una novela para el verano


Tanto el prólogo de "Todas las chicas besan con los ojos cerrados" como su dedicatoria y la frase que encabeza el libro advierten sobre su contenido; amor, medias naranjas y treintañeros en pleno síndrome de Peter Pan, lectura de envergadura debido a la insufrible apariencia de un tema que cabe imaginar como  un archivo de quejas absurdas, miedos infantiles e inmadurez desesperada y desesperante, pero quizás el libro esconda algo más. Como demás información superficial tenemos un título que resulta cursi y una preciosa foto de portada, a los que añado foto del autor para completar el combo de primeras impresiones. El muchacho, al menos, no está tan mal.


Cuando, finalmente, se alcanzan la página 17 y el capítulo número 1, sucede lo que uno siempre desea cuando abre un libro. La novela se defiende. Funciona, y mucho. Ligera, divertida y muy bien llevada, garantiza carcajadas y algún que otro nudo en la garganta a todos los lectores. Todo ello gracias a la sinceridad de un autor que ejerce la autocrítica y el antiheroísmo, un autor que reconoce su imbecilidad y que es capaz de narrar sus sentimientos tanto como los de las personas que se cruzan en su vida, convirtiendo este trabajo en toda una revisión del largo camino hacia la madurez emocional, madurez que se deja entrever más allá de sus, generalmente, desafortunadas experiencias.

Y es que "Todas las chicas besan con los ojos cerrados" habla de cómo condenamos las relaciones de pareja al fracaso, de redes sociales que hacen del mundo un lugar demasiado grande como para apostar a un solo número y de cómo madurar puede resultar traumático para quienes han crecido creyendo que merecen tenerlo todo sin hacer nada que suponga alterar los impulsos (principalmente sexuales) de nuestro inmenso ego made in Siglo XXI.

Desde las primeras líneas se disfruta del estilo desenvuelto, simpático y algo excéntrico del autor. A lo largo de toda la novela se harán comparaciones entre el amor y los equipos de la NBA, entre chicas y Michael Jordan. Nos encontraremos ante todo un friki que se compara con Hans Solo y Obi Wan Kenobi sin que le tiemble el pulso, que considera la vida como una Matrix en la que de vez en cuando hacen acto de presencia orcos y otros personajes de la mítica saga de "El Señor de los Anillos" y en la que aparecerán algunas palabrejas de sesgo moderno (ej. monguer) que, milagrosamente, encajan.

Con mucho sentido del humor y algunos párrafos (pocos) en los que cuesta seguir el espectro comparativo de Pardo, el amor y el sexo son diseccionados en profunidad a través de un amplio surtido de situaciones que se suceden con agilidad y que son llevadas hasta sus últimas consecuencias. Sin pelos en la lengua ni miedo al rídiculo, sin dejar Nada por decir, haciendo gala de un agudo sentido del equilibrio humor-seriedad, esta novela consigue evaluar la realidad sin pesadez, convirtiéndose en una especie de cuento filosófico, apto incluso, estoy segura, para aquellos que nunca han leído.

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