Drink Time! (En compañía de Patrick Leigh Fermor), de Dolores Payás



Las páginas que siguen son un homenaje sin complejos. Al aventurero y escritor, al gentleman, al jovial anfitrión, al guerrillero. Y a quien supo convertirse en un anciano invencible, orgulloso y adorable, en tanto conservaba intactos el resto de atributos.

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Daba la impresión de que se tragaba la vida sin remilgos. Lo bueno y lo menos bueno se aceptaban como parte del mismo paquete. Seguramente por eso su existencia fue tan exitosa. No hablamos de logros literarios, dinero o fama, sino de un talento personal que le permitía un encaje armónico con el mundo. Consiguió algo extraordinario y precioso: vivir su vida tal y como la había soñado en sus fantasías juveniles. Tuvo la inteligencia, la astucia y la habilidad de saber construir un sueño y luego vivir en él. Y no sólo eso, sino que se las compuso para mantenerlo en vigor hasta el final de sus días.

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En diciembre de 1933, con dieciocho años, le llegó una temprana resaca. […] Fue entonces cuando tomó la decisión que marcaría su vida: ir andando hasta Constantinopla.
Vestido con una cazadora de cuero y cargado con un par de mudas, un volumen de Horacio, otro de poemas, el saco de dormir, cuadernos de notas y un cilindro de metal lleno de lápices, embarcó hacia Holanda, punto de partida de su recorrido.


[Acantilado Editorial]

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