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ESPAÑA EN REGIONAL, 3. BARCELONA-PUIGCERDÀ.

Publicado en 24 junio, 2018 por en viajes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tenía muchas ganas de coger este tren. Así que en cuanto puedo cojo el Regional que viene por la costa desde Tortosa y me planto en Barcelona. Tras un inevitable peaje en Sants (donde mear te cuesta un euro, pero de los servicios de pago de las estaciones ya hablaremos otro día), me subo al primer tren que sale hacia Puigcerdà. Va lleno. Lleno de trabajadores y estudiantes de los pueblos del área metropolitana de Barcelona, que no acaba nunca y nos hace parar y parar en estaciones suburbiales. Pero por fin pasamos Vic y el tren empieza a vaciarse. Y llegamos a Ripoll y ya solo quedamos unos pocos en el vagón. Y entonces empieza lo bueno. El paisaje es espectacular. El tren olvida su origen urbano y se vuelve campestre. Y al final de los campos aparecen las grandes montañas, con sus espesos bosques.

 

Pasamos Ribes de Freser y vemos a un lado la estación del cremallera de Nuria. Es obligatorio hacer una parada si uno dispone de tiempo. Subir hasta Nuria en el cremallera merece un capítulo aparte y da igual hacerlo en verano que en invierno, con intención de esquiar o simplemente de pasear por los prados alpinos. No hay excusas. Es un recorrido corto pero te muestra como son realmente los Pirineos. Como cambia la morfología y la composición de las montañas, como, de golpe, las cimas redondeadas y las laderas suaves se vuelven terriblemente afiladas, puntiagudas, endiabladamente verticales. Como de la caliza pasamos al granito. Como de los pinos pasamos a los abetos y de los abetos a los prados casi desnudos. En fin, es una excursión básica para cualquier amante de la montaña (que aún existen, doy fe de ellos). Pero nuestro viaje en el regional continua…

 

Y continua de un modo brutal. Porque hay que ser muy bruto, pero bruto de verdad, para meterse de lleno en la Sierra de Cadí. Otras vías esquivan los obstáculos. Esta línea no. Este tren va de lleno contra la sierra. Y sube y sube y cuando ya no puede subir más, porque ya estamos a 1400 metros, el punto más alto de la red férrea española, se mete en un largo túnel y, después de una breve parada en las pistas de La Molina (¿conocéis algún otro tren de vía ancha que os deje a las mismas puertas de unas pistas de esquí?), empieza otra bajada igual de brutal, porque hay que ser bruto para bajar con esa pendiente, hasta el valle donde espera, vigilante desde su cerro, el viejo pueblo de Puigcerdà.

 

Y mientras el paisaje va cambiando, los espesos bosques no desaparecen, pero dejan sitio a los campos. Ha llovido. Una buena lluvia de verano. Y el tren llega casi vacío a la última parada. Este Regional acaba aquí, en la estación de Puigcerdà, que además de muy bonita ahora es un hotel moderno, acogedor y no muy caro. Me voy a quedar ahí, por supuesto, porque desde mi ventana, además del magnífico paisaje de La Cerdanya, se ve el tren parado y dormido, descansando. Esperando a que mañana por la mañana me vuelva a subir en él para volver, muy a pesar mío, a Barcelona. No tengo tiempo para más. Algunos trenes continúan unos kilómetros hasta Latour de Carol, ya en Francia. Y allí se puede hacer transbordo a un tren francés de vía ancha, o se puede hacer una excursión (tan recomendada como la del cremallera de Nuria), en un tren de vía estrecha que, para simplificar el trabajo a los turistas, han bautizado como “El tren amarillo”. Pero yo tengo que dejar esa excursión para otro momento. Me da mucha pena, claro, pero me monto en el Regional y empezamos a subir hacia La Molina, y el día está claro, con un cielo muy azul por el que se pasean unas nubecillas blancas y algodonosas. Como ayer llovió, el bosque está limpio. Con un verde intenso. Me pongo a hacer fotos. Aún estamos lejos de Barcelona. Lejos de las lentas paradas del extrarradio, lejos de los viajeros con prisa de toda gran ciudad. Los viajeros sin maleta y sin paisaje, porque nada más llegar a las primeras fincas de Barcelona el tren se mete bajo tierra. Después de la noche fresca y tranquila en el hotel-estación de Puigcerdà, el contraste es brutal. Brutal en el otro sentido del termino. Mejor dejar Sants lo más pronto que pueda. Y sí, hay que volver a pagar por mear. Que las grandes ciudades es lo que tienen…

 
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