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“Las campanadas de la torre” (2da. entrega)

NOTA: viene de Post:  http://blogs.culturamas.es/albertodifrancisco/2013/08/19/las-campanadas-de-la-torre-1o-entrega/

 

Las campanadas de la torre

Así me dijo, y quedó en suspenso, mientras sus ojos intentaban captar una imagen en el ambiente del patio en que nos encontrábamos.

“¡Qué mujer esa, vea! Una gran persona, muy buena… pero muy sufrida, pobre. Yo la conocí hace mucho, y había algo en la “Tana” que siempre recordaba de su niñez, y era los repiques de la campana de la torre Sant´Antonio. Decía que a veces, cuando le agarraba la melancolía, podía escuchar cuando tañían la campana y ese sonido cruzaba y llenaba el limpio aire de su pueblito, que estaba entre las montañas. Y era de rememorar las campanadas  y enseguida se veía a sí misma de niña, en su tierra querida, y le venía como la brisa de las montañas, y el olor de las cocinas, y los aromas de las especias que abundaban por la zona. Lo que no recordaba era cuándo había sido la primera vez que había oído aquel sonido tan presente en ella, pero sí sabía que era en Junio, fecha donde se festejaba el patrono del pueblo, que da nombre a la torre… Pero bueno… jaja.. ya sabe, joven, esto era apenas un detalle; como así nosotros tampoco recordamos los detalles de los primeros años de nuestras vidas, no?

Pero a la Tana se le iluminaba la mirada cuando se recordaba correteando con sus amigos y amigas de la infancia, y revivía los juegos inocentes, las pequeñas diabluras que organizaban con sus hermanos  -que eran numerosos, según me dijo-”

Mi amigo cebaba mate en silencio, y yo comulgaba con él, a pesar de que las palabras se me caían ya de la boca por necesidad de preguntarle por un detalle de su relato, que me resultaba por demás llamativo; finalmente opté por dejarla hablar, solo acotando pocas palabras,  para demostrarle mi interés, y para que no perdiese el delicado hilo de la cadena del pensamiento.

-Y sí -dije- la niñez es sin dudas la edad más linda, y nos deja huellas difícil de borrar…

“Claro! … -dijo con énfasis, y me sostuvo la mirada unos segundos- Yo pienso que cuando uno es feliz en esa edad, esas cosas quedan en uno como un paisaje interno; en ella era así, y a ese paisaje interno se asomaba de vez en cuando, y en él parecía recobrar valor para seguir adelante, para recuperar todo lo que había dejado atrás con resignación y dolor.

Era, sí, muy afable, como pocas personas que he conocido. Era bajita de estatura -dijo interrumpiéndome una acotación que apenas si yo iniciaba- pero tenía un semblante firme, tenía unas manos especiales, que eran delicadas, pero rugosas, fuertes… bah, como son los “tanos” (italianos), vea… ¿Y así era su carácter también, eh? Siempre fue digno de admirarse cómo unía la dulzura con la firmeza, como esos lugares de la naturaleza que uno admira porque unen cosas diferentes en armonía. Y mire, joven… si algo me acuerdo yo de ella, de la Yacumina, es que cuando venía casa, o a cualquier casa de amigos que fuera, nunca iba con las manos vacías; por lo general se aparecía con un ramito muy coqueto (que hacía ella misma, eh?) de flores y plantitas aromáticas de la huerta, que, mire.. . ¡daban una aroma que ni le cuento! Con el tiempo, uno ya sabía de su visita antes que llegara, antes que tocara la puerta, porque la anunciaba el perfume de esas aromáticas que traía entre las manos.  Es más, se lo cuento ahora y me parece que sintiera ese perfume de nuevo…

Hablábamos mucho con ella, y siempre de cosas acá del pueblo, cuando esto era otra cosa,  y teníamos monte y médanos por todos los costados, pero era que por algo se tocara el tema de Italia y se le transformaba la mirada, vea… Cerraba los ojos y me contaba que era como si se viera a sí misma con sus botitas marrones, con su vestidito color añil, corriendo por la Vía Roma (una de las calles principales de la comuna) con algunos de sus hermanos o amigos. Y si algo la emocionaba a la “Tana”,  era el recuerdo de su padre… el padre venía todos los días de trabajar en los campos, era un tano fuerte y vigoroso, pero a quien desarmaban los ojos de sus niñas… Contaba siempre el recuerdo de cuando las llevaba los fines de semana a pasear a la “Piazza del Risorgimento”, una plaza chiquita, rodeada de árboles de copa redonda, pero que era todo un mundo, y un mundo de la mano de su padre. Durante la semana, decía que esperaba las 6 campanadas que de la torre se daban , marcando el mediodía, porque era la ora en que su padre volvía a la casa, era la hora de la família, eran los aromas de la comida casera y la calidez del hogar. Es más, nunca me lo dijo, porque en eso la Tana era muy reservada, pero eso del ramito con las aromáticas, le venía del padre, creo… como él trabajaba mucho en los campos, era común que llegara con la ropa impregnada de los aromas de esas especias silvestres que crecen en la zona. Y de algún modo esos aromas los ponía ella en sus ramitos, cuando iba de visita a algún lugar…”

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Continúa en la próxima entrega!

 
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7 de respuestas

  1. […] Continúa en:  http://blogs.culturamas.es/albertodifrancisco/2013/09/15/las-campanadas-de-la-torre-2da-entrega/ […]

    • pablo

      Aaaamigo querido, cuántos recuerdos, sin dudas!…
      Increíblemente me ha transportado hacia atrás en el tiempo eh.
      Gran relato que, por demás está decir espero la continuación.

      Un gran abrazo!!

      • Eh, qué linda sorpresa tenerte por acá! Bueno, vos más que nadie sabe cómo viene esta historia, y me alegra saber que te transporta a esas fechas, y el relato sea fuente de recuerdos. Por supuesto lo seguiré y en breve subiré más.
        Un gran abrazo!

        Alberto Di Francisco

  2. césar

    Hola Alberto!! Gracias por compartir tus cuentos. Lo leímos justamente con mi mamá. Esperamos tus proximas entregas. Sencillamente gracias

    • Hola César! Una alegría tenerte por acá, y más aún que lo hayas leído con tu Mamá y les haya gustado. Espero se “enganchen” con el relato y vuelvan a pasar para ver cómo sigue la historia.
      Un abrazo y gracias!

      Alberto Di Francisco

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