viva los novios


La iglesia de San Rambaldo está llenita de público ese trece de octubre. Flores grandes, amplias pamelas y vestidos horteras ocultan hasta el último rincón de las banquetas. Mendelssohn ya lleva un minutito escaso haciendo volar a todo volumen su clásico atemporal y Rodrigo Aguirre espera muy pollopera en pie frente al altar mirando a los portones justo cuando Clara Linares cruza de puro blanco la entrada cogida muy fuerte y solemne del brazo de su padre. Un oh festivo arropa al órgano al unísono. Vamos de boda.

El padre Antero carraspea y se rasca los huevos. Lleva una cogorza de escándalo. Detrás el cristo de roble colgado bajo la cristalera de colores por tres clavos gordos. El niño José se lo mira acojonado vestido de monaguillo sosteniendo una bandeja de plata. No se sabe si al cristo o al padre.

Clara Linares se llega a la vera de Rodrigo Aguirre. Detrás del velo de cenefas de jacintos hay una carita que no pintan los pintores y dos ojos abiertos del color del cielo. A Rodrigo se le curvan las rodillas y traga saliva. El padre Antero se rasca los huevos y carraspea.

Se hace un silencio silencioso.

-Ejem, ejem. Nada es más dulce que el amor, nada es más valeroso, más profundo, más lleno y agradable en el Cielo o en la Tierra, porque el amor nace de Dios, viene de Dios, y es más grande que todas las cosas creadas en el mundo. (Hostia Puta, me cago en mi vida. Esto por dentro, claro.) Estamos aquí reunidos para unir en sagrado matrimon...

Se hace un silencio silencioso.

Rodrigo Aguirre mira al padre Antero. El niño José mira al padre Antero. Toño Linares mira al padre Antero. Las viejas del fondo miran al padre Antero. Tomasico mira al padre Antero. Las familias miran al padre Antero. La iglesia de San Rambaldo mira al padre Antero.

El padre Antero mira al padre Antero, concretamente bajo la sotana y saca una botellita. Glugluglú.

-Qué cojones... A la mierda el prolegómeno. (erupta) Tú. ¿Tomas a esta Mujer para ser tu esposa en la salud y en el cagarse y toda la mandanga?

-Pero hombre, padre. ¿No tendría usté primero que decir lo de...

-Calla. Calla, so profesor, que aún  te doy dos hostias. Que si la tomas, me cago en la puta que parió a Dios. Gluglugú.

Al nazareno de roble se le hincha la vena del cuello y hace ademán de arrancarse, pero la iglesia no repara en el milagro por no perderse ná.

-S.. sí. Sí la tomo pero...

-Pues ya está, cago en Ros, que sí que la tomas. Y tú...

El padre Antero mira a Clara Linares, que tiembla detrás del velo.

-T... Tú. Clara Beatriz Linares Morel, ¿tomas a este Hombre para ser tu esposo y para vivir juntos... en Sagrado Matrimonio? ¿Lo amarás, cuidarás, respetarás en enfermedad y en salud y te mantendrás... fiel a él... por el resto de... de tu vida?

Se hace un silencio silencioso.

glugluglú

Clara Linares mira a Miguel Antero desde el burladero. Miguel Antero la mira sin trincheras.

-Hostia Puta. Que si quieres, me cago en el Misterio. Que no tenemos todo el día. Glugluglú.

Clara Linares mira a Miguel Antero desde el burladero.

-Sí. Sí quiero.

Miguel Antero la mira desde el padre Antero.

-Pues... Pues... Pues...

A Rodrigo Aguirre se le encienden los ojos.

-¡Yo lo sé, yo lo sé!: ¿El novio ya puede besar a la novia?

El hostión suena como un trompetazo de Jericó y salen a volar bruscamente ocho palomas blancas que andaban cagándose en los tejados. Las viejas del fondo hacen oh y al nazareno de roble se le hincha la vena del cuello y hace ademán de arrancarse pero la iglesia no repara en el milagro pendiente como anda en no perderse ná. El niño José va pasando un trapo por los azulejos arrastrando goterones rojos mientras el Tomasico, con los calzoncillos por encima de los pantalones va gritando con la boca llena de boqueras y el colmillo solipsista: ¡le ha dao! hehe ¡le ha dao! hehe ¡le ha dao!...

El nazareno al fin se arranca dejando la cruz como un cristo y sin cristo. Se tira de cabeza al padre Antero con la cara tallada y torcida y los puños cerrados, por la llaga le van chorreando virutas pintadas.

Entonces el padre se vuelve y lo mira y en los ojos negros de Miguel Antero, muy al fondo, ve una cosa que refulge y que no enseñaban en la carpintería ni en los templos, y retrocede. Y se pone lívido. Y se apena. Y se acobarda.

Y Miguel Antero grita en la mitad del alboroto a la cara del nazareno:

-¿QUÉ? ¿QUÉ QUIERES? ¿QUÉ?

Y el nazareno dice con voz muy baja en la mitad del alboroto -Nada, Miguel. Nada.- Y se vuelve a la cruz con ruidito de mueble.

Y el padre Antero da un trago largo de la botellita glugluglú y exhorta:

-Pues amén, me cago en tus muertos, así arda tu puta madre y la blanca paloma en el infierno. Amén. Gluluglú. Hala, recoge este carnaval de los cojones y vámonos para el convite, Joselito, que hay gambas de esas gordas. Glugluglú.

Y se pone a llorar y el niño José ahora sí que se lo mira acojonado.


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