Un torero, un toro, y un escritor sudafricano


José Tomás es un torero, un religioso. No he visto en mi vida a ese José Tomás. Yo pensaba que los toreros eran hijos de toreros que salían en las revistas, y esas revistas las consultábamos en las salas de espera de los dentistas con dolor de muelas. Los toreros eran guapos y cerriles, con los ojos al fondo de unas cuevas oscuras, y eran esas cuevas con eco las que los hacían guapos y sentimentalmente conflictivos. Después bailaban un poco delante de un toro y los toros se iban muriendo, fatigados de la ceremonia y los gritos. En ese bailar y morir el animal algunos encuentran el arte. Allá ellos que saben. Me dice el hombre de la cabellera de rizos blancos que José Tomás es otra cosa. Me habla de Nîmes, de la corrida histórica, que presenció. Puede morirse, ya ha visto lo que tenía que ver. Le hacen chiribitas los ojos; habla, y qué voz de testigo quebrado se le pone, casi de apóstol. El milagro y el mesías. No se cuántas orejas y rabos, sale a hombros el torero y puede que un toro, indultado esa tarde.

Voy a su libro, el del torero. A José Tomás lo corneó un toro en Aguascalientes, y desde entonces es un reaparecido. Ha vuelto de la muerte y eso le ha convertido en un Lázaro tranquilo y elegante, la pareja de baile perfecta, al parecer, para ese herbívoro de media tonelada más o menos y con astas. Hasta el toro que estuvo a punto de matarle le habla, muy sabio. "En la plaza no se puede fingir, en la plaza todo es de verdad." Incluso no sé si es el toro o el torero que cita a Hegel en el discurso.

Pensando en esto me acuerdo de Michel Leiris. Concebía la literatura como una tauromaquia. Al menos eso decía él. En su prólogo a Edad del hombre escribe: "Así pues, soñaba con el cuerno de un toro. No podía resignarme a ser sólo un literato. El matador que aprovecha el peligro que corre para ser más brillante que nunca y muestra toda la calidad de su estilo en el momento en que está más amenazado: eso es lo que me maravillaba, eso es lo que quería ser."

Supongo que Leiris se refiere a lo que dice ese toro, en la literatura no se puede fingir, en la literatura todo es verdad. Aunque se mienta, que ya es lo de menos.

Hoy me encuentro con la noticia; Coetzee ha enviado una carta a los diputados españoles instándoles a no declarar el toreo bien de interés cultural. Y algunas de sus señorías dirán; ¿pero quién es este desgraciado?

Sospecho que Coetzee sabe tanto de toros como yo. O sea, nada. Frente a la cobarde horda de cazadores que pueblan nuestros montes la tauromaquia me parece una salvajada a proteger. Quizá la única. No sé muy bien por qué, no entiendo su belleza pero no descarto que exista, y tampoco descarto que en el futuro, en un mundo más avanzado y quizá más inteligente, pueda ser considerado el toreo ecología en acción. El hombre y el animal, cara a cara. Es decir, un hombre y un animal.

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