cartas del tarot que se desacomodan como si estuviesen hechas de viento.



V
si nos sentamos en el suelo, con los ojos cerrados
vamos a percibir que la luna de hoy sabe recordarnos
la ternura.
esa que escondimos tras tantas despedidas.



VI
quizás, haya que esperar al otoño, o
quizás
sólo detenernos a imaginar el mar.

es allí
donde todo termina.




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